Entrevista a Enrique Graciani Constante: «Sinencuentro»

Enrique Graciani Constante es autor, junto con Eloísa Zapata Tinajero, de Sinencuentro, libro publicado por Editorial Poesía eres tú. En esta entrevista habla del origen de la palabra que da título al libro, del estribillo «Todo pasó y… no fue nada», del orden de «¿Cómo terminar la Historia?», de la influencia de su formación científica y de la amistad entre los dos protagonistas.

En la «Carta abierta» que abre el libro, Enrique, usted explica que «sinencuentro» no está en el diccionario y que «resume mejor el objetivo propuesto» que desencuentro. ¿Cuándo apareció esa palabra y qué le hizo pensar que podía sostener un libro entero?

Cuando buscaba un título para el libro ya pensado y en el primer borrador. Lo escrito no era un desencuentro, la amistad continúa sin una ruptura de ninguna manera formal. No es un sin encuentro por la misma razón. Pero los encuentros donde salta el duende son evitados por su posible evolución hacia algo más que una gran admiración y amistad. De ahí surgió: Sinencuentro. Una palabra nueva que podía resumir el contenido del libro. Posteriormente con mis hijos encontramos que ya había sido utilizada con anterioridad.

El libro se escribió a dos manos y desde dos géneros distintos: los poemas de «Punto de vista de él» y la prosa de «Punto de vista de ella». ¿Cómo fue el proceso de escritura entre ustedes dos? ¿Leyó cada uno la parte del otro antes de escribir la suya?

Cuando iba por el segundo borrador, leí el libro que cito de Eloísa y me pareció interesante citarlo. Se lo comuniqué y lo consideró bien. Después le propuse que escribiera el obituario de Marisa, compañera nuestra, que ella conocía mejor que yo y se me ocurrió que podía escribir la segunda parte. Le mandé el borrador y aceptó. Después hemos estado en contacto varias veces hasta el final definitivo.

Los poemas de la primera parte están unidos por un estribillo que se repite al pie de cada pieza: «Todo pasó y… no fue nada.» / «Nada pasó y… fue todo.» ¿En qué momento decidió que ese estribillo funcionaría como hilo de la historia, y por qué lo deja terminar casi siempre en dos puntos?

Desde que tuve las primeras ideas, ya que es una forma de describir una amistad con momentos de gran intensidad emotiva y de belleza pero que éstos están alejados en el tiempo y que si se acercaran más entre sí pudieran dar lugar a otro tipo de amistad que entraña cambios en la vida de ambos y que ninguno desea asumir.

Cada estribillo es la expresión que da lugar a un sentimiento a un recuerdo diferente. De ahí los dos puntos.

En «¿Cómo terminar la Historia?» el lector recibe varios finales posibles antes de leer el relato del encuentro, y el texto confiesa: «Después de mucho cavilar caigo que debo comenzar por escribirla.» Hay lectores a quienes contar el final antes que la historia les parecerá un riesgo. ¿Por qué eligió ese orden?

Por experimentar. Una de las funciones de mi escritura es experimentar cosas nuevas. Una de ellas era seguir, aunque de lejos, el ejemplo de Rayuela. Le di muchas vueltas hasta encontrar la forma que más me satisfacía y que podía expresar mis ideas. El ejemplo más claro es El Duende puesto como colofón del libro pero que debía estar al principio pues expone la empatía que existe entre ellos en alguna de sus reuniones con motivo de la belleza o la poesía compartida. Pero al final expresa lo mismo, y algo del miedo que ambos sienten si se repite de forma asidua.

El libro dialoga con la copla, el refranero, la zarzuela, el cine, Benavente, Tagore y la conferencia de García Lorca sobre el duende. ¿Qué lugar ocupan esas lecturas y esas músicas en la manera en que ustedes entienden la escritura sobre el amor?

Yo, a lo largo de mi vida, he leído mucho, tengo más de 1500 volúmenes que no tratan de mi trabajo (de éste leía en la biblioteca del centro de trabajo), que tratan de infinidad de temas. He visto cine, he asistido en el teatro de la Zarzuela de Madrid a muchas representaciones magníficas en los últimos años de la década de los cincuenta. Y todo eso forma parte de mi personalidad que aprovecho a la hora de escribir.

Sinencuentro no es un libro sobre el amor. En ningún momento habla de amor. Es un libro sobre la amistad entre un hombre (descrito en el obituario de Adelino, mayor, con esposa e hijos) y una mujer (descrita en el obituario Marisa, esta sin compañero y con hijos) que a veces en sus encuentros sienten y admiran al unísono la misma belleza y sentimientos, y que por diferentes razones no quieren incrementar esos sentimientos.

Antecedentes de estos sentimientos están descritos para una pareja que acaba de conocerse durante un viaje turístico en Estrasburgo 1965 (Retratos, página 17). Para una pareja de amigos en ¡Co-vivir sentimientos! (Un ramillete de palabras, página 21). Para un grupo pequeño de amigos en Plaza de Santa Cruz (Elucubraciones, página 57) y para un grupo grande de personas en La Saeta y La salida de El Silencio (Sevilla en primavera, páginas 14 y 17).

La diferencia en Sinencuentro es que se trata de una pareja de amigos y a lo largo del tiempo y esto trae consecuencias que se relatan.

El amor se describe en otros poemas: Una Vida en Común y De vacaciones (Elucubraciones, páginas 35 a 51 y 140). Mi sueño (Retratos, página 25) y en ¿Espero? (Un ramillete de Palabras, página 27)

Los dos tienen formación científica, y en el poema «Sinencuentro» aparece un verso como «Fuera efecto Casimir.» ¿De qué manera su experiencia en el laboratorio y en las aulas ha influido en su forma de mirar y de escribir?

Desde mi época de estudiante mi formación científica por los estudios y mi postura crítica adquirida con la lectura han caminado de la mano. Eso me ha originado alcanzar metas científicas importantes por salirme de los cauces establecidos y reveses importantes por enfrentarme a mis superiores con teorías y experiencias razonadas que iban en contra de sus opiniones. Esto último estaba muy penalizado en una época importante de mi trabajo.

Todavía hoy día sigo leyendo y viendo trabajos de divulgación científica de distinta índole, los más profundos ya no me están accesibles, por su profundidad he tenido que renunciar a los mismos. Entre los que he visto últimamente está el efecto Casimir y me pareció interesante incluirlo pues encaja muy bien como expresión de por qué se produce el miedo entre ellos.

Eloísa, la dedicatoria de su parte se dirige a la mujer «que optas por tu libertad por encima de todo.» ¿Qué significa hoy escribir una historia de amor en la que la decisión central es no dar el paso, y cómo cree que la leerán los lectores más jóvenes?

Según me indica Eloísa: De las distintas posibles posiciones de la mujer en relación con el hombre ella es partidaria de que la mujer, de acuerdo con sus ideas y sentimientos, elija libremente cuál es la que desea. Ella, personalmente, prefiere ser libre en su relación y esto es lo que transmite en el texto y en la dedicatoria.

Si tuvieran que imaginar a la persona ideal para leer Sinencuentro, ¿quién sería? ¿Alguien que ha esperado, alguien que ha tenido que decir que no, o alguien que todavía no ha vivido ninguna de las dos cosas?

Alguien que ha admirado y sentido la belleza en cosas cotidianas. Un alma con algo de poeta aunque nunca la haya expresado de forma clara y contundente.

Para un lector que nunca ha leído poesía y se acerca a este libro por la historia que cuenta, ¿por qué debería empezar por Sinencuentro?

Considero que es un libro difícil de leer en su primera parte. La forma más sencilla de leerlo es como un poemario, un conjunto de poesías, un poco inconexas. Pero al leer la carta al editor y la segunda parte se puede descubrir una nueva lectura diferente. Por ejemplo, Un verso muy fuerte es muy sencillo de leer pero al sentirlo expresa una gran cantidad de sentimientos: Ilusión, agradecimiento y realidad que lo describen. En la Tormenta, se expresan los mismos sentimientos pero están más ocultos. Relata el sinencuentro entre ellos que no llega a la ruptura a pesar de la intensidad del mismo y en el pequeño verso final se expresa como toda la belleza que compartían ha quedado sepultada, se ha convertido en una morrena.

Llegar a esa interpretación del libro puede que no sea fácil y necesite de una complicidad entre los autores y los lectores.

El libro se cierra con «El Duende» y una pregunta: «¿Es Erató culpable? Ni se sabe.» Si tuvieran que responderla ustedes, ¿qué dirían?

Probablemente yo diría SÍ. Ver belleza en cosas cotidianas requiere un estado de ánimo adecuado muy similar al de la poesía. La Belleza y la Poesía son cosas diferentes pero en la misma persona muchas veces coexisten, la una evoca o llama a la otra. En este caso El Duende, esa compenetración entre ambos para ver belleza en unos hechos triviales, hace que también aparezca la Poesía del momento.

La entrada Entrevista a Enrique Graciani Constante: «Sinencuentro» se publicó primero en Poesía eres tú (revista).