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ENTREVISTA A LUIS DE LA ROSA FERNÁNDEZ. Con motivo de la publicación de A la sombra del sauce.
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ENTREVISTA A LUIS DE LA ROSA FERNÁNDEZ
Con motivo de la publicación de A la sombra del sauce
Luis de la Rosa Fernández es catedrático jubilado de Lengua y Literatura, poeta premiado y autor de una obra que crece con la lentitud de quien tiene muy claro qué quiere decir y cómo. A la sombra del sauce (Ediciones Rilke, 2026) es su octavo poemario: cuarenta y un poemas en métrica clásica que tratan sobre el amor, la naturaleza, el tiempo, la memoria y la responsabilidad ética con una voz que no pide permiso para ser grave.
- El libro empieza con una invitación: “Quédate aquí dormido / a la sombra del sauce, / y que sus tiernas ramas acaricien / con llanto delicado / tu ardoroso latido.” ¿Cuándo supiste que ese era el poema que debía abrir el libro y que ese sauce era el título?
Como con todos los libros de poesía que escribo, pretendo que sea una invitación al lector para que se identifique con mi sentir o con mi pensamiento. Lo importante para mí es poder comunicar algo expresado de una forma bella y, por lo tanto, sin renunciar a las herramientas que me brinda el quehacer poético de tantísimos autores en su afán de fijar con palabras una emoción, una reflexión, un sentimiento o una inquietud, por encima de modas pasajeras que pudieran condicionar la expresión poética. Un libro de poemas no es la narración de una historia sino que es la exteriorización de lo que acaba de enumerarse para que pueda establecerse una especie de comunión sentimental o reflexiva sobre los distintos temas que se aborden. A la sombra del sauce es un poemario que pretende brindar unos momentos de sosiego y reflexión, unos momentos que estén ajenos a las preocupaciones inmediatas del día a día para adentrarse en los grandes temas que siempre han sido motivo poético como son el amor, la naturaleza, el paso del tiempo y sus consecuencias, el recuerdo y la expresión de la necesidad de reacción ante un mundo violento.
El poema con el que se inicia el poemario, Quédate aquí dormido, me ofrecía la posibilidad de expresar esa invitación al lector para que se refugiara en la lectura tranquila de estos versos debajo de un sauce, con la carga simbólica que ello representa: el sauce-llorón, el árbol cuyas ramas recuerdan el caer de las lágrimas, sería el refugio perfecto para cualquier lector que quisiera compartir mi emocionado sentimiento o reflexión.
- Has reducido el poemario de cincuenta y uno a cuarenta y un poemas durante el proceso de edición. ¿Cómo se siente eliminar un poema que uno ha escrito? ¿Qué criterio usaste para decidir cuál sobraba?
He de decir que no suelo escribir poemarios determinados por un solo tema. Lo que hago es escribir poemas, cada uno de ellos en espacios y tiempos diferentes y en consecuencia con motivaciones distintas, y después los reúno en un libro. Es lo que hice en un principio con este poemario, pero la sugerencia que recibí de mi editora fue determinante para que me diera cuenta de que había poemas repetitivos que no aportaban mucha novedad a la expresada en otros. Esto me llevó a hacer una depuración y ordenamiento nuevo cuyo resultado es el que ahora ofrece A la sombra del sauce. Lejos de menospreciar el consejo lo acogí con la humildad del que se sabe no infalible. La soberbia, tan arraigada en los poetas, nunca debe ser un obstáculo para reconocer un buen consejo. El resultado ha sido un poemario que a mí personalmente me gusta mucho más que como estaba antes, y eso gracias a la sugerencia de una persona que me ha demostrado una profesionalidad y un saber poético dignos de mi consideración y de todos aquellos que se acerquen al saber con la humildad necesaria para poder aprender.
- De los cuarenta y un poemas del libro, solo uno —”Ve despacio”— está en verso libre. El resto son sonetos, silvas y series de endecasílabos principalmente. En un panorama donde el verso libre es el idioma mayoritario de la poesía contemporánea, ¿qué te hace confiar en la métrica clásica para decir lo que necesitas decir?
El material con el que se construye la literatura, y más específicamente la poesía, es muy barato: la palabra, y ésta la tenemos a mano, sin necesidad de tener que extraerla de sitios recónditos. Si a esto se une la temeridad con la que muchos se lanzan a un proceso creativo, se explica que haya una pléyade de escritores que no tienen ningún reparo en publicar cualquier cosa, máxime cuando hay editoriales que no filtran la calidad de sus ediciones y sólo están impulsadas por el beneficio económico que esto les reporta. Esta actitud ocasiona que la buena obra, la obra que merezca aprecio, tenga que mostrarse entre una hojarasca inmensa que a veces la sepulta e impide que brille como le corresponde. Y si a esto se une una serie de críticos carentes de criterios de calidad y llevados más por ideologías, intereses o modas pasajeras, nos explicamos el resultado que tenemos: la merma preocupante de lectores, especialmente de poesía.
El objetivo de la poesía es conectar con un lector para que se emocione, o para que reflexione, o para que reaccione ante una situación que se considera injusta o anómala. La poesía ha de ser considerada por lo tanto como una herramienta con la que mover al lector impresionándolo. Esta herramienta debe ser lo más perfecta posible para que cumpla sus objetivos y perfecta significa que tanto el contenido como la forma han de servir para conseguir ese propósito. El poema emite un contenido, algo que podría llamarse “el mensaje”. Éste puede ser más o menos interesante, dependiendo naturalmente de las exigencias del lector, pero este mensaje puede ser mucho más atractivo si lo envolvemos con una forma sugerente que sea capaz de seducir al receptor. Y en este sentido, ¿por qué renunciar a la métrica? Si está bien confeccionada, aprovechando el cúmulo de experiencias de la tradición literaria, puede resultar un procedimiento poderosísimo que sirva para ensalzar el mensaje, que es de lo que se trata. Podríamos decir que no queremos morir y ser olvidados porque aspiramos a tener alguna trascendencia. Esto, dicho sólo así, se queda sencillamente en la expresión de un deseo destinado al olvido, pero si decimos “Quisiera ser la tierra que el duro arado hiere/para que en mí germinen las verdes sementeras” posiblemente causemos mayor impacto en el lector y el mensaje quizás permanezca mejor en la memoria. Y esto se deberá a los recursos poéticos que ahí se han utilizado, entre ellos las metáforas ahí presentes y, cómo no, la medida que se ha considerado para expresarlo todo con versos alejandrinos divididos en hemistiquios regulares que aportan una cadencia rítmica destacada. Todos los recursos literarios que la tradición poética ha demostrado que son eficaces en el proceso comunicativo son aprovechables y en consecuencia, renunciar a ellos porque esté de moda no utilizar algunos de ellos (entre otras razones porque las dificultades que presentan en su aplicación no son superables por una caterva de pseudopoetas) me parece una grandísima estupidez. Dicho esto quiero decir que hay hermosísimos poemas escritos con versificación libre porque la potencia de su mensaje, o de sus metáforas, o de su originalidad es suficiente para transmitir un precioso comunicado, pero el hecho de rechazar el uso de la métrica como principio esencial basado en una supuesta libertad de forma o por considerar este recurso como algo obsoleto es un tremendo error que en poco contribuye a la exaltación poética.
- En “Ámame” repites seis veces “antes de que” antes de llegar al imperativo. Es una construcción que funciona como un reloj que cuenta el tiempo que se agota. ¿Construiste esa escalada de forma consciente o surgió en el proceso de escritura?
En mi caso he de reconocer que hay pocas expresiones inconscientes porque cada palabra, cada verso, cada poema están sobradamente meditados. No quiere esto decir que algunos recursos literarios hayan sido usados en algunas ocasiones de forma rutinaria y consecuentemente inconscientemente, descubiertos después de sucesivas lecturas. Eso nos ocurre a todos, en mayor o menor grado, pero cuando se hace una poesía reflexiva y meditada es normal que los recursos tengan una finalidad. Lo que no se comprende es el uso del recurso por el recurso; no se trata de alardear porque esto sería una pedantería que la rechazo. El recurso literario siempre debiera tener una finalidad: ensalzar el mensaje en la forma o en el contenido. Y todavía más detestable me parece empeñarse en hacer del poema una especie de adivinanza, con lo que anulamos ese chispazo que ha de producirse entre el poeta y el lector, chispazo que actúa como una especie de corriente eléctrica capaz de mover el corazón.
- Escribes un soneto sobre el Alzhéimer: “que las caricias sean terciopelo / para piel arrugada que te ofrece.” Es una de las imágenes más precisas del libro. ¿Por qué el soneto —la forma más cerrada de la tradición— para hablar de una enfermedad que borra las fronteras de la identidad?
Para mí el soneto es una de las formas poéticas más excelsas. Con sus versos endecasílabos cuyo ritmo se acomode a lo que la tradición poética ha demostrado que es la forma más conveniente, basado en la adecuada distribución de las sílabas tónicas, expresados en dos cuartetos de idéntica rima y dos tercetos, es una combinación estrófica repleta de dificultades técnicas que no muchos se atreven a desafiar. Pero salvadas éstas, exige una concentración conceptual que repudia la palabrería y nos exige decir un mensaje escueto y preciso, al tiempo que rico en connotaciones expresivas. Los límites que impone esta estructura cerrada obliga al mismo tiempo a una expresión cargada de sugerencias de tal modo que el mensaje, dentro de sus límites, se convierta en un mensaje hermoso que puede calar en la sensibilidad de cualquier lector.
- El libro tiene cinco secciones —amor, naturaleza, tiempo, memoria, compromiso ético— y cada una tiene su propio epígrafe que funciona como umbral. ¿La arquitectura existía antes de los poemas o la construiste a posteriori, cuando ya tenías los textos escritos?
Como he dicho anteriormente sólo disponía de un conjunto de poemas a los que había que darles encaje en un libro. Fue después, en un proceso de selección y depuración, cuando fui agrupándolos temáticamente. El resultado creo que ha sido bastante aceptable y el hecho de tratar sobre una variedad de temas aporta mayor dinamismo y resta cualquier atisbo de monotonía que pudiera ofrecer un poemario monotemático.
- “No quisiera morir definitivamente. / Sí renacer de nuevo en florida ribera.” Este poema fue finalista en el certamen “El mejor poema del mundo” en 2025, y funciona como el eje filosófico de todo el libro. ¿Escribiste ese poema sabiendo que decía algo que los demás poemas no podían decir?
No. Este poema se creó de forma independiente y de forma ajena a los que lo acompañan en este poemario.
- El libro cierra con “¡Despiértate, alma mía!”, un poema que de repente abandona la meditación íntima y lanza una interpelación directa: “¿No sientes el rugido de la bestia / con alas de metal bañado en sangre?” Es un giro arriesgado. ¿En qué momento decidiste que la elegía personal necesitaba terminar en llamada ética?
Todo hombre, sea poeta o no, es un ser complejo con distintas inquietudes, con distintos sentimientos, con distintos deseos, etc. La mayoría de los poemas de este libro obedecen a la expresión de sentimientos pero este en concreto responde a una inquietud, a una preocupación: la inacción ante la violencia. Se trata de una invitación a dejar la vida cómoda que podamos tener ajena a los múltiples problemas de extorsión y violencia que hay en el mundo y una exhortación a ser participativos en la lucha por la paz. Me pareció que podía ser un hermoso mensaje con el que terminar este poemario y, después del sueño bajo el sauce, un despertar necesario.
- Tu poesía usa un léxico culto y formas clásicas, pero habla de cosas que cualquier lector reconoce: el amor que llega tarde, el miedo a la muerte, el recuerdo de la infancia, el cuidado a quien ya no recuerda. ¿Piensas en tu lector mientras escribes? ¿Quién es?
Por supuesto que pienso en el lector en todo mi proceso creativo. Es verdad que muchas veces nos dejamos llevar sencillamente por una necesidad creativa, pero olvidarnos del receptor sería un error descomunal. Por ejemplo, en el soneto sobre el alzhéimer, estuve pensando no sólo en todas esas personas que han de mantener una carga terrible sino también en una muy buena amiga que ha de soportar este duro quehacer de cuidar a un enfermo de esta naturaleza. Por otro lado no siempre hay una persona concreta en la que se piense durante la elaboración de un poema sino más bien se piensa en todos aquellos que estén en una situación parecida y puedan compartir la experiencia que se expresa.
- “Pero a pesar de todo soy poeta / que en conmover el corazón se obstina.” Con esa afirmación en mente: ¿qué viene después de A la sombra del sauce?
El tiempo lo irá diciendo. No me falta la ilusión para seguir creando y mientras tenga fuerzas lo haré, pero soy consciente de que el tiempo pasa inexorablemente. Como digo en mi poema Sazonado y maduro: “¿Qué devenir me espera?/ Eso me los dirá, impertérrito, el tiempo.”
Gracias por tu tiempo, Luis. Que el libro encuentre a sus lectores.
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Crítica a De la mano de Gloria. Tributo a Gloria Fuertes
De la mano de Gloria. Tributo a Gloria Fuertes
Autor: José Devís
Editorial Poesía eres tú · Primera edición, 2026 · ISBN: 979-13-87806-31-6 · 26 poemas · Ilustraciones de Juan José Lorente
TÍTULO Y AUTOR
José Devís —nombre de publicación de José Francisco Devís Capilla— llega a la poesía por una vía inhabitual en el panorama literario español: no a través de los talleres de escritura creativa ni de la universidad, sino desde la comunicación y el pensamiento filosófico aplicado. Su proyecto de podcast semanal Qué bueno es vivir, publicado cada viernes en Spotify junto a su colaborador Hildo Puchades, lleva más de un año difundiendo buenas noticias y filosofía positiva con el objetivo declarado de «cambiar la mirada». Es en ese contexto donde Devís comienza a escribir poemas al final de cada episodio, adoptando el tono y el estilo de Gloria Fuertes, y donde descubre que tiene voz propia.
De la mano de Gloria. Tributo a Gloria Fuertes es su primer poemario publicado. La mención a «El Diario de Fermín» en una nota a pie de la «Historia de este libro» sugiere una escritura personal previa, pero este libro constituye su debut editorial. La conexión entre vida y obra es aquí indisoluble sin caer en biografismo: Devís escribe sobre la alegría porque practica la alegría; escribe sobre la aceptación estoica porque la ha necesitado; escribe en el estilo de Gloria Fuertes porque Fuertes encarna exactamente lo que él quiere para su vida: «sencillez, ternura e inocencia en las rimas». Esa coherencia entre programa vital y proyecto poético es uno de los rasgos que distinguen este libro de ejercicios formales sin combustión interior.
RESUMEN CONCEPTUAL
De la mano de Gloria articula una filosofía de vida completa a través de 26 poemas organizados sin secciones pero con progresión emocional reconocible. El eje conceptual es el que el propio libro nombra: «cambiar la mirada», pasar de la cultura del miedo a la cultura de la esperanza, del individuo replegado a la comunidad que se sostiene mutuamente. Cada poema es una variación sobre este tema central, anclada en una tradición filosófica concreta —el estoicismo, el amor fati nietzscheano, la interdependencia budista, el eudemonismo aristotélico, la compasión schopenhaueriana— y vehiculada en el verso popular español de clara herencia fuertiana.
El libro no tiene trama en sentido narrativo pero sí ciclo emocional: parte del cuerpo y el vínculo inmediato (el abrazo, la risa, el silencio), avanza hacia la identidad y el propósito (la autenticidad del roble, el amor fati del delfín que surfea), alcanza su clímax filosófico en la alegría como resistencia activa, y cierra con la comunidad como extensión natural del yo transformado. El itinerario completo va del «tengo guardado en mis brazos / un abrazo que sentí» del primer poema al «canta el hombre y cuando canta / siente, huele, saborea / que está de vuelta a su hogar» del último: del individuo que guarda afecto al ser humano que canta junto al mar.
El libro integra además tres capas paratextuales —prólogo, «Historia de este libro» y sección «Retales de filosofía»— que sitúan cada poema en su contexto de origen (el episodio de podcast correspondiente) y convierten el conjunto en un artefacto multimedial que puede leerse como poemario autónomo o como compendio de un proyecto de comunicación más amplio.
ANÁLISIS DE ELEMENTOS POÉTICOS
Arquitectura del poemario
De la mano de Gloria es, estructuralmente, un libro sin divisiones formales pero con arquitectura clara. Los 26 poemas se suceden sin separadores de sección, lo que refuerza la sensación de flujo continuo y de unidad de propósito. Sin embargo, la progresión temática organiza el libro en cinco fases bien diferenciadas: la primera (poemas 1-3) trabaja el cuerpo como punto de partida —el abrazo, la risa, el silencio—; la segunda (4-8) articula la aceptación y el soltar; la tercera (9-14) desarrolla la identidad y el propósito; la cuarta (15-21) formula la alegría como resistencia filosófica; y la quinta (22-26) abre el foco hacia la comunidad y el cosmos.
Los poemas bisagra son especialmente significativos. «Déjate sitio» (5) introduce por primera vez la fábula con personajes animales con nombre propio y funciona como transición entre el registro íntimo-corporal y el pedagógico-filosófico. «La única verdad» (17) es el poema de mayor tensión del libro: irrumpe con su referencia directa a la inmigración y su único lenguaje crudo («al que te importa una mierda / al que te da un poco igual / como parte de ti mismo / es la única verdad») para recordar que el cambio de mirada tiene dimensión política, no solo personal. «Danza, danza» (15) marca el giro desde la filosofía individual hacia la resistencia colectiva: «si el mundo se acaba, danza / planta un árbol y confía».
La decisión estructural más arriesgada es la inclusión de la sección «Retales de filosofía» antes de los poemas. Al conocer el marco filosófico de cada pieza antes de leerla, el lector llega al poema con el andamiaje conceptual ya montado. Esto privilegia la función pedagógica sobre la ambigüedad interpretativa, y define con precisión el público objetivo del libro: aquel que encuentra en el verso una entrada más amable a la filosofía, no el que prefiere navegar la ambigüedad sin orientación previa.
Análisis métrico-formal
La forma dominante en De la mano de Gloria es el verso de arte menor con rima asonante, heredero directo de la tradición del romancero y de la poesía popular española. Devís no aplica el octosílabo con rigor académico —hay versos de siete, nueve o diez sílabas que no se ajustan a la escansión canónica—, pero el ritmo percibido es siempre octosílabo porque la cadencia oral compensa las irregularidades métricas. Esta aproximación intuitiva es funcionalmente exacta para un libro que nació siendo recitado en voz alta: no necesita la precisión del escriba, sino la musicalidad del recitador.
El primer ejemplo textual que ilustra el dominio de la métrica popular es «Ay que risa Basilisa», donde la rima se densifica hasta convertirse en cadena monosilábica: «Ay que risa Basilisa / la vida pasa deprisa / te haces mayor sin pensarlo, y no avisa. / Te la has de tomar a risa. / Aunque estés triste y cansado / ten a mano una sonrisa / desenfúndala sin prisa / y ante el dolor, aunque duela, improvisa. / La vida es como una brisa». La proliferación de rimas en -isa —nueve en diez versos— replica sonoramente el concepto del poema: la risa como respuesta inevitable, acumulada, que vuelve y vuelve. La forma es el contenido.
El segundo ejemplo de intensidad lírica aparece en «Trueno y tormenta», donde el verso se acorta y se fragmenta para replicar el silencio que describe: «Cae una gota / sólo está el viento / Nadie lo escucha, quién lo diría / es el silencio». Los versos de dos o tres sílabas producen una pausa física en la lectura que encarna el silencio antes de nombrarlo. La paradoja —«el sonido trueno y tormenta / que es el silencio»— llega después de que el lector ya lo ha experimentado en el cuerpo.
El tercer ejemplo de innovación formal es la fábula versificada con personajes animales humanizados, que Devís construye como forma propia. En «Ámate a tu manera», Serafín el delfín, Julio el junco y el algarrobo Manolo protagonizan un argumento filosófico que se despliega en estrofas irregulares de cuatro versos: «Serafín el delfín / no pelea / contra las olas no puede / y surfea». La brevedad estrófica y los nombres propios con rima interna (Serafín/delfín, Julio/junco) convierten la fábula filosófica en cuña mnemotécnica: el lector recuerda al delfín que surfea mucho antes de recordar el concepto de amor fati.
Estilo y lenguaje
El rasgo estilístico más reconocible de Devís es la oscilación deliberada entre registro culto y registro coloquial. En el mismo libro conviven el petricor («Huele como el petricor / de nuestra tierra mojada / piedra y sangre de los dioses») y el pato que «se caga por el camino»; la impermanencia budista («la vida es impermanente / no hay pasado ni futuro») y el «si quieres, me quieres» de la autoestima formulada con sencillez de parvulario. Esta dualidad no es inconsistencia: es la estrategia central de un comunicador que quiere que la filosofía suene a conversación y que la conversación tenga profundidad filosófica.
El tono predominante es pedagógico-afectivo, pero jamás condescendiente. Devís no instruye: muestra. La abuela que dice «Sé bueno», la gallina que aconseja al pollo, el abuelo que cocina mientras habla —todos ellos vehiculan la filosofía sin que el autor tenga que ocupar el lugar del maestro. Esta distribución de la voz entre personajes es la marca estilística que hace al libro más próximo al narrador oral que al poeta de gabinete.
El campo semántico dominante es natural-afectivo: árboles (roble, pino, algarrobo, alcornoque, olivo, álamo), animales con nombre propio (Serafín el delfín, Sento el viento, Rollo el pollo, Bartolomé el Guardabosques), y términos afectivos de contacto físico (abrazo, caricia, manos, ramas). Este vocabulario forma un ecosistema simbólico coherente que el lector reconoce como territorio propio del libro: cualquier poema que incluya un árbol pertenece al universo de Devís antes incluso de que aparezca el argumento.
Universo simbólico
Los territorios líricos del poemario son tres: el cuerpo del otro como espacio de vínculo, la naturaleza como escuela y espejo, y la comunidad como extensión del yo. El cuerpo aparece casi exclusivamente a través del abrazo: guardado, ofrecido, rechazado, recibido. La naturaleza es el espacio donde los animales y los árboles enseñan lo que los humanos han olvidado. La comunidad irrumpe en el poema 17 con la referencia a la patera y se despliega hasta el cierre coral del poema 26.
Los símbolos recurrentes son el roble (autenticidad, identidad estable), el abrazo (vínculo, protección, comunidad), la mirada (actitud ante la realidad), la sonrisa (resistencia, alegría consciente) y el color (estado de ánimo elegido). Todos ellos son símbolos unívocos —el roble no significa otra cosa que ser lo que se es— lo que es coherente con la función pedagógica del libro: la claridad simbólica facilita la interiorización del mensaje.
INTERPRETACIÓN Y JUICIO CRÍTICO
Interpretación fundamentada
La tesis poética de Devís es que la realidad tiene el color que nosotros le damos, y que esa elección no es ingenuidad sino acto filosófico consciente. «De tu mirada depende / el color que tenga el día» no es consuelo vacío: es la condensación del estoicismo en un dístico. El libro entero es la demostración, poema a poema, de que esa tesis se sostiene en la práctica: cada pieza toma un estado de ánimo negativo (miedo, resistencia, dolor, soledad) y lo transforma mediante la reencuadración filosófica, sin negar que el estado negativo existe.
La coherencia interna es sólida. Cada decisión formal responde al concepto central: el verso popular es accesible como la filosofía que quiere comunicar; la fábula con animales desplaza el ego del autor y hace la enseñanza menos amenazante; la claridad simbólica facilita la identificación inmediata. No hay tensión entre forma y contenido: ambos apuntan al mismo destinatario y al mismo objetivo.
Evaluación técnica
La originalidad de De la mano de Gloria en el panorama poético español actual reside en su cruce de mercados: toma la forma de la poesía popular española más reconocible, la llena de filosofía occidental y oriental sin nombrarla, y la publica como libro físico de un proyecto de podcast. Ese triángulo —forma popular / densidad filosófica / origen digital— no tiene precedentes directos en la poesía española reciente. No es la poesía confesional y vulnerable de las redes sociales, no es la experimentación formal de la academia, no es la autoayuda rimada sin sustancia. Es las tres cosas a la vez, sin serlo ninguna completamente.
El dominio formal se evidencia no en la corrección académica del metro sino en la funcionalidad oral del ritmo. Devís no escansiona, recita; y en ese recitar domina con precisión la cadencia que mantiene al oyente —o al lector— en el texto sin perderle en irregularidades. El poema «Vuelvo a casa» demuestra este dominio en su gestión del paralelismo anafórico: «Digo bosque, digo árbol / digo océano y su playa / digo río, digo mar / digo llanura y montaña». Cuatro versos, cuatro pares de referentes naturales, ritmo acumulativo que construye el espacio antes de que aparezca el sujeto que lo habita.
El impacto emocional es inmediato y no requiere trabajo previo del lector: los poemas producen reconocimiento antes que extrañamiento. Eso los hace especialmente eficaces para el lector que llega por primera vez a la poesía, y define con claridad el perfil del público al que hablan.
Fortalezas técnicas y apuestas arriesgadas
Fortaleza 1: La fábula versificada con personajes animales humanizados. Devís ha construido una forma poética propia que no es el apólogo clásico ni la fábula de La Fontaine ni el bestiario surrealista: es la fábula filosófica contemporánea con personajes de nombre propio y psicología interior. Pablo el roble, Serafín el delfín, Sento el viento tienen más vida interior en cuatro versos que muchos hablantes líricos en libros enteros. Esta forma permite que la filosofía circule sin que el autor aparezca como portavoz: la sabiduría viene siempre del personaje, nunca del poeta que adoctrina.
Fortaleza 2: La densidad filosófica invisible. Ningún lector necesita saber que «Sale el sol» convoca el estoicismo, que «Ámate a tu manera» encarna el amor fati nietzscheano o que «La única verdad» condensa la interdependencia budista (pratītyasamutpāda) para disfrutar los poemas. La filosofía está encarnada en las imágenes, no citada en el texto. Eso es exactamente la diferencia entre poesía y ensayo versificado. «Lola, la ola lo sabe / que cada ola es el mar» es una de las formulaciones más eficaces de la interdependencia budista que existe en la poesía española, y el lector que nunca ha oído hablar de Nāgārjuna la comprende sin dificultad.
Fortaleza 3: La autoironía como antídoto contra el sentimentalismo. En un libro que abraza la ternura sin pudor, el humor descarnado funciona como regulador. «El roble sólo es el roble. / El pino sólo es el pino. / Y el pato que sólo es pato / se caga por el camino» produce risa antes de producir reflexión, y esa risa limpia el espacio para que el mensaje filosófico aterrice sin resistencia. La autoironía de «Si quieres, me quieres» («Tengo cinco dedos / y no tengo siete / una nariz sólo / y sólo un ojete») evita que el libro suene a sermón de autoayuda.
Apuesta arriesgada 1: La claridad simbólica frente a la ambigüedad. En un panorama poético que valora la ambigüedad como indicador de sofisticación, De la mano de Gloria apuesta por la claridad unívoca de sus símbolos: el roble es siempre la identidad auténtica, el abrazo es siempre el vínculo, el color es siempre el estado de ánimo elegido. Esta decisión es coherente con el proyecto comunicativo del libro —enseñar filosofía positiva en verso accesible— y atraerá especialmente a lectores que prefieren la función sobre el ornamento, la utilidad emocional sobre el puzzle interpretativo. El lector que busca densidad semántica y polisemia encontrará aquí una poesía que privilegia la eficacia sobre la complejidad, lo cual es una apuesta legítima y valiente en el contexto literario actual.
Apuesta arriesgada 2: El paratexto filosófico anterior a los poemas. La sección «Retales de filosofía», que explica el concepto filosófico de cada poema antes de que el lector lo lea, podría percibirse como una explicación que anticipa lo que el poema debería descubrir solo. En realidad, esta decisión define con precisión el tipo de lector para quien fue escrito el libro: alguien que llega desde el podcast, que ya conoce los episodios y que agradece el andamiaje conceptual como puerta de entrada. Para ese lector, la sección no explica: contextualiza y profundiza. El libro no niega la ambigüedad; simplemente la gestiona en favor de la función pedagógica que es su razón de ser.
TÉCNICAS INNOVADORAS PARA EL LECTOR CONTEMPORÁNEO
De la mano de Gloria es, en su estructura más profunda, un libro sobre cómo sobrevivir a la sobreinformación negativa. El podcast Qué bueno es vivir nació como respuesta directa a lo que Devís llama «las malas noticias que colonizan los medios de comunicación» como «exponente de la manipulación desde el miedo». El libro es el artefacto físico de esa respuesta, y su relevancia en 2026 es imposible de separar del contexto mediático en el que aparece: saturación informativa, polarización, fatiga emocional crónica, ansiedad como estado basal de las sociedades digitales.
La actualización de formas tradicionales con contenido contemporáneo es la operación técnica central del libro. El octosílabo y la fábula con animales pertenecen al siglo XIII; el shinrin-yoku japonés, la neurociencia del abrazo, el petricor como término científico incorporado al verso, la mención del lindihop como baile en un poema: todo ello cohabita con la métrica popular sin fricción. Esta convivencia es posible porque la voz que los sostiene es siempre la misma —coloquial, directa, cálida— y porque el lector contemporáneo ha normalizado el acceso simultáneo a tradiciones culturales de orígenes muy distintos.
El libro conecta con una experiencia generacional muy específica: la de los adultos de mediana edad que crecieron con el programa infantil Un globo, dos globos, tres globos y que conocen a Gloria Fuertes como parte de su identidad cultural afectiva. Para esa generación, este libro activa un reconocimiento que va más allá de lo literario: es la voz de la infancia aplicada a los problemas del adulto. Esa operación de traslación temporal —usar la forma de la poesía para niños para hablar de estoicismo y amor fati— es genuinamente innovadora en el panorama editorial español.
El posicionamiento respecto a los circuitos de difusión es también singular: el libro no ha nacido del taller literario ni de la academia, sino del podcast. Sus primeros lectores son los oyentes de Qué bueno es vivir, que ya conocen los poemas en versión oral. El libro no crea su audiencia: la recoge y la materializa en objeto físico. Esa inversión del proceso editorial habitual —primero la comunidad de oyentes, después el libro— es el modelo de edición del siglo XXI aplicado a la poesía.
CONTEXTO HISTÓRICO Y CULTURAL
Contexto generacional
Devís pertenece a la generación que vivió la infancia en la transición española y la madurez en la España del bienestar y su posterior crisis. Su poesía no documenta directamente esos eventos, pero los presupone: la apuesta por la filosofía positiva como respuesta a la cultura del miedo tiene más peso en una generación que ha atravesado crisis económicas, pandemia, polarización política y sobreinformación que en cualquier otra. El libro es, entre otras cosas, un documento de cómo una generación de adultos contemporáneos busca herramientas filosóficas para vivir con dignidad emocional en un mundo que parece diseñado para la ansiedad.
La dedicatoria del libro —«A Reme Margalef, a quien no llegué a tiempo de conocer y que, sin yo saberlo, me envió a Gloria Fuertes para que sus hijos volvieran a escucharla»— ancla el libro en la experiencia concreta de la pérdida y el legado. El poemario no habla de la muerte pero nace de ella: la muerte de Gloria Fuertes hace 25 años, la muerte de Reme Margalef a quien llegó demasiado tarde. La filosofía positiva no es aquí evasión de la pérdida sino respuesta consciente a ella.
Contexto poético actual
El poemario se sitúa en un cruce de tres corrientes del panorama poético español actual. Comparte con la poesía de redes sociales la accesibilidad, la brevedad efectiva y la orientación hacia un público amplio no académico; pero se distingue de ella por la densidad filosófica y la ausencia de confesionalismo del yo vulnerable. Comparte con la poesía de oralidad y escenario —la tradición del poetry slam, la poesía cantada— la musicalidad para la voz y la construcción del poema como experiencia auditiva; pero se distingue por la austeridad formal y la ausencia de espectacularidad escénica. Comparte con la poesía de reflexión ética y social —corriente presente en autores como Jorge Riechmann o Joan Margarit en sus vertientes respectivas— la voluntad de pensar el mundo desde el verso; pero su tono es afirmativo donde los otros son elegíacos.
Esta posición en el cruce es el origen de su singularidad y de su potencial de alcance: De la mano de Gloria no pertenece a ninguna escuela ni circuito literario establecido, lo que le permite llegar a lectores que cada una de esas escuelas excluye.
COMPARACIÓN CON POETAS DEL SIGLO XX
Gloria Fuertes (1917-1998)
La comparación es el fundamento declarado del libro, por lo que requiere análisis preciso y no deferencia genérica. Fuertes desarrolló entre los años 50 y 90 una poesía que combinaba la tradición popular española —octosílabo, rima asonante, vocabulario cotidiano— con una ironía social aguda, un surrealismo ocasionalmente perturbador y una voz radicalmente autobiográfica. Poemas como «Autobiografía» o «Donde habita el olvido» combinan la sencillez formal con la angustia existencial de manera que la ternura y el dolor son inseparables.
Devís hereda de Fuertes el aparato formal (metro, rima, fábula, nombres propios con humor) y la orientación hacia el lector no académico. La diferencia clave es que Fuertes escribía desde la precariedad y la marginalidad —fue poetisa invisibilizada durante décadas, vivió con escasez material— y esa experiencia daba a su ternura un fondo de amargura que la hacía más compleja. Devís escribe desde la elección: ha elegido la sencillez y la ternura como programa de vida, lo que produce una poesía más luminosa pero también menos tensa. Donde Fuertes escribía «No cojas la cuchara con la mano izquierda» con la ironía de quien sabe que el mundo no funciona como quisiera, Devís escribe «Danza, danza la esperanza» con la convicción de quien ha decidido que puede.
Gabriel Celaya (1911-1991) y la poesía social
Celaya representó en los años 50 la poesía como herramienta de transformación social: «La poesía es un arma cargada de futuro» es la formulación más conocida de ese programa. Comparte con Devís la convicción de que la poesía debe llegar a todos, que el hermetismo es una forma de exclusión y que la eficacia comunicativa es un valor, no un déficit literario. La diferencia es radical en el registro ideológico: donde Celaya formulaba la transformación desde la resistencia colectiva frente a la dictadura, Devís la formula desde la transformación interior individual como condición de la transformación colectiva. La dimensión política de Celaya es estructural; la de Devís es ética y relacional. Ambos, sin embargo, rechazan la poesía como ejercicio de élite y la proponen como bien común.
Gloria Fuertes versus Blas de Otero (1916-1979)
Blas de Otero representa en la poesía española de posguerra la agonía existencial vertida en formas clásicas rigurosas —el soneto, la décima— como contención del dolor. Su uso del soneto no busca la perfección académica sino la tensión entre la forma que contiene y el dolor que desborda. Devís hereda de esa tradición la conciencia de que la forma no es decoración sino argumento, pero invierte el signo emocional: donde Otero usaba el soneto para contener la angustia, Devís usa el octosílabo popular para propagar la alegría. En ambos casos, la forma es elección filosófica antes que técnica.
Ángel González (1925-2008)
González desarrolló una poesía de la lucidez irónica que observaba el mundo cotidiano con distancia crítica y humor amargo. Comparte con Devís el uso del lenguaje coloquial como herramienta poética deliberada y la conciencia de que lo cotidiano —los patos, las abuelas, los pucheros— puede ser material poético de primer orden. La diferencia es el signo emocional: González escribía desde el desencanto con ironía, Devís escribe desde la convicción con humor. Ambos usan el humor como regulador emocional, pero González lo emplea para mantener la distancia crítica y Devís para facilitar la identificación.
COMPARACIÓN CON POESÍA CONTEMPORÁNEA
Marwan (Marco Antonio Velilla, n. 1979)
Marwan es el referente contemporáneo español más claro de la poesía oral con función emocional directa y público masivo. Comparte con Devís la orientación hacia el lector que no habría llegado a la poesía por otra vía, la musicalidad para la voz en directo y el tono afirmativo-emocional. La diferencia es el registro temático: Marwan trabaja el amor romántico y el desgarro íntimo, mientras Devís trabaja la filosofía positiva y la comunidad. Son dos respuestas distintas a la misma necesidad del lector contemporáneo: la poesía como acompañamiento emocional en un mundo que desborda. Devís aporta densidad filosófica que Marwan no necesita: sus poemas son más filosóficamente exigentes aunque no lo parezcan.
Elvira Sastre (n. 1992)
Sastre representa la corriente de poesía emocional accesible publicada por grandes sellos con audiencia millennial masiva. Comparte con Devís la accesibilidad radical, la ausencia de hermetismo y la voluntad de llegar al lector corriente. La diferencia es de generación y de posición emocional: Sastre escribe desde la vulnerabilidad y la exposición del yo, mientras Devís escribe desde la pedagogía afectiva y la alegría. El libro de Devís no sangra ni se expone; propone y acompaña. En un panorama saturado de poemarios de la herida y el yo quebrado, esa diferencia es una ventaja diferencial clara.
OPINIÓN PERSONAL FUNDAMENTADA
Valoración global
De la mano de Gloria es un libro que hace exactamente lo que dice que va a hacer, y lo hace bien. Eso es más raro de lo que parece. En poesía, los proyectos declarados suelen defraudar en la ejecución: la filosofía que prometía encarnarse termina siendo enumerada; la ternura que prometía ser contenida termina siendo derramada; la sencillez que prometía ser estratégica termina siendo pobreza formal. Devís evita cada una de esas trampas. Sus poemas son filosóficamente densos sin serlo visiblemente; son tiernos sin ser sentimentales; son sencillos sin ser pobres.
Lo que más me convence en este libro es la coherencia entre proyecto vital y proyecto poético. Devís no escribe sobre la alegría: escribe desde ella, y esa diferencia se percibe en cada verso. El libro no enseña a ser feliz; muestra cómo se ve el mundo cuando uno ha decidido mirar de otra manera. Y esa diferencia —entre el manual y el testimonio— es lo que convierte un proyecto de comunicación en poesía.
Recomendación segmentada
Para lectores habituales de poesía, De la mano de Gloria ofrece el ejercicio poco frecuente de rastrear cómo la filosofía clásica —estoicismo, budismo, amor fati— puede encarnarse en el verso popular sin volverse didáctica. La densidad filosófica invisible bajo la forma más sencilla de la tradición española es una apuesta técnica que merece análisis.
Para lectores que descubren la poesía, este libro es posiblemente el mejor punto de entrada disponible en el catálogo español actual: accesible desde el primer verso, musical para la voz, con personajes memorables y mensajes que permanecen. No intimida y no condescende.
Para oyentes del podcast Qué bueno es vivir, el libro es la materialización física de algo que ya conocían en formato sonoro, con la profundidad adicional que permite la lectura en silencio y la posibilidad de volver a los versos.
Para estudiantes de literatura o de comunicación, De la mano de Gloria ofrece un caso de estudio singular: el libro como artefacto de un ecosistema multimedia, la poesía como cierre de un episodio de podcast, la forma popular como vehículo de filosofía contemporánea. No hay muchos libros que ilustren tan claramente el funcionamiento de los nuevos modelos de creación y difusión cultural.
CONCLUSIÓN
De la mano de Gloria. Tributo a Gloria Fuertes llega al panorama poético español de 2026 ocupando un espacio que nadie había definido todavía: la poesía de filosofía positiva escrita con rigor de la tradición popular y honestidad de comunicador. No es un libro de autoayuda con rima, aunque podría leerse así. No es un ejercicio de pastiche fuertiano, aunque podría parecer así. No es poesía de redes sociales, aunque podría circular en ellas. Es las tres cosas a la vez, sin serlo completamente ninguna, y esa posición de cruce es al mismo tiempo su apuesta más arriesgada y su logro más singular.
José Devís se incorpora al catálogo de Editorial Poesía eres tú como un autor de perfil completamente distinto al poeta de taller o al universitario que ha leído todo: llega desde la comunicación, desde el podcast, desde la convicción de que la filosofía positiva necesita también el verso. Su primer poemario demuestra que tenía razón.
«El roble sólo es el roble. / El pino sólo es el pino»: la sentencia más sencilla del libro es también su mejor definición. Un libro que sabe exactamente lo que es y no necesita ser otra cosa para funcionar.
Crítica realizada por Ana María Olivares.
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La receta más antigua del mundo RECETA PARA SER BUENO
La receta más antigua del mundo
RECETA PARA SER BUENO
“Sé bueno”, dice la abuela
mientras remueve el puchero
“pero que nadie te vea”
y a escondidas va y le añade
un poquito de romero.
“Que no es para que te quieran
sino para irles mostrando
que ahora y aquí ya está el cielo”.
Y un poquito más de apio
le va poniendo el abuelo
“Que el otro no es el otro”, me dice
“es parte del mismo cuerpo
que una mano cure a otra
¿crees que tiene algún mérito?”.
Ponle un poquito de sal
a la vida y al puchero
que se puede ser de todo menos soso.
Te lo ruego.
José Devís
De la mano de Gloria. Tributo a Gloria Fuertes · Editorial Poesía eres tú, 2026
Hay poemas que no necesitan pedirte permiso para entrar en ti. Este es uno de ellos. Devís construye aquí algo que parecería imposible: una lección de filosofía moral transmitida por una abuela que remueve un puchero, y sin embargo funciona, y sin embargo duele de verdad, y sin embargo queda grabada como si ya la hubieras oído de niño en alguna cocina que ahora no recuerdas bien pero que huele a algo que sí reconoces.
La primera palabra que pronuncia el poema es “sé”, y no es casual. No es “intenta ser” ni “aspira a ser”: es un imperativo limpio, sin adorno, como lo son las verdades que no necesitan justificarse. La abuela no explica la bondad, la condimenta. El romero va a escondidas, en pequeñas dosis, igual que la virtud más auténtica: la que se ejerce cuando nadie mira, la que no lleva nombre visible cosido en la solapa. Devís ha comprendido algo que los tratados de ética tardan cientos de páginas en decir: que lo bueno que se hace para ser visto ya no es exactamente bueno, que la bondad tiene que ser un poco secreta para ser de verdad.
Y entonces, cuando el lector está aún calibrando el peso de ese verso —«pero que nadie te vea»— entra el abuelo. Y con él entra la filosofía más densa del poemario, disfrazada de conversación junto al fuego. «Que el otro no es el otro / es parte del mismo cuerpo»: eso es la interdependencia budista, eso es la compasión de Schopenhauer, eso es el contrato social de Rousseau reducido a una imagen de dos manos que se cuidan. Y el poema tiene la elegancia de preguntar, sin esperar respuesta, «¿crees que tiene algún mérito?», porque curar una mano propia no es altruismo sino sentido. No hay heroísmo en cuidar lo que también forma parte de ti.
La estructura del poema imita la del puchero. Cada estrofa añade un ingrediente, cada voz agrega su capa, y el texto va espesando igual que hierve un cocido a fuego lento. La abuela pone el romero. El abuelo pone el apio. El poeta pone la sal y el remate final, ese «Te lo ruego» que irrumpe en el último verso como una grieta en la pared lisa, un momento en que el tono cálido y didáctico se quiebra súbitamente y deja ver al hombre que está detrás del verso, que no está enseñando sino pidiendo, que no dirige sino suplica. Ese «Te lo ruego» es el corazón del poema, el único lugar donde Devís deja de hablar desde la ternura pedagógica y habla desde la urgencia. Y esa urgencia lo cambia todo: convierte una fábula amable en un acto de necesidad.
Formalmente, el poema juega con el octosílabo popular como quien juega con una pelota muy vieja y muy conocida, sabiendo exactamente qué rebote dará en cada superficie. No todos los versos son octosílabos canónicos, pero todos suenan como si lo fueran, porque la cadencia oral los sostiene como el caldo sostiene las verduras: desde abajo, sin que se noten los huesos. La rima asonante en -ero enhebra las estrofas con hilo casi invisible: puchero, romero, cielo, abuelo, cuerpo, mérito, puchero de nuevo. Es una rima que vuelve, como vuelven los olores de la infancia, de manera que a la tercera vez que aparece el -ero el lector ya está en casa aunque no sepa exactamente cuándo llegó.
Y hay algo más. El poema termina con sal. Literalmente: «Ponle un poquito de sal / a la vida y al puchero / que se puede ser de todo menos soso». La sal en la cocina no es el ingrediente principal pero es el que revela todos los demás, el que sin estar visible hace que todo lo demás exista con plenitud. Devís propone aquí que la bondad no es ausencia de carácter sino lo contrario: que se puede ser bueno y tener criterio, bueno y tener humor, bueno y no ser insípido. Es quizás el consejo más subversivo del libro, el que más necesita este tiempo que confunde la amabilidad con la blandura, que olvida que la ternura puede ser feroz y la sal puede doler en la herida antes de curarla.
Hay cocinas que ya no existen. Hay abuelas que ya no están. Hay pucheros que nadie recordará haber visto. Pero hay verdades que tienen la consistencia del caldo a fuego lento: siguen ahí, siguen calientes, siguen sabiendo a algo que no tiene nombre exacto pero que reconoces en cuanto lo pruebas.
Ana María Olivares
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