Farsantes

Los luchadores por la libertad de Ucrania o Venezuela se transmutan en terroristas o antisistemas en cuanto actúan en Euskadi o en Valladolid. Los periódicos supuestamente progresistas (dizque, «El País») chorrean de placer porque el paro ha bajado en dos mil personas, mientras ellos precarizan más a su plantilla. Suponemos, por aquí, que cuando todos nos hayamos convertidos en esclavos la cifra del paro será igual a cero y don Mariano Rajoy Brey podrá decirnos, con su habitual soberbia, que él y sólo él nos ha sacado de la crisis. 
Y luego el farsante, el engañabobos y el malvado tergiversador sin escrúpulos es Jordi Évole. Ya. 

Henry Miller "Una pesadilla con aire acondicionado"

«Esta frenética actividad que nos tiene a todos agarrados, ricos y pobres, débiles y poderosos, ¿a dónde nos está llevando? Hay dos cosas en la vida que yo creo que todos los hombres ansían y muy pocos consiguen (pues ambas pertenecen al ámbito de lo espiritual) y son la salud y la libertad. El farmacéutico, el médico, el cirujano son incapaces de proporcionar salud; el dinero, el poder, la seguridad, la autoridad, no dan libertad. La educación nunca proporcionará sabiduría, ni las iglesias religión, ni la seguridad paz»

Henry Miller «Una pesadilla con aire acondicionado»

A Félix, en su cumpleaños

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

En los pueblos de Castilla se solía llamar tío a la persona mayor, no necesariamente familia, a quien se acudía en busca de consejo y sabiduría. Por eso, que nos firmaras tus libros como «el tío Félix» me pareció siempre un acierto. Porque si algo buscábamos en ti M. y yo era eso: consejo, sabiduría.

Pero también alegría. La que te sobraba en los últimos tiempos, cuando todavía no sabías que te morías y estabas escribiendo un libro que ahora yo tengo sobre la mesa sin saber muy bien qué hacer con él, por dónde comenzar a trabajar con él ni cuándo. Porque lo que debía de haber sido motivo de alegría para todos, se convirtió hace unos días en la última obra. Y me gustaría que ese libro, casi testamentario, que da fe de muchas de tus últimas obsesiones (¡y de la memoria, siempre la memoria!), se convirtiera en un bonito homenaje.

Hoy habrías cumplido 77 años. Te quedaste a la orilla. Dos días antes de que sonara el teléfono y Paca me contara lo que llevaba días esperando oír, escribí unos folios que ahora no puedo reproducir aquí: así de patéticos eran. Así de tanto anhelábamos que no se confirmara lo que, por fuerza de la naturaleza, había de confirmarse.

No sé. Me va a costar mucho reunir fuerzas y palabras para llegar algún día a expresar todo lo que te debemos, los empujones hacia adelante que nos diste, las manos amigas que nos tendiste, los buenos ratos que hemos pasado en tu casa y en la nuestra y que ahora me parece increíble que no vayan a volver a repetirse. Porque me parece increíble, Félix: saber que algún día llegaré a Alenza, saludaré a Paca con dos besos y al fondo del pasillo forrado de libros, sentado en el sillón, no estarás tú. Saber que ya no habrá más Cortázar, más Onetti, más Hector Rojas, más Abelardo, más Luis Rosales o más Maravall contigo.

Pero vale. No quiero convertir este recuerdo público en un llanto sin sentido. Te has ido. Y lo has hecho en silencio y con dignidad, tal y como querías. A nosotros nos quedan, si todo va bien, muchos años por delante para extrañarte. Lo acepto. No me gusta, pero lo acepto. Nos duele, pero lo aceptamos. Aunque ahora sea especialmente triste no tenerte al lado como ejemplo, bien sabes por qué.

En fin, felicidades, tío Félix. Aquí tienes a dos que no te olvidarán nunca. Volveremos a tus libros, a las fotos, a los recuerdos de las conversaciones porque, como bien nos enseñaste, la memoria y el ejemplo honrado de quienes nos precedieron son el mejor sostén que podemos tener. Y si algo fuiste tú siempre fue eso: un buen ejemplo; de honradez, de alegría y de humanismo; también de solidaridad y valentía.

Felicidades, Félix. Enciende una velita por nosotros, para seguir guiándonos. Y esta vez, perdóname la sintaxis. Con el dolor hay días que uno no puede ni con el boli…

Lo de Blesa y el Fiscal y otros cuentos navideños

Va atravesando uno como puede las empalagosas fiestas navideñas, tratando de no morir de cólico o alguna otra enfermedad propia de tan entrañables y anacrónicas fiestas, cuando se le ocurre abrir un periódico y leer que según el Fiscal Superior de Madrid Manuel Moix los correos del exbanquero Blesa, aquellos que escribió no desde su cuenta de Gmail sino desde la terminada en cajamadrid.es, son nulos, no valen para nada, es como si no existieran, oiga.
Y uno se pregunta si esos correos que demuestran que Caja Madrid era el cortijo del PP no demostrarána también (y a posteriori) que la Justicia, y en concreto la Fiscalía, es otro cortijo del PP, quizás más grande y, seguramente, más horrendo. Pues ocurre, de un tiempo a esta parte, que la Fiscalía parece empeñada en hacer las veces de abogado defensor, sobre todo, cuando el acusado se llama Cristina de Borbón, pero también cuando porta apellidos más plebeyos como González y Blesa. Que con fiscales así, no sólo dan ganas de delinquir, sino hasta de ahorrarse el abogado después.
Son, claro, las mismas añagazas de unos años atrás con la doctrina Naseiro o la doctrina Botín (curiosamente, todas las sentencias pro reo llevan apellido de magnate mangante) que sirvieron para librar de la cárcel y el escarnio público a Zaplana y al todopoderoso banquero. El primero, dicho sea de paso, no sólo se libró, sino que acabó dirigiendo un Ministerio. Que para eso, como Blesa, era amigo de Aznar, el incorruptible, el mismo que, además de nombrar Ministro al señor de «yo estoy en política para forrarme» también nombró a Jaume Matas, entre otros.
Y luego sube la luz y uno escucha que dos Expresidentes están en los consejos de empresas energética y eléctricas y que también lo está Solbes y lo estuvo De Guindos y que Montor (el del dedo acusador) se ganaba la vida aconsejando cómo ahorrar impuestos a esas mismas empresas y, claro, dan ganas de coger una escopeta y liarse a tiros o, más pacíficamente, apagar la luz, encender una vela y comenzar a leer o a rezar.
Feliz Navidad. 

Pero…

«Yo apoyo la huelga de basuras», dicen, «pero…» y pongan ustedes lo que quieran en los puntos suspensivos, porque lo que sigue al «pero», más que una matización es una negación en toda regla de la primera parte de la frase. 
Y lo mismo ocurre cuando hay huelga en el metro (que todos la apoyan, pero…), o en Sanidad o en cualquier otra cosa. Somos progresistas, claro, cómo no, pero queremos que se respeten también nuestros derechos. Sobre todo, nuestros derechos como consumidores, que esos los tenemos muy bien aprendido. 
Y como hasta los autoproclamados progresistas piensan así, el gobierno ha tomado nota y está dando ya los primeros pasos para regular (es decir, controlar) el derecho a huelga. Y la progresía aplaudirá, claro, porque todos apoyamos las huelgas, pero…
Esperemos, ahora en serio, que alguien quede con el juicio sano en el Tribunal Constitucional y les recuerde a los señores legisladores que en los derechos hay una jerarquía y que mientras el de huelga es fundamental, el derecho a ir a trabajar en Metro o a ver las calles limpias ni siquiera existe, a no ser como contrato usuario/empresa. En todo caso, un régimen muy inferior.
Aunque esperar algo de juicio según anda el país, quizás sea mucho esperar.

Todas las vidas transcurren en mí

En al mente detenida no existe un lugar del que no firme parte y sea: las cumbres, las piedras, la arena. También soy las orillas. Soy todas esas cosas y todas ellas son yo. La observación, lo observado y quien observa. Lo percibido y el percibir. Sentir el olor del mar y ser el propio olor; escuchar el sonido de las hojas y ser el sonido. No hay tiempo detrás o delante en el que no me halle de alguna forma. En cada espacio he podido nacer y morir. Soy un pequeñísimo trozo del universo sin el que no podría existir el Todo. […] No hay distancia entre el yo y lo otro. Todas las vidas transcurren en mí.

El niño que bebió agua de brújula
Julio Alcaraz Mas
Ed. Calambur