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Entrevista a Miguel Torres Morales con motivo de la publicación de “Así habló Arquipoeta”
ENTREVISTA A MIGUEL TORRES MORALES
Con motivo de la publicación de “Así habló Arquipoeta”
- Miguel, en el prólogo presentas estos textos como un rescate editorial de un poeta colonial peruano olvidado, el Arquipoeta. Sabemos que es una ficción magistral. ¿En qué momento decidiste que tu voz poética no hablaría directamente sino a través de este personaje del siglo XVIII? ¿Qué te permitía hacer el Arquipoeta que Miguel Torres Morales no podía hacer solo?
Antes de comenzar quiero agradecer por el interés que ha despertado el Arquipoeta, patente en la curiosidad y las múltiples preguntas que genera.
Cuando era joven, me refiero al año 1995, percibí algo como una fuerte resistencia a mis versos, pero yo nunca los consideré inaceptables. Por eso generé una serie de heterónimos reunidos en el volumen Historia del olvido, publicado recientemente en 2022. La voz más vigorosa de aquel ciclo resultó el Arquipoeta, a quien le adscribí una biografía más o menos plausible y un entorno colonial. El primer paso de Arquipoeta fue La Herida de la Rosa, publicada como fascículo fotocopiable entre mis amigos y conocidos en Bonn (1995). Como esta obra recibió mayor aceptación y asombro que los poemas que yo firmaba con mi nombre, se me ocurrió proseguir con la creación de esta voz, cuya segunda salida fue Carta de Navegación. Constaté que el desconcierto que generaban sus versos no me era achacado, y como surgieron preguntas sobre el autor, decidí no revelar mi autoría, sino proseguir con este juego de ventriloquia, del que surtieron Concierto de Bitácora, El Regreso del Góngora Grulla y el Arte de Olvidarte. Estas obras formaban parte de un corpus básico que desde entonces sólo ha sido objeto de retoques.
La crítica literaria peruana, que comienza seriamente con un ensayo de Mariátegui, sostiene que la peruanidad de la poesía apenas empieza a anunciarse con Melgar. Como yo no compartía y no comparto esa opinión, el Arquipoeta era para mí una forma de rebelarme contra el canon del establishment, y en cierta medida, en su imagen yo reproducía la insufrible situación de ser ignorado.
- El poemario exige al lector contemporáneo una entrega considerable: métrica clásica rigurosa, sintaxis latinizante, vocabulario arcaizante, referencias eruditas al Siglo de Oro. En una época donde la poesía busca masivamente la accesibilidad inmediata —versos cortos para Instagram, lenguaje coloquial— tú propones exactamente lo contrario. ¿Es esta dificultad deliberada una forma de resistencia? ¿Qué crees que pierde la poesía cuando se vuelve demasiado fácil?
Cuando era joven, yo era impetuoso y de juicios muy rápidos. Como el rechazo es aleccionador, y como desde entonces he podido conocer a muchos poetas y a muchas poetisas, yo he aprendido a apreciar en todos ellos la virtud de la palabra y el espíritu de la creatividad. Hoy creo que con o sin Instagram, los jóvenes poetas deben encontrar su propia voz, hallar su camino, discutir con Rilke o con T.S. Eliot, y sobre todo, aprender. En la poesía hispanoamericana tenemos tantas esfinges de quienes aprender, con quienes medirnos, que la tarea es casi titánica, pues en español tenemos voces que representan desafíos y que expresándose alcanzan lo inexpresable, los secretos del idioma y del lenguaje. Y es que con o sin facilismo, el poema debe contener una belleza intrínseca e inalienable; la poesía puede contener un mensaje interpretable, pero la emoción que ella trasmite siempre es algo íntimo e inexpresable. Fáciles son los versos de Lope de Vega o de Neruda, pero para mí es difícil explicar la fascinación que su verbo genera en los lectores. Difícil es Góngora, pero quien acepta el reto y consulta los manuales de Dámaso Alonso o de José María Micó, verá que el tesoro del lenguaje es su alto contenido en esplendor. Podríamos escribir un poema banal sobre el desayuno, pero lo que queda y nos impresiona sostenidamente es lo que lograra trascender al desayuno individual.
- El Arquipoeta es mestizo arequipeño, perseguido por la Inquisición, comprometido con Túpac Amaru. Construyes un poeta colonial que nunca existió pero que quizá debió existir. ¿Hasta qué punto este proyecto de falsificación histórica es también un acto político de rescate de voces realmente silenciadas por el colonialismo español?
En el capítulo 9 de su Poética Aristóteles distingue entre poesía e historia y afirma que la poesía trata de lo que pudo haber pasado (1451a). Yo no quiero pretender haber sido muy avisado en mi juventud, pero tengo muy bien documentada mi desconfianza hacia la historiografía nacional y hacia las farsas fundacionales de la Independencia. En el centro de Lima tenemos la Plaza San Martín, y la veneración de San Martín me pareció siempre muy exagerada y dudosa, aun reconociendo su talento militar. San Martín y Bolívar contribuyeron significativamente al debilitamiento del Imperio Español y a la exposición de sus antiguas colonias, en nombre de una supuesta libertad que sólo liberalizó la intervención y el abuso. Hay una escuela actual de historiadores que certifican que la debacle de España significó el fin del equilibrio mundial, encumbrando a un muy honorable Imperio que se permitió crímenes y latrocinios sin nombre, sin conciencia y sin pizca de arrepentimiento. Como Túpac Amaru y como muchos personajes de Arequipa, el Arquipoeta buscaba que la Ley de España no sólo se acatara, sino también se cumpliera. Por eso lo imagino blanco del rechazo de toda la clase criolla, enemiga abierta del proyecto reivindicador de Túpac Amaru, quien sólo reclamaba sus derechos como súbdito del Rey de España.
- “La herida de la rosa” funciona como símbolo central: tocar la belleza implica herirse, ser bello implica ser herido. Esta dialéctica del dolor y la belleza atraviesa todo el poemario. ¿Crees que la poesía auténtica es necesariamente dolorosa? ¿Desconfías de la alegría en la literatura, o simplemente el Arquipoeta es un personaje trágico por naturaleza?
Antes de responder quisiera citar una estrofa de un soneto de mi Arte infinitivo de olvidar:
“Si a mí no me tocaba la belleza
por más que la buscaba empecinado,
potro fugaz, vaivén desesperado,
sólo podrá alegrarme la simpleza.“
La belleza en sí es un misterio deseado. Lo saben Fedro y Lisias, lo sabe el Arcipreste de Hita en sus versos placenteros, lo sabe Shakespeare en su primer soneto. Pero no siempre va la virtud con la belleza superficial porque el sujeto bello se sabe codiciado y asediado, aun siendo incapaz de trascender intelecto ni belleza, como la rosa que es arrancada. El problema del contemplador enamorado es la ilusoria idealización y el intento de poseer la belleza cuando esta es inocente porque toda posesión genera envidia en el entorno y malogra la belleza, al final la marchita. Lo doloroso es la separación y el fin considerado fin absoluto. La alegría y la felicidad son como liebres que huyen del cazador y que nunca le tendrán confianza. Por experiencia sé que la felicidad es más simple, es más tranquila. El problema del Arquipoeta es una suerte de Sturm und Drang, pues no sabe estarse quieto ni callar, siempre tiene que hacer o decir algo, como si pudiera forzar al destino o a la felicidad.
- El poemario combina tres registros que podrían parecer incompatibles: fervor erótico casi obsceno, misticismo de raíz neoplatónica y denuncia política furiosa contra virreyes e inquisidores. ¿Cómo conseguiste que estas tres voces —el amante, el místico, el revolucionario— no se destrozaran mutuamente sino que se reforzaran?
Ocurre que el Arquipoeta evoluciona, se hace adulto. Primero pretende como estudiante mestizo a Natalia Blanca (Galatea) y embiste y arremete, formulando y sumando requiebros y promesas, pero como la relación no tiene futuro y la madre de ella lo desprecia, el Arquipoeta debe aprender a resignarse con decencia, y por eso su retirada es casi mística, lo lleva al desierto y a los laberintos de la teología, pues asume que su error consiste en haberse excedido en su veneración por Natalia, para no aceptar que simplemente fue víctima del racismo clasista. Entonces, incapaz de tener una respuesta total, el Arquipoeta se aboca a lo inmediato, a la realidad social, que le parece hipócrita y generadora de injusticias.
- Borges, Pessoa con sus heterónimos, Nabokov con sus falsificaciones académicas… Te sitúas en una tradición literaria muy específica. Pero añades algo que ellos no hicieron: construyes un poeta que no es contemporáneo tuyo sino de hace dos siglos. ¿Qué te interesaba de esa distancia temporal? ¿Es más fácil o más difícil inventar un poeta del pasado que uno del presente?
Definitivamente es un propósito más complejo. Creo que mi motivación inicial se remonta a mi tío-abuelo, eximio coplista cuyos versos nunca fueron publicados y se perdieron. Por otro lado, si uno viaja en el tiempo a través de fotografías e imágenes, llega un momento en el que no puede seguir atrás, y en ese momento yo me preguntaba cómo habrían sido las épocas antiguas, cómo habría sido el paraje de Barranco, las ciudades de Lima o Arequipa hace doscientos o trescientos años. Además, conociendo la historia de la literatura, me inquietaba pensar que en el Perú no pasaba nada mientras en Europa florecía el Siglo de las Luces y en Alemania los jóvenes Schiller y Goethe impresionaban con sus obras. Por eso se me dio por el Siglo XVIII, pero como los estudios lexicográficos eran agotadores, decidí tomar un atajo, idear un poemario y endilgarle el léxico de la época para hacerlo parecer auténtico, pero como el producto era indigerible, opté por fijar algunas cuestiones que hubieran interesado al Arquipoeta, y en torno a ellas fue generándose un discurso cuya mística despotricaba de Fausto y resultaría opuesta a la egolatría del super-hombre, que no es otra cosa que un Fausto desatado. Quien bien lo mira, verá en el Arquipoeta la antítesis del super-hombre y de la ley del más fuerte.
- Hay lectores que podrían preguntarse: ¿por qué no escribir simplemente un poemario propio en primera persona en lugar de este elaborado juego de espejos? Si alguien te acusara de esconderte detrás del Arquipoeta, de no atreverte a hablar con tu propia voz, ¿qué responderías?
Menciono algunos títulos donde no me escondo: Tu Sombra y la Lira, La Maravilla de la Vida, Fuga de Amor, Tratado contra la Guerra, Arte de Renacer, El Libro de Mal de Amor. Ocurre que los poemarios del Arquipoeta forman un todo compacto, tienen un tono consecuente, claro que puede variar en la ejecución y romper con las estructuras encorsetadoras de su época, pero el Arquipoeta no sería nada libre si usara octavas reales, se le falsearía el discurso. Por otro lado, el Arquipoeta, como yo, no tuvo pelos en la lengua y se hizo de muchos enemigos. Si éstos vinieran a por él, entonces allí estaría yo, el escriba, y también les diría que mis espaldas son anchas.
- En “Carta de navegación” escribes: “Como nauegantes, nuestro es el tiempo y son nuestros los tinteros. Nuestra la mar y nuestro el horizonte”. El poeta como navegante, como alguien marginal al comercio y la sociedad, aparece constantemente. ¿Crees que esa es la condición inevitable del poeta hoy: marginalidad, soledad, incomprensión? ¿O estás proyectando en el siglo XVIII una situación que es específicamente contemporánea?
La marginalidad, la soledad, la incomprensión, tal es el nombre de las musas de Ovidio, de Dante, de Cervantes, de Góngora, de Martín Adán o de Luis Cernuda. En el acto creativo hay mucho de soledad, mucho de exilio, más de lo que el lector podría imaginar. Y es que si el poeta es un espíritu sensible y percibe la podredumbre, la corrupción, la mentira y la injusticia en que vive sumergida la vida pública, o busca la disolución o la muerte – o trata de superar su existencia cómplice a través de la creación.
- Dijiste en el título de esta conversación que querías hablar sobre cómo tu obra contribuye a hacer la poesía más accesible al público general. Pero sinceramente, Miguel, este libro parece diseñado para hacer exactamente lo contrario: para alejar al lector común, para exigir erudición, cultura, paciencia. ¿Me equivoco? ¿O hay una forma de accesibilidad que no pasa por la facilidad sino por la intensidad de la experiencia que ofreces?
Este poema consta de cuatro partes y un aparato adicional, y cada parte puede ser leída independientemente de la otra. Yo no trato de iluminar ni de ilustrar porque no creo que la luz que pueda haber en alguna frase sea mía del todo o solo mía. El lector es el que descubre las verdades, es él quien debe realizar los hallazgos. Si comienza leyendo desde la última página, no me disgustará. Y no creo exigir erudición ni diccionarios. Siguiendo mi intuición alejada de lemas y fundamentalismos, creo que los lectores de España y del Perú podrán descubrir a través de estas páginas que ambos pueblos tuvieron un destino común, compartieron saberes, transplantaron flora y fauna de un lado al otro y construyeron un legado cultural envidiable, enorme y riquísimo.
- Última pregunta. El Arquipoeta profetiza constantemente: profetiza su muerte, profetiza el futuro del Perú, profetiza la permanencia de la rosa más allá del tiempo. Si tú pudieras profetizar ahora, en 2025, ¿qué futuro ves para la poesía en lengua española? ¿Sobrevivirá como forma de conocimiento complejo o terminará disuelta en píldoras emocionales de consumo rápido? ¿Qué esperas que los lectores del siglo XXII digan de “Así habló Arquipoeta” si alguien lo lee entonces?
¿Qué espero yo? Que escriban “Benigno y Natalia” en un corazón, que las plegarias y oraciones expresen gratitud por el amor, y que la furia y la indignación nunca desemboquen en guerra fratricida. España y el Perú son países tan hermosos y su gente es tan auténtica y generosa, que siempre habrá algo que cantar, siempre habrá algo bello. Por eso me gustaría ver ahora que en el futuro conservaremos la innata disposición por detenernos ante lo bello. Tal vez la filosofía descubra la potencia semántica de la palabra poética, tal vez se redescubra a Góngora y a Quevedo. Si en cien años el género humano ha comprendido que la poesía es una sola y que hablar de respeto es una cosa y aplicar la ley del más fuerte otra, entonces nos encaminaremos a una superación espiritual sin muros ni fronteras, donde todos los seres vayan de la mano, fascinados por la insondable belleza del mundo visible y estupefactos por el misterio de este universo del que nada sabemos.
Para finalizar, reitero lo dicho: Gracias por las preguntas tan arquipoéticas y por todo el despliegue que vuestro equipo realiza por amor a la poesía.
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ENTREVISTA A MANUEL LOZANO FIGUEROA Con motivo de la publicación de “De lo visceral a la piel”
ENTREVISTA A MANUEL LOZANO FIGUEROA
Con motivo de la publicación de “De lo visceral a la piel”
- Manuel, en el prólogo de “De lo visceral a la piel” afirmas tajantemente: “no me llames poeta, no me definas de tal manera”. Esta es una declaración poco habitual en alguien que acaba de publicar un poemario. ¿Por qué rechazas ese título? ¿Es humildad genuina, provocación o hay una reflexión más profunda sobre lo que significa escribir poesía hoy?
No renuncio al término por modestia ni por estrategia.
Renuncio porque los nombres conllevan responsabilidad.
La poesía no es una etiqueta, es un oficio exigente, y yo soy consciente de mis límites.
Llamarme poeta sería una afirmación que aún no puedo sostener con verdad.
Decir quién y qué somos, sin impostura, es una forma de respeto hacia la poesía.
- El título del libro anuncia un tránsito: de lo visceral a la piel. ¿Podrías explicar qué significa ese recorrido para ti? ¿Es un programa poético, una declaración de intenciones sobre cómo deben nacer y manifestarse los versos?
Ese recorrido es algo natural en todo ser humano; el sentimiento no nace al ser proclamado. Somos una especie de vaso, una vez lleno, si intentamos acumular, cada gota rebozará filtrando nuestros tejidos hasta llegar a nuestra piel. Los sentimientos no son parte de un programa. Tampoco es la declaración a la que aludes, simplemente es la forma en la que entiendo cómo compartir aquello que no puedo retener dentro de mí.
- Una de las características más llamativas del libro es que no separas la poesía amorosa de la poesía de denuncia social. Pasamos de “Nuestra bachata”, donde describes con franqueza el acto sexual, a “Prohibido vivir”, un desgarrador testimonio sobre la crisis migratoria. ¿Fue una decisión consciente no dividir el libro en secciones? ¿Qué buscabas al mantener esa continuidad?
En el índice, entre “Nuestra bachata” y “Prohibido vivir” hay veintiún poemas, no obstante, dentro del libro conviven sin fronteras. Yo preguntaría: ¿cuántos sentimientos atraviesan a una persona en un solo día? Muchos, y a menudo contradictorios. El ser humano es plural, cosmopolita incluso en su intimidad. Separarlos habría sido ir contra esa naturaleza.
- Hablemos de “Prohibido vivir”, el poema que cierra el libro. Es un texto durísimo sobre los migrantes que mueren en el Mediterráneo: “Soñó donde nadie sueña” y “el cayuco lloró, con amargo y negro llanto”. ¿Crees que la poesía tiene todavía capacidad de cambiar conciencias o al menos de sacudir la indiferencia ante estas tragedias?
Vivo con la esperanza de que algún día nos miremos como lo que somos: personas. Personas con derecho a vivir sin miedo y sin hambre y dignamente. Es una tarea difícil, pero como testigo de mi tiempo no puedo ni debo mirar hacia otro lado. No aspiro a que mi libro se posea, sino a que ayude a comprender y a aceptar, que necesitamos sentirnos humanos.
- En el prólogo dices algo revelador: “vivir de espaldas a la realidad de hoy tan solo nos recluye”. Parece que para ti escribir poesía es también una forma de testimonio, de no mirar hacia otro lado. En un panorama literario donde parte de la poesía se refugia en lo íntimo o en juegos formales, ¿crees que estamos viviendo demasiado cómodamente de espaldas a lo que ocurre?
Cada cual afronta la realidad desde el lugar que puede y como puede. Tal vez el cómodo sea yo, limitándome a relatar lo que ocurre, mientras otros escritores comprometen tiempo, dinero y descanso en acciones directas. En lo que respecta a la poesía, sí: en muchos casos se escribe de espaldas a lo que sucede. Y eso, inevitablemente, nos recluye.
- El poema “Mi voz no está en venta” es una declaración explícita de compromiso: “Mi voz no callará hasta que mis ojos vean cómo desaparecen los inhumanos guetos”. Es un tono que recuerda a la poesía social de Miguel Hernández o Gabriel Celaya. ¿Te sientes heredero de esa tradición? ¿O crees que tu compromiso parte de otro lugar?
No me siento heredero de ninguna tradición concreta. Mi compromiso nace de haber crecido en una casa de vecinos, donde había niños que se acostaban sin cenar y familias que apenas llegaban a la comida. De mi madre, Josefa Figueroa, aprendí que compartir es una forma de dignidad. La denuncia no me viene de la literatura, sino de la impotencia ante la necesidad, y de la esperanza de que algún día esos guetos desaparezcan.
- Dedicas el libro a tu hijo Álvaro, “la persona más importante para mí”. También aparecen elegías a amigos reales: Manuel, Joaquín Carrillo, Titi Flores. ¿Qué papel juega lo autobiográfico en tu escritura? ¿Es posible escribir poesía honesta sin partir de la experiencia vivida?
Lo autobiográfico soy yo y el camino que he recorrido; sin eso no sería nada, y sin ello no sabría qué escribir. La experiencia vivida te permite contar el esfuerzo de subir una escalera y cómo falta el aire. Pero también es cierto que nunca he subido a un cayuco, ni he sido despreciado por mi color de piel, ni me he hundido en el Estrecho con un hijo inerte en los brazos. A veces se escribe desde el sentimiento ajeno: no por deshonestidad, sino por empatía.
- Tu poesía es muy accesible, muy directa. No hay hermetismo ni juegos conceptuales que requieran claves para ser descifrados. En un momento donde cierta poesía parece dirigirse solo a otros poetas, ¿crees que la accesibilidad es una responsabilidad del escritor o simplemente una elección estética?
No me siento con autoridad para juzgar cómo escriben los demás. Creo profundamente en la libertad: en hacer lo que cada uno necesite, siempre que no dañe a nadie. Eso incluye la forma de escribir. Cada cual elige su camino y asume la responsabilidad de esa elección.
- “Sueño de un romance en Cádiz” es el poema más largo del libro y también el más enraizado en una geografía concreta: la Caleta, la Viña, el Callejón de los Negros. Incorporas léxico andaluz, referencias al flamenco, una forma de hablar muy específica. ¿Qué significa para ti escribir desde Andalucía? ¿Es una identidad cultural o algo más visceral, como diría tu título?
Cádiz, que te puedo decir: Cái, aquella amante que, sin querer refregarse, se roza con las barquillas como ingenua chiquilla cuando la tarde se hace noche. Cái, que recibió a los fenicios, despidió a los romanos, mosqueó a Napoleón si te pones a tiro, es donde el amor, nunca cambia de manos.
- Para terminar, Manuel: si tuvieras que convencer a alguien que piensa que la poesía no es para ellos, que es algo elitista o aburrido, ¿qué le dirías? ¿Qué poema de “De lo visceral a la piel” le recomendarías leer primero?
Le diría que, si piensa que la poesía no es para él, entonces no lea poesía; puede empezar si quiere, con pequeñas historias más o menos rimadas. Si se atreve a entrar en ella, le recomendaría comenzar con un poema que le toque lo humano, que lo haga sentir y pensar: “Nuestra bachata” o “Prohibido vivir”, según quiera acercarse al deseo o al compromiso.
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ENTREVISTA A ÁNGEL JESÚS MARTÍN GONZÁLEZ Con motivo de la publicación de Existencial
ENTREVISTA A ÁNGEL JESÚS MARTÍN GONZÁLEZ
Con motivo de la publicación de Existencial
Ángel Jesús Martín González publica Existencial, poemario de 35 poemas que documenta 25 años conviviendo con dolor crónico sin victimismo ni promesas de redención. Editorial Poesía eres tú apuesta por esta voz serena que transforma sufrimiento en compasión.
- Existencial no es tu primer acercamiento a la escritura, pero sí tu primer poemario publicado. ¿Cuándo y cómo nace la necesidad de escribir estos poemas? ¿Hubo un momento específico en que supiste que debías reunirlos en un libro?
En realidad, es el segundo poemario publicado, anteriormente “Cuatro Estaciones, versos para ella”.
Después de mi segunda separación matrimonial, tuve la necesidad de expresar todo lo que había sufrido y llevaba dentro. Era una necesidad imperiosa de escribir y de alguna forma, sacar para fuera todo lo que había sufrido.
- El libro sostiene durante 35 poemas una metáfora central muy potente: “El dolor es ya para mí, la savia que alimenta mi corazón”. ¿Cuánto tiempo te llevó encontrar esta imagen? ¿Cómo llegaste a ella?
Nació sola cuando escribí ese poema. Después de tanto dolor acumulado, físico y emocional, visitando psicólogos y psiquiatras, y al no desaparecer, me convencí que tenía que convivir con los dolores de una forma más serena y asumirlo de forma natural. Fue parte de mi medicina y sanación.
- Escribes en verso libre con cadencias naturales que replican el ritmo del caminar: “Camino despacio, y que el viento me acompañe”. ¿Por qué era importante que la forma del verso coincidiera con ese caminar lento? ¿Pensaste en usar formas métricas más cerradas?
Porque es lo que sentía en ese momento y siento ahora en mi vida. Es una forma distinta a la que he llevado durante años. Ahora necesito que todo vaya despacio, a mi ritmo y que nadie me imponga el ritmo a mi vida.
No pensé en utilizar formas métricas más cerradas. Los poemas surgieron tal cual.
- Hay un recurso que atraviesa el libro: anáforas que construyen conceptos mediante repetición insistente. “Silencios” aparece cuatro veces, “Almas” siete veces, “Mi perro” cuatro veces. ¿Cómo funciona para ti la repetición? ¿Qué te permite hacer que una sola mención no lograría?
La repetición ocasional para mí da más fuerza al verso, refuerza la idea de lo que quiero expresar y me sale sola.
Una sola mención podría valer si es muy potente el mensaje.
- El verso “Olor a silencio en los patios del convento” es sinestesia memorable: el silencio no se oye, sino que se huele. ¿Recuerdas cómo llegó ese verso? ¿El silencio tiene olor realmente o es la única manera de comunicar la densidad de esa atmósfera?
Me trasladé imaginariamente al convento y sentí su olor, su paz, su quietud, la densidad de su atmósfera, así nació esta sinestesia.
- Dedicas el libro a tus tres hijos y “a todas las personas que han sufrido, se sienten solas y han perdido a un ser querido”. Es declaración clara de para quién escribes. ¿Pensaste en ese público específico mientras escribías o la consciencia llegó después, al ordenar los poemas?
Llegó cuando terminé de escribir el poemario. Pensé en las personas que al igual que yo habían sufrido, estaban solas y había experimentado la muerte de algún ser querido. Era, de alguna, forma rendir homenaje a ellas y que les pudiese reconfortar al leer el libro.
- Varios poemas documentan dolor ajeno: la mujer en el tren, Carlos “el chicharrero”, la madre ucraniana. ¿Por qué era importante salir del dolor propio para mirar el sufrimiento de otros? ¿Cómo cambia eso el libro?
Soy una persona muy observadora y empática que siento el sufrir de otras personas. Es una forma de pensar en ellas y darles su reconocimiento con palabras.
- El poemario no tiene secciones ni divisiones formales. Los 35 poemas fluyen sin pausas marcadas. ¿Por qué rechazaste dividir el libro en partes? ¿Qué se pierde cuando se fragmenta?
El libro salió tal cual, a excepción de los 3 poemas sociales que los inserté en un lugar estratégico en el libro para que no se saturase el mismo, con el mismo mensaje.
- En el panorama poético actual hay mucha poesía confesional que busca viralidad en redes sociales. Tu libro es confesión directa, pero sin eslóganes extraíbles, sin frases diseñadas para captura de pantalla. ¿Cómo ves el papel de la poesía hoy? ¿Debe consolar o debe acompañar sin mentir?
A la poesía le queda mucho recorrido aún y es una pena. La poesía desempeña un papel muy importante en la literatura y debe ser más promocionada en todos los niveles. Puede ayudar a mejorar tu estado de ánimo, a acompañarte si te sientes solo, incluso puede ser medicina para ciertos problemas.
- Para alguien que ha vivido experiencias de dolor sostenido, soledad o pérdida y nunca lee poesía, ¿por qué Existencial podría ser su libro? ¿Qué puede encontrar aquí que no encuentre en otros géneros?
Podría ser su libro pues le ayudaría a identificarse con el sufrimiento, la soledad y la pérdida y quizás le abra el camino a otro punto de vista distinto al que tenía y le ayude a mejorar y encuentre un camino mejor que el que tiene.
Otros géneros diferentes a la poesía también podrían ayudarle si el libro trata estos aspectos de una forma seria y responsable con los sufrimientos humanos.
Gracias por tu tiempo y tu honestidad, Ángel Jesús. Que el libro encuentre a quienes más lo necesitan.
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