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Mi adiós a Mar Limia de José Luis Pérez Fuentes
Mi adiós a Mar Limia
Al cuenco de alabastro de tu oído
se vierte el manantial de mis palabras
cada viernes.
Después, Mar, el silencio,
la soledad, tu ausencia, la esperanza…
¿La esperanza? ¿Esperanza con mis años?
Vana ilusión frustrada.
Un viernes llegarás
y me habré ido
para siempre a otro mundo o a la nada.
Bañados por la luz de tu memoria,
quedarán mi recuerdo y mis palabras:
«Siempre serás la hija que no tuve.
Siempre seré aquel padre que tú ansiabas».
José Luis Pérez Fuentes
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Lo que queda cuando las palabras ya no tienen destinatario
La primera imagen del poema no es una persona ni un sentimiento: es un cuenco de alabastro. Esa elección —”Al cuenco de alabastro de tu oído”— concentra todo lo que el poema hará después. El alabastro es blanco, frío al tacto, frágil si se presiona demasiado. Es también translúcido: deja pasar la luz pero no la revela del todo. En ese oído que recibe como un recipiente precioso, Pérez Fuentes instala desde el primer verso la distancia entre el que habla y la que escucha. No es un abrazo. Es una ofrenda.
El poema tiene una arquitectura temporal muy precisa. Hay un tiempo que se repite —”cada viernes”— y hay un viernes futuro que lo cancela todo. Entre los dos, el poeta instala una pregunta que se responde a sí misma con brutalidad: “¿La esperanza? ¿Esperanza con mis años? / Vana ilusión frustrada.” La repetición de la palabra “esperanza” en versos consecutivos no es redundancia: es el movimiento de alguien que se aferra a algo y, en el acto de nombrarlo por segunda vez, ya sabe que es demasiado tarde.
El corte de verso en “Un viernes llegarás / y me habré ido” es la decisión técnica más reveladora del poema. El encabalgamiento separa el momento de la llegada de ella del momento de la partida de él, pero los pone en la misma frase. Esa llegada y esa ausencia no son consecutivas: suceden juntas, en el mismo verso largo, como si el poeta estuviera describiendo una fotografía que todavía no existe pero cuya imagen ya conoce.
Lo más arriesgado del poema llega al final, con los dos versos en estilo directo: “Siempre serás la hija que no tuve. / Siempre seré aquel padre que tú ansiabas.” El paralelismo es casi simétrico, pero no del todo: el primero habla de lo que el poeta no tuvo; el segundo, de lo que ella buscaba. No son lo mismo. Uno es una carencia; el otro, un deseo. Y sin embargo, el poema los une bajo el mismo peso de “siempre”, la única palabra que aparece dos veces seguidas al final y que convierte lo imposible en permanente.
Lo que Pérez Fuentes construye aquí no es un poema sobre la muerte, aunque la muerte esté en él. Es un poema sobre el tipo de amor que no tiene nombre en ningún registro civil, y que sin embargo deja una herencia: el recuerdo y las palabras que, según el propio poema, quedarán “bañados por la luz de tu memoria”. Esa luz no es la del poeta. Es la de Mar. El poema, al final, le pertenece a ella.
Ana María Olivares
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Presentación del libro «Parajes Impares» de Mia Reig
El próximo 14 de mayo, a las 19:00 h, tendrá lugar la presentación del poemario Parajes Impares, obra de la autora Mia Reig, en un acto que se celebrará en la UNED · Escola FPA Jaume I, ubicada en la Plaça Escoles Pies. Una cita imprescindible para los amantes de la poesía y de la palabra como vehículo de exploración íntima y sensorial.
El acto contará con la participación de Toni Pérez, pedagogo, y Antonio Sevilla, inspector de Educación emérito, quienes acompañarán a la autora en una conversación que promete ahondar en las claves literarias y vitales que recorren cada uno de los versos del libro.
Un homenaje a la complejidad de la experiencia humana
Parajes Impares nace de una mirada serena y profunda sobre lo asimétrico, lo imprevisto, aquello que escapa a la geometría perfecta de lo cotidiano. Tal y como recoge la propia autora en uno de los pasajes que ilustran la esencia del poemario:
«En un món on l’ordre i la simetria poden semblar atractius, la vida ens presenta itineraris asimètrics; ens topem amb paratges inesperats. Així, este poemari és un homenatge a la complexitat de la riquesa de l’experiència humana i de la memòria subjectiva i sensorial.»
Con esta declaración de intenciones, Mia Reig invita al lector a recorrer territorios poéticos donde la memoria, la sensorialidad y la subjetividad dibujan paisajes únicos. Lejos del orden establecido, sus versos celebran las rutas torcidas, los caminos imprevistos y la belleza de lo irregular como verdadera huella de la existencia.
Detalles del evento
- Fecha: 14 de mayo
- Hora: 19:00 h
- Lugar: UNED · Escola FPA Jaume I (Plaça Escoles Pies)
- Presentan el acto: Toni Pérez (pedagogo) y Antonio Sevilla (Inspección d’Educació emèrit)
- Edita: Grupo Editorial Pérez-Ayala · Poesía eres tú
Desde Poesía eres tú y Grupo Editorial Pérez-Ayala animamos a todos los lectores, escritores y amantes de la literatura a sumarse a esta velada poética. Un encuentro pensado para descubrir, de la mano de su autora, los parajes impares que componen este nuevo y sugerente libro.
¡Os esperamos!
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Margarita Gil Roësset: la artista que la Generación del 27 olvidó durante noventa años
Hay nombres que la historia literaria dejó caer sin hacer ruido. Nombres de mujer, casi siempre. Margarita Gil Roësset —Marga, para quienes la conocieron— fue escultora, ilustradora, poeta y una de las inteligencias más singulares de su generación. Murió el 28 de julio de 1932, en Las Rozas de Madrid, con veinticuatro años. Antes de morir destruyó casi toda su obra. La Generación del 27 siguió su curso sin detenerse demasiado en ella.
Noventa años después, la poeta Mia Reig le dedicó el poema central de su primer libro, Parajes Impares, publicado en Editorial Poesía eres tú. «Marga no llegó al libro sola», explica Reig en su entrevista en esta revista. «Su figura vino motivada por la profunda impresión que me causó su historia cuando, en el contexto de la educación de personas adultas, coordinaba unas tertulias literarias centradas en las mujeres olvidadas del 27.» Este artículo es también esa misma deuda: la de recordar a quien merece ser recordada.
Una niña que ya era artista
Margarita Gil Roësset nació el 3 de marzo de 1908 en Madrid, hija de Julián Gil Clemente, general de ingenieros, y de Margot Roësset Mosquera, de origen franco-gallego y gran cultura. Nació enferma, y la intensidad con que su madre la mantuvo viva se transformó con el tiempo en una relación de protección tan estrecha que rozaba el control absoluto. Esa atmósfera familiar —claustrofóbica y a la vez fértil en estímulos artísticos— explica en parte la urgencia creativa que caracterizó toda su corta vida.
A los siete años dibujaba y escribía con una habilidad que sorprendía a los adultos. En 1920, con doce años, ilustró El niño de oro, cuento escrito por su hermana Consuelo: las ilustraciones revelaban ya un dominio del trazo poco común en alguien de su edad. Siguieron Rose des Bois (1923) y Canciones de niños (1932), libros en los que el dibujo de Marga combinaba el modernismo y el simbolismo con líneas cada vez más volumétricas y expresivas, anticipando una vanguardia que en España todavía estaba encontrando su forma.
La escultora que nadie le enseñó a ser
A los quince años, Marga tomó una decisión radical: abandonó la ilustración y se entregó por completo a la escultura. Su madre buscó orientación en el escultor Victorio Macho, que rechazó ser su maestro no por falta de talento en la joven, sino exactamente por lo contrario: veía en Marga una genialidad tan propia que cualquier influencia directa podría dañarla. Marga aprendió sola.
Ese autodidactismo radical se convirtió en su marca de estilo. Sus esculturas —trabajadas en materiales tan exigentes como el granito— no remitían a ninguna escuela reconocible. Eran de una originalidad sin precedentes. En 1930 y en 1932 fue admitida en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, logro notable para una mujer joven y sin formación académica en la España de la época. Entre sus obras más celebradas figuró el busto de Zenobia Camprubí, esposa de Juan Ramón Jiménez, que Marga esculpió mientras ambas mantenían largas conversaciones sobre arte y literatura. Fue en esas sesiones donde el poeta entró en su vida.
El amor que lo destruyó todo
En 1932, Marga conoció a Juan Ramón Jiménez en un recital de ópera. Lo que ocurrió después pertenece a esa zona de la historia donde el amor y la destrucción son difícilmente separables. Marga se enamoró de un hombre casado y consagrado, que la trató con la mezcla de admiración intelectual y distancia emocional que suele ser más devastadora que el rechazo abierto. Juan Ramón veía en ella a una artista excepcional; Marga veía en él algo que el arte solo no podía darle.
La mañana del 28 de julio de 1932, Marga fue a su estudio y destruyó casi todo lo que había creado. Después se acercó a la casa de Juan Ramón, dejó sobre su mesa un diario con poemas, ilustraciones y confesiones, y se disparó un tiro en la cabeza. Tenía veinticuatro años. Las páginas que dejó contenían, entre otras cosas, esta certeza: «me parece que tendré que morirme triste… sin beso… ni corazón… ni voz de plata…»
El diario que la rescató del silencio
Juan Ramón Jiménez guardó el diario durante décadas. No lo publicó, pero tampoco lo destruyó, como si supiera que aquellas páginas tenían una vida propia que él no podía cancelar. En 1997, el periódico ABC publicó algunos fragmentos del cuaderno y el nombre de Marga volvió a circular, aunque todavía de forma fragmentaria y sobre todo con el foco puesto en su amor imposible antes que en su obra.
Fue en 2015 cuando el diario completo fue publicado en el marco de un proyecto editorial diseñado para honrar su memoria tal como Juan Ramón había concebido. Con esa publicación, y con la posterior recuperación de algunos de sus trabajos por parte del Círculo de Bellas Artes de Madrid desde 2001, empezó a tomar forma el retrato real de Marga: no solo la mujer enamorada que se destruyó, sino la artista prodigiosa que en apenas una década había producido una obra de una modernidad y una fuerza difíciles de clasificar.
Las Sinsombrero y el olvido como sistema
El caso de Marga no fue una excepción. Fue una norma. Las mujeres de la Generación del 27 —Concha Méndez, Ernestina de Champourcin, María Zambrano, Rosa Chacel, entre otras— compartieron el mismo destino de invisibilidad sistemática mientras sus contemporáneos masculinos eran elevados a la categoría de canon literario. El proyecto Las Sinsombrero, impulsado a partir de 2015 por Tània Balló, Serrana Torres y Manuel Jiménez Núñez, documentó ese olvido y lo convirtió en una conversación pública que todavía no ha terminado.
Lo que hace singular el caso de Marga dentro de ese grupo es que el olvido fue doble: el olvido histórico que compartió con todas las demás, y el olvido material que ella misma se infligió al destruir su trabajo. Recuperarla exige, por tanto, un esfuerzo doble: el de la investigación histórica y el de la imaginación, porque buena parte de lo que pudo haber sido su obra ya no existe.
La voz que la poesía le devuelve
Hay una forma de justicia que no pasa por los archivos ni por las instituciones, sino por la escritura. Cuando Mia Reig cerró Parajes Impares con un poema dedicado a Margarita Gil Roësset —otorgándole la última sección del libro, el espacio de mayor peso simbólico—, estaba haciendo exactamente eso: devolver presencia a quien la historia había borrado. «Marga me llevó a un paraje fresco, íntimo y silencioso en el que amé acompañarla», cuenta Reig. «El resultado fue un precioso ramillete de palabras convertido en poema solo para ella, con el fin de recuperar su memoria.»
Así funciona la poesía cuando funciona de verdad: no como monumento, sino como encuentro. Marga Gil Roësset murió el 28 de julio de 1932 con veinticuatro años y sin saber que noventa años después una pedagoga jubilada en Valencia abriría un libro en una tertulia literaria, leería su nombre y decidiría que merecía un poema. Que merecía, sobre todo, no ser olvidada otra vez.
Lee la entrevista completa a Mia Reig sobre Parajes Impares y el poema dedicado a Margarita Gil Roësset: «La poesía es un espacio donde caben los sueños, las denuncias, las terapias del alma».
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