Henry Miller "Una pesadilla con aire acondicionado"
«Esta frenética actividad que nos tiene a todos agarrados, ricos y pobres, débiles y poderosos, ¿a dónde nos está llevando? Hay dos cosas en la vida que yo creo que todos los hombres ansían y muy pocos consiguen (pues ambas pertenecen al ámbito de lo espiritual) y son la salud y la libertad. El farmacéutico, el médico, el cirujano son incapaces de proporcionar salud; el dinero, el poder, la seguridad, la autoridad, no dan libertad. La educación nunca proporcionará sabiduría, ni las iglesias religión, ni la seguridad paz»
Henry Miller «Una pesadilla con aire acondicionado»
A Félix, en su cumpleaños
En los pueblos de Castilla se solía llamar tío a la persona mayor, no necesariamente familia, a quien se acudía en busca de consejo y sabiduría. Por eso, que nos firmaras tus libros como «el tío Félix» me pareció siempre un acierto. Porque si algo buscábamos en ti M. y yo era eso: consejo, sabiduría.
Pero también alegría. La que te sobraba en los últimos tiempos, cuando todavía no sabías que te morías y estabas escribiendo un libro que ahora yo tengo sobre la mesa sin saber muy bien qué hacer con él, por dónde comenzar a trabajar con él ni cuándo. Porque lo que debía de haber sido motivo de alegría para todos, se convirtió hace unos días en la última obra. Y me gustaría que ese libro, casi testamentario, que da fe de muchas de tus últimas obsesiones (¡y de la memoria, siempre la memoria!), se convirtiera en un bonito homenaje.
Hoy habrías cumplido 77 años. Te quedaste a la orilla. Dos días antes de que sonara el teléfono y Paca me contara lo que llevaba días esperando oír, escribí unos folios que ahora no puedo reproducir aquí: así de patéticos eran. Así de tanto anhelábamos que no se confirmara lo que, por fuerza de la naturaleza, había de confirmarse.
No sé. Me va a costar mucho reunir fuerzas y palabras para llegar algún día a expresar todo lo que te debemos, los empujones hacia adelante que nos diste, las manos amigas que nos tendiste, los buenos ratos que hemos pasado en tu casa y en la nuestra y que ahora me parece increíble que no vayan a volver a repetirse. Porque me parece increíble, Félix: saber que algún día llegaré a Alenza, saludaré a Paca con dos besos y al fondo del pasillo forrado de libros, sentado en el sillón, no estarás tú. Saber que ya no habrá más Cortázar, más Onetti, más Hector Rojas, más Abelardo, más Luis Rosales o más Maravall contigo.
Pero vale. No quiero convertir este recuerdo público en un llanto sin sentido. Te has ido. Y lo has hecho en silencio y con dignidad, tal y como querías. A nosotros nos quedan, si todo va bien, muchos años por delante para extrañarte. Lo acepto. No me gusta, pero lo acepto. Nos duele, pero lo aceptamos. Aunque ahora sea especialmente triste no tenerte al lado como ejemplo, bien sabes por qué.
En fin, felicidades, tío Félix. Aquí tienes a dos que no te olvidarán nunca. Volveremos a tus libros, a las fotos, a los recuerdos de las conversaciones porque, como bien nos enseñaste, la memoria y el ejemplo honrado de quienes nos precedieron son el mejor sostén que podemos tener. Y si algo fuiste tú siempre fue eso: un buen ejemplo; de honradez, de alegría y de humanismo; también de solidaridad y valentía.
Felicidades, Félix. Enciende una velita por nosotros, para seguir guiándonos. Y esta vez, perdóname la sintaxis. Con el dolor hay días que uno no puede ni con el boli…
Lo de Blesa y el Fiscal y otros cuentos navideños
Pero…
Todas las vidas transcurren en mí
En al mente detenida no existe un lugar del que no firme parte y sea: las cumbres, las piedras, la arena. También soy las orillas. Soy todas esas cosas y todas ellas son yo. La observación, lo observado y quien observa. Lo percibido y el percibir. Sentir el olor del mar y ser el propio olor; escuchar el sonido de las hojas y ser el sonido. No hay tiempo detrás o delante en el que no me halle de alguna forma. En cada espacio he podido nacer y morir. Soy un pequeñísimo trozo del universo sin el que no podría existir el Todo. […] No hay distancia entre el yo y lo otro. Todas las vidas transcurren en mí.
El niño que bebió agua de brújula
Julio Alcaraz Mas
Ed. Calambur