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Club de Poesía

David Fernández Rivera: “Nadie se empeña en entender una flor o un pedazo de hierba, por eso no entiendo demasiado por qué tratan de entender mis poemas cuando tratan de ser lo mismo”

 

David Fernández Rivera (Vigo, 1986), cumple con “Sáhara” su séptima entrega poética. Se trata de un poemario que el mismo autor reconoce alejado de la razón. Charlamos con él sobre el libro y sobre sus muchas ocupaciones.

 

 

1-     ¿Cuál era tu propósito al escribir “Sáhara”?

 

En mi caso al menos, hablar de propósitos en un libro concreto sería una pregunta muy difícil de contestar. Soy un poeta reivindicativo, muchas veces temático, algunas veces lírico, pero del mismo modo que no elijo qué y cuándo voy a escribir, creo que me costaría mucho definir con exactitud un propósito para cada uno de los ejemplares.

 

Lo que sí está claro es que “Sahara” no deja de ser un paso más en mi camino dentro de la poesía, y no podemos obviar que siempre está la meta de poder aguantar un poco más, es decir, entregar un libro más a esta sociedad que prescinde de la poesía en prácticamente todos sus cometidos.

 

Así que a lo mejor, que no lo sé, el propósito último de este libro sea subjetivamente seguir vivo, y el verdadero, pues el que cada lector quiera darle en el momento que quiera buscar en él tanto o más de lo que yo he hecho  mientras lo escribía.

 

2-     ¿Cómo crees que encaja este libro dentro de tu trayectoria como poeta? ¿Cuánto tiene de continuidad y cuánto de ruptura con lo que habías hecho hasta ahora?

 

Pues encaja en lo que yo definiría como una segunda fase, rozando ya con la tercera de mi poesía, tomando el comienzo como punto de partida. En un primer momento fui un poeta muy lírico e incluso intimista, posteriormente me hice extremadamente social y temático, pero quizás en “Sahara” me he dado cuenta de que no tengo que buscar deliberadamente la crítica o el pretender cultivar en las personas, sería egoísta o vanidoso el pensar que tengo algún tipo de verdad para cambiar en los demás, así que en este libro creo, que si bien no lo he manifestado totalmente, sí me ha acercado a un concepto de poesía en el que me alejo de mí mismo e incluso de mis problemas para prescindir prácticamente de toda la subjetividad de la razón. Y así, escribiré en un lenguaje mucho más puro para mí, y como mi personalidad es crítica y ha aprendido a indignarse como motor para seguir viviendo, intrínsecamente la poesía conseguirá transmitir todo esto junto a otras muchas cosas que seguramente desconozco. Quizás “Sahara” todavía se encuentre muy verde en esto que vengo de comentarte, pero sólo el hecho de que me haya trasladado a este punto, ya es algo que merece la pena.

 

Y con relación a la continuidad, pues toda. No creo en las rupturas, a fin de cuentas, en ellas siempre se encuentra el sustrato de tu verdadera personalidad, pueden cambiar muchas cosas, pero siempre hay algo que te da una identidad propia e inquebrantable. Esta puede evolucionar o no, pero nunca romperse.

 

3-     En “Sáhara” vemos una clara apuesta por el lenguaje. Tú mismo hablas de “liberar las palabras de su intención”. Sin embargo, toda tu trayectoria has dejado claro que tu intención era comunicar, lograr la comunicación total (como tú mismo lo definiste). ¿No temes que ese uso del lenguaje apartado de su significación y su uso habitual dificulte, precisamente, la comunicación?

 

Creo que debemos derribar de una vez ese mito extremadamente social de que el lenguaje hermético y oscuro dificulte la comprensión del poema. Es más, no creo que sea problema del poeta el que una persona trate de acercarse a sus textos desde una perspectiva reduccionista y lógico matemática. En muchos de mis poemas, ese invento humano para intentar comprender nuestra propia visión del mundo y que muchos llaman razón, no existe.

 

El ser humano a la vez que crece, se va rodeando de inhibidores o candados que lo hacen ser inmune hacia todo lo que en su día lo hizo libre y que ahora ve de un modo un tanto extraño o extravagante, y ya me estoy poniendo en la perspectiva que tendría sobre nosotros cualquier otra entidad natural. Y así, el amor, la belleza o la libertad están excesivamente manipulados, quizás por ello muchos traten de entenderlo desde una razón, que ya científicamente se está demostrando que tiene unas aplicaciones muy útiles, pero también excesivamente reducidas…

 

Es más, he probado este tipo de poemas con niños e incluso con personas en estado límite, y siempre, no sólo han aprendido de modo innato a adentrarse en los poemas, sino que a su vez me hicieron las preguntas más inteligentes que recuerdo.

 

Nadie se empeña en entender una flor o un pedazo de hierba, por eso no entiendo demasiado por qué tratan de entender mis poemas cuando tratan de ser lo mismo, es más, creo que denuncian y sufren del mismo modo. Pues las flores son pisoteadas, arrancadas e incluso utilizadas como elementos de decoración… Creo que con la poesía, al menos con la de mi caudal, se hace más de lo mismo.

 

4-     Sabemos de ti que eres también actor y director y que también tocas la guitarra, pero que sobre todo te consideras poeta: ¿Qué te aporta la poesía que no te aporten otras artes?

 

Creo que aquí lo mejor sería decir la verdad más absoluta, y es que yo soy un poeta que ha pretendido transmitir su poesía a través de otros soportes, por ello no creo que haya llegado a experimentar de modo aislado la influencia filtrada de otros canales de creación.

 

Ahora bien, lo que sí puedo decirte, es que no he encontrado un modo de comunicación tan misterioso, y a la vez tan puro como el que se genera entre un lector ávido y activo y un buen poema. Al menos yo no creo que lo haya conseguido con mi música o en las representaciones teatrales. Eso sí, considero que con “Hipnosis”, mi último texto teatral, sí he conseguido expandir la magia de una representación de teatro a través de la lectura, y en ese momento es cuando la libero de todas las barreras físicas de los teatros o de la diversidad de espacios. Eso sí, y como es lógico, me he aprovechado de un camino bidireccional entre lector y papel que ya conocía demasiado bien gracias a la poesía.

 

5-     Finalmente ¿Cuáles han sido tus influencias poéticas a los largos de estos años? ¿Qué lecturas te han marcado?

 

Más que influencias deliberadamente poéticas, yo creo que he tenido influencias humanas, es decir, en algún momento, y quizás sin quererlo, mi poesía llegó a convertirse en una forma de fotografiar la realidad de las personas, animales y plantas, y quién sabe si de aquello que también está presente y no podemos ver.

 

Por ello no siempre me agrada lo que escribo, verdaderamente casi nunca. Del mismo modo que una flor puede describir el agónico alrededor que la circunda mientras yace postrada en un boulevar de la ciudad, yo no puedo dejar de describir aquello que literalmente me mata y que a fin de cuentas no deja de ser un testimonio más que puede aportar o no. Eso sí, considero que la poesía, al menos la que yo escribo junto a otros muchos autores, debería convertirse en el complemento más perfecto de los manuales de historia. Sin lugar a dudas, lo que hacemos es ser historiadores de nuestro tiempo, aunque aquello que describamos haya pasado al olvido para muchos de los que lo viven a diario.

 

Y si quieres que te mencione algún poeta, pues creo que el que más me ha influido, y quizás yo también en él, sea el autor valenciano Ángel Padilla, muy conocido en algunos círculos, pero lógicamente, y como todo genio de la poesía (parece que no aprendemos), maltratado hasta el extremo por aquellas instituciones que se llaman oficiales.

 

Puede que actualmente ni siquiera pueda convivir de un modo natural con el legado distorsionado y mercantilista que nos rodea, puede que muchas veces, y a causa de esto, mi cuerpo diga basta y tenga que cancelar funciones, pero nunca he prescindido ni puedo hacerlo de la necesidad de conversar con alguien que no sólo me entiende, sino que busca llegar más lejos con todo lo que escribimos a diario.

José Vidal Valicourt: “el sueño de Blanchot fue el de lograr una escritura colectiva y anónima, sin los lujos de los nombres propios”

 

Blanchot fue un escritor y pensador que en palabras de  José Vidal Valicourt, autor del ensayo “Blanchot-Espacio del desastre” (Rilke, 2011), “Vivía y escribía al margen”. Un escritor que hizo del no-saber y de la escritura errante un modo de vida. Hablamos con José Vidal sobre este fascinante y desconocido autor.

1-     ¿Qué te llevó a interesarte por un personaje como Blanchot? ¿Qué te atrajo de él?

Como personaje, su obsesión por dejar que sea la propia escritura la protagonista y no el autor.  Su discreción radical y su habilidad en activar las paradojas.  Supo gestionar su ausencia. Debo reconocer que, al principio, el personaje me resultó casi ininteligible. Fue, precisamente, esa dificultad en acceder a su mundo lo que supuso un acicate, un desafío.  Siempre el atractivo de lo difícil. El reto de lo apenas transitado. A la postre, suele ser siempre el camino más fascinante.  A pesar de su distancia y apartamiento, influyó de manera decisiva en muchos escritores y filósofos. Véase Derrida, Foucault, Deleuze, etc.  Me atrajo, sobre todo, su visión nómada y desarraigada de la escritura a la que encaró con el mismo temple de un filósofo. No hay que ovidar que Blanchot está en el umbral entre filosofía y literatura. Muy filosófico para los literatos y, por el contrario, muy literario para los filósofos.  El concepto de umbral es fundamental en Blanchot, lugar de paso, frontera invisible.

2-     Estamos ante un filósofo que afirma que el arte no conduce a ninguna verdad del ser, sino al error del ser. Se trata de una postura que años después de Blanchot sigue siendo marginal, porque en el arte prima el positivismo ( y en la vida el utilitarismo), la certeza de que el arte lleva al conocimiento ¿Cómo sobrevive y como se convive con esa postura en un mundo, como decíamos, marcado por el utilitarismo?

Blanchot reivindica el no-saber como apertura, como posibilidad de encuentro fructífero. El sabio es el hombre completo y, por tanto, cerrado. No deja resquicios para la sorpresa. De ahí que el concepto de error sea básico. Error como equivalente a errar. Movimiento de la escritura que no quiere detenerse en el libro. Si hay verdad ésta está en la intemperie, la vida al raso.  En un mundo que busca certezas inamovibles, más que nada para evitar el vértigo y la incertidumbre, mantener el tipo en esta propuesta radicalmente reacia al sedentarismo del pensamiento y de la existencia supone todo un desafío y, por qué no admitirlo, un peligro: el de quedarse fuera de juego.  El concepto de margen también transita en la escritura blanchotiana.  Vivir al margen, escribir en el margen de los libros, allí donde nadie espera que haya escritura.  De acuerdo, no sirve para nada, pero tampoco sirve a nadie. Por tanto, no es servil, sino desesperadamente libre.

3-     El componente filosófico y de teoría literaria de Blanchot tiene también unas claras implicaciones sociales. Tú mismo dices en el libro que frente a autores como Heidegger, que prestigia una voluntad sedentaria y por lo tanto excluyente, u otros que establecen una realidad basada en las relaciones de poder, Blanchot es un autor que al no creer en la verdad con mayúsculas, deja muy abierta la puerta a las verdades y razones de los otros. Al contrario que en el caso anterior, esta vertiente social sí es más actual, incluso sería bueno que lo fuera más.

Se trata de facilitar el habla plural, la que no funciona mediante relaciones de poder. Esto es problemático, pues es difícil mantenerse al margen del poder y de una cierta violencia en el habla. Aun así, el esfuerzo de Blanchot en privilegiar ese habla plural, abierta y no sujeta a unidad totalizante, merece todo nuestro reconocimiento y apoyo.  No creo que exista una vertiente premeditadamente social en Blanchot, pero sí que es verdad lo siguiente: puede aplicarse al ámbito social, sin duda. No olvidemos que el sueño de Blanchot –sueño que casi pone en práctica- fue el de lograr una escritura colectiva y anónima, sin los lujos de los nombres propios. Una escritura que no cumpliese con el imperativo de la propiedad privada. En definitiva, que el concepto de autor/autoridad no opere como patrón predominante.  Que sea la propia escritura la protagonista.

4- También se aprecia esa ética de Blanchot en su concepto de “amistad”, que no es sino ese lugar de encuentro que supone que todos seamos seres abocados al desamparo absoluto, abandonados por los dioses y las categorías absolutas. Parece como si Blanchot quisiera decirnos que cuanto menos sepamos – o cuanto más aceptemos que sabemos poco – más solidarios, abiertos y empáticos seremos con los otros. 

Sí, otra vez el margen. Que puede ser de maniobra y de error.  La amistad es un concepto que Blanchot mantiene en todo lo alto. Pensamos gracias a los amigos, esa relación sin posesión, que deja libre al amigo. La amistad no se fundamenta, según Blanchot, en la presencia. La distancia es, precisamente, eso que permite el encuentro y el respeto. Mantener la distancia también significa mantener la posibilidad del encuentro. Blanchot mantiene la amistad mediante la escritura, escribiendo a sus amigos y no necesariamente viéndolos. Una ausencia presente, y valga la paradoja. Siempre hay una zona desconocida y hay que preservarla.

4-     En literatura, ese pensamiento nos lleva a escritores que deben escribir con libertad absoluta, sin querer crear un discurso totalizador y sin someterse al espacio reductor de la obra ni a la manera tradicional de usar el tiempo. Y como ejemplo tenemos a Sade. ¿Ha habido algún otro autor que se haya adaptado a su manera de entender la literatura, alguien con quien crees que Blanchot pudiera sentir cierta afinidad literaria?

Hay muchos, pero destacaría a Kafka, esa obsesión por la escritura. Escribir o morir, ese rechazo a contraer matrimonio por miedo a sacrificar la tarea de escribir. La escritura por encima de todo, incluso de las relaciones personales.  Postura, sin duda, radical e intransigente, pero que proclama sobre todo las ansias de libertad, de disponer de todo el tiempo del mundo para entregarse a la única pasión: la escritura.
6- ¿Crees que esas ideas literarias tienen cabida en el actual panorama editorial español?

Habrá alguno por ahí escondido, pero lo que prima es el personalismo, el autor como figura, incluso vedette. Sin embargo, sabemos que hay miles de escritores que escriben en las catacumbas. Eso sigue siendo escritura. Uno entiende y acepta que la mayoría de las editoriales se echen atrás a la hora de editar libros de esas características. Sin embargo, existen editoriales más valientes, que están dispuestas a correr ciertos riesgos. Son editoriales muy necesarias, ya que sin ellas esas voces quedarían sepultadas.

7- Tú mismo te has lanzado al final del libro con un relato basado en sus ideas: ¿Querías explicar mejor en qué consisten o sólo demostrar que es posible escribir de otra manera?

La escritura asume muchos géneros, y uno de ellos es el del ensayo, que no tiene por qué ceñirse a un cuerpo estrictamente teórico sino que puede aceptar distintas voces o géneros: poema, relato, aforismo, acotación cinematográfica, etc.  El ensayo es un banco de pruebas, un ámbito en el que estamos obligados a verter todo lo que sabemos y todo lo que no sabemos, todas nuestras perplejidades e hipótesis, por muy descabelladas que éstas sean. Es decir, estamos obligados a errar y a caer en el error.  El relato final no es tanto un texto que se base en las ideas de Blanchot –eso sería casi imposible-  sino en una especie de aire, de atmósfera. El propio Blanchot, en sus últimos libros, llegó a concebir un texto en el que el personaje es el propio lenguaje, el propio pensamiento en acción.  Dividir el libro en dos partes, teoría y práctica, no deja de ser un gesto irónico, no sé si eficaz, una forma de desmitificar los libros canónicos.  En cualquier caso, se trata de un libro que no deja de ser un acercamiento más al pensamiento de Blanchot y una forma de confesar la influencia que el escritor francés ha ejercido en mi modo de pensar y de escribir.

Entintados Mayo 2011

Carlos Herrera de la Fuente
Javier Pérez-Ayala
Paco Bello
Castellana 210 7:30 p.m.

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Carlos Herrera: “La poesía nos permite acceder a una vivencia de la libertad que en la cotidianeidad no podemos experimentar”

 

El mexicano Carlos Herrera presenta “Vislumbres de un sueño”, un libro cargado de imágenes que recoge alguna de sus principales reflexiones como filósofo.

 

1- El libro comienza “Todo olvido es un comienzo” y, en general, toda esa primera parte del libro es una reflexión sobre el olvido, la memoria y el paso del tiempo, en la que pareces presentar estos conceptos(olvido-memoria) como falsamente absolutos, como llenos de relatividad y también de variables.

Me gustaría señalar, antes que nada, que este libro da expresión a una serie de cuestionamientos y preocupaciones que provienen de la actividad intelectual a la que me dedico principalmente junto a la literatura: la filosofía. Cuando hablo del olvido trato de distinguir dos esferas distintas. Por un lado, se habla, como bien indicas, de la relatividad de varias vivencias humanas (no tanto nociones) como la memoria y el olvido. En esta esfera no puede haber ni un olvido ni una memoria absolutas, porque la experiencia humana es necesariamente limitada. Por otro lado, sin embargo, se maneja la idea del olvido como una experiencia que trasciende las fronteras propiamente humanas. Aquí el olvido es el nombre de todo un principio que rige los movimientos de la naturaleza y la existencia en general. Este olvido sí es absoluto, porque es el nombre de un movimiento general carente de finalidad y de sentido, al que los seres humanos tienen que traducir según su propia experiencia o de otra manera no podrían ni comprenderlo ni vivirlo. Esto último es el origen de la memoria. Los humanos requerimos de la memoria para conservar los momentos trascendentes de nuestra vida, tanto los positivos como los negativos, y para darle una continuidad a nuestros actos. En este sentido hablo de la memoria como una especie de “olvido del olvido”, porque ella es una negación (en cierta medida, inútil) de ese olvido absoluto del que hablaba más arriba. Finalmente diré que ambas experiencias, la memoria y el olvido, resultan para mí fascinantes ya que me parece que en su entrelazamiento se esconden varios de los misterios de la vida.

2- Otra de las reflexiones de esos primeros poemas es la que presenta al hombre como un ser que se siente “agusto en medio de fronteras”, que vive en el seno de lo libre, pero ama las cadenas. ¿Hasta qué punto considera que esto es así? ¿Tanto nos gusta encerrarnos violentamente?

En este punto tendría que aclarar que aquí no estoy hablando de una libertad ni política ni social. Con respecto a esta cuestión me manifiesto abiertamente por una creciente libertad en todos los sentidos y por la defensa de los derechos históricos de los individuos ylos pueblos, conseguidos tras arduas luchas. Aborrezco, pues, las cadenas y los regímenes políticos que intentan limitar la vida de las mujeres y los hombres. Lo que intento hacer en este poema (Vislumbres de un sueño) es darle voz a una reflexión sobre los alcances y los límites de nuestra libertad y de nuestra experiencia en general. No se trata, pues, de decir que a los seres humanos les gusta vivir sometidos bajo un sistema opresor y violento, sino que no podemos entregarnos a todas nuestras posibilidades porque nuestra vida está conformada por lazos con los que nos comprometemos y no podemos abandonar de manera sencilla. Toda ruptura implica para nosotros un dolor, a diferencia de las variaciones constantes de la naturaleza, del mundo y del universo, los cuales no tienen “un motivo que los convoque a llorar”. Nuestros compromisos amistosos, amorosos, familiares, sociales, etc., nos limitan, pero preferimos atarnos a ellos porque son ellos los que dan sentido a nuestras vidas. Utilizo la imagen de las “cadenas”, que en verdad es un poco fuerte, para hacer más patente la diferencia entre nuestra experiencia y la del mundo y la naturaleza en general.

La poesía nos permite acceder a una vivencia de la libertad que en la cotidianeidad no podemos experimentar. Octavio Paz nombró a su obra poética central Libertad bajo palabra, justo porque la poesía es un acto de libertad que rompe los límites en los que se desarrolla nuestra vida y nos permite trascender a otro ámbito donde todo es posible y pensable.

3- Los poemas que componen esta primera parte del libro, llamada “Hacia el final”, y que son uno de los pilares del libro, muestran un tono existencialista muy pesimista, descreído (“somos un sueño que habrá de perecer”) ¿Qué papel juega la poesía en esa existencia?

Si soy sincero, no había notado hasta este momento que el libro transmitiera una sensación pesimista. En términos personales me considero una persona si bien no optimista (lo cual, a decir verdad, me parece un poco vulgar), por lo menos que disfruta mucho de la vida y de las posibilidades que ella ofrece. Me parece, más bien, que el tono “pesimista” que señalas proviene de otra parte, a saber, de un intento reiterado de crítica a distintos momentos de la vida y, también, de nuestra historia, en los cuales preferimos limitarnos, encerrarnos, en vez de gozar a plenitud nuestras vivencias.

Ahora bien, el poema que se llama “Hacia el final” y que da título a la primera sección del poemario, es un pequeño (muy pequeño, en verdad) esbozo de evaluación negativa de la historia de nuestra civilización, la civilización occidental, y de nuestra posición actual dentro de ella. No se trata aquí solamente de una actitud existencial ante la vida, sino de un reconocimiento de nuestra situación histórica. Lo que se dice es que nos encaminamos hacia el final de una época caracterizada por la frustración constante de nuestros sueños y anhelos, por la imposición violenta (esa sí violenta) de ciertas formas de vida sobre otras (rasgo típico de cultura occidental predominante), pero que nosotros no seremos los que inauguraremos ese “nuevo tiempo”, sino que sólo lo “vislumbraremos” y lo anunciaremos. Por eso, “somos un sueño que habrá de perecer” y que sin lograr ver el “alba”, solamente la podremos anunciar.

4- Todo ese primer libro incide en la idea de la vida como sueño apenas vislumbrado (título del libro) ¿De dónde procede esa idea, de dónde nace?

El comentario que haces es atinado: el sueño al que se hace referencia es el sueño de la vida. En este punto no soy nada original. La literatura en español ha insistido de distintas maneras en este tema, desde Calderón de la Barca (La vida es sueño) hasta Borges (Las ruinas circulares, por ejemplo). Lo interesante para mí en este caso era pensar lo que se podía intuir a partir de este sueño, es decir, lo que este sueño deja translucir más allá de lo que en un comienzo aparenta. La palabra “vislumbre” revela esta intención.

Lo que más me atrae de la palabra “vislumbre” es su ambigüedad. Por un lado significa un resplandor tenue, un reflejo de luz. Por el otro, un indicio o sospecha. Con su tenue resplandor el sueño de la vida no sólo da noticia de ella, sino que deja adivinar algo que está más allá, algo que la trasciende. La exploración de esa trascendencia apenas vislumbrada, nunca clara ni cierta, es el motivo central del poemario.

Ahora bien, ¿cuál es el origen del poema que da nombre al libro? Para mí un poema largo o de mayor extensión al poema “normal” es el resultado de un largo proceso de maduración de ideas y sensaciones, nunca el mero producto de una inspiración (aunque ésta no está excluida). En el caso particular de “Vislumbres de un sueño” la idea provino del trabajo filosófico al que me dedico. En la tesis de doctorado que estoy escribiendo el tema central es el de la libertad, en especial en la interpretación de Martin Heidegger y su crítica a la civilización occidental. En mi recuperación y crítica a dicho filósofo se anudan sobre todo tres conceptos: el de la libertad, el de la donación y el del olvido. Esos tres conceptos aparecen una y otra vez en el libro, sólo que ya no como simples conceptos, sino como vivencias y experiencias.

5- La segunda parte, “Herencias”, son tres largos homenajes, dos de ellos centrados en mitos griegos, ¿Crees que siguen siendo válidos esos mitos hoy en día? (“que a la vez que sino suyo es nuestro espejo”).

Los mitos griegos, al igual que los mitos y las leyendes de otras culturas y civilizaciones, en tanto productos fantásticos y geniales de la imaginación humana, son y seguirán siendo validos en todas la épocas, mientras siga existiendo la literatura. Lo único que varía a lo largo del tiempo es la forma en la que son abordados e interpretados. Una es la forma, por ejemplo, en la que el modernismo retomó la mitología clásica, idealizándola y llevándola, en ocasiones, a un extremo de “cursilería”, y otra es la forma en la que hoy en día se puede reflexionar sobre ellos.

En este punto tengo que manifestar una cierta diferencia con lo que afirmas. No se trata en el caso de esta sección del libro de “homenajes” a héroes y personajes mitológicos, sino al contrario de una crítica a lo que dichos personajes significaron y significan en varios ámbitos de nuestra cultura. El caso más radical es el que aborda el poema sobre Heracles (el Hércules griego). Allí se describe post factum el famoso pasaje donde Heracles, en un arrebato de locura, asesina a su familia, acto que, posteriormente, según la tradición, será el motivo que llevará al héroe a realizar sus doce trabajos, como forma de expiación. Lo que trato de hacer en ese poema, que en verdad forma parte de un proyecto más ambicioso a realizar en el futuro, es conectar el horror de dicho asesinato con el horror de la “labor civilizatoria” que consiste en someter a los otros pueblos y culturas que se consideran sumergidos en un “mundo natural” y que son vistos como lo monstruoso. Por otro lado, la imitación que hago de un famoso poema de Rubén Darío (Salutación del optimista) y que se centra en la alabanza a la cultura romana y a su vinculación con la cultura española (“Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda”), tiene también este propósito crítico e irónico. Todo lo que se le aparece a Rubén Darío como digno de elogio, aparece en mi poema (llamado a propósito Lamentación pesimista) como fuente de terror y decepción. Por cierto, aquí aparece explícitamente el tema del pesimismo, pero se trata, como acabo de explicar, más de un crítica a nuestra civilización que de la mera expresión de una frustración personal.

Finalmente, sólo señalo que el nombre de esta sección, “Herencias”, hacer referencia a lo que recibimos del pasado de nuestra cultura, o de nuestras culturas, si se quiere, y que tiene que pasar por la criba de la labor crítica y literaria.

 

 

 

 

 

6- La tercera parte, “Nuevo tiempo”, se abre con una exhortación al lector en la que se le anima a buscar consuelo “en mitad de las imágenes”, aunque enseguida dices: “yo, por mi parte, te prometo nada” ¿Hay poca relación entre el propósito del poeta al escribir y el del lector a recibir el poema?

Lo primero que hay que afirmar es que la poesía no existe ni existiría si no hubiera un lector que la creara con su lectura. No se trata tan sólo de aquel viejo cliché hermenéutico que insiste en que las interpretaciones que encierra un texto sólo pueden ser descubiertas en las lecturas de los distintos lectores (afirmación, que por cierto, no por ser un cliché deja de ser cierta). No. La cuestión aquí es que la poesía nace sólo hasta el momento en que el lector toma el poema (única cosa que le puede brindar el poeta), lo lee y encuentra en él una palabra, una imagen, una sensación o una idea que lo motivan imaginar, a soñar, a sentir, a pensar e, incluso, a crear. Antes de ese momento sólo existe un texto (el poema) lleno de palabras y de imágenes que todavía no tienen el derecho a llamarse poesía. El poeta, valga la redundancia, sólo escribe poemas, pero es el lector el que crea la poesía.

Ahora bien, el escritor, el poeta, no le puede ofrecer nunca nada específico al lector, sino tan sólo esas “imágenes” encerradas en varias palabras y frases, que son el producto de una experiencia muy ajena a él. No hay nada que prometerle al lector, porque es él el que tiene que emprender el trabajo de la creación poética. El poema toma aquí la forma de un “exhortación”, nadando a contracorriente de aquel lector (un tanto idealizado, quizás) que pide que todo le sea dado de forma “sencilla” sin participar en el esfuerzo y en el juego de la creación.

 

7- Esta tercera parte es quizás la más interrogante: el tiempo, la muerte, la utilidad de la escritura…se tornan preguntas que muchas veces no hayan respuestas ¿Es ése el oficio del poeta, presentar preguntas?

No creo que el “oficio” del poeta sea el de hacer preguntas. Me parece más bien que ese sería el “oficio” del filósofo (lo cual, a veces, en  mi caso, me cuesta mucho trabajo diferenciar). Ahora bien, no creo que ni la filosofía ni la poesía tengan un “oficio” específico. Más bien ambas son el resultado de una necesidad de expresarse de cierta forma. Para mí la poesía (sin querer, por supuesto, reducir lo que cada quien hace y piensa de ella) adquiere la forma de un cuestionamiento (no necesariamente en preguntas) del lenguaje que normalmente se experimenta en la cotidianeidad (incluso cuando se utilizan en el poema anécdotas y expresiones cotidianas o “prosaicas”). Ese cuestionamiento anhela sacudir la confianza que normalmente se tiene en el lenguaje del que supuestamente se “hace uso” y dejar translucir otras posibilidades que están encerradas en él y a las cuales el poeta quiere dejar salir, dejar ver. La poesía aspira a decir lo que en la cotidianeidad se calla a toda costa.

Finalmente, con respecto a la forma inquisitiva de esta sección, me parece que lo que se juega, más que un resultado de mi propia interpretación sobre la labor del poeta, es una consecuencia de lo esbozado en las otras dos secciones. Se habla aquí ya no de un presente que anuncia un final (Hacia el final), ni de un pasado que nos ha sido heredado (Herencias), sino de un futuro que se abre ante nuestros ojos: un “Nuevo tiempo”. Si los poemas de esta sección insisten en las preguntas es porque ese nuevo tiempo está por descubrirse, por crearse, y esa es una labor que trasciende al poeta. En este caso lo importante es preguntar, sabiendo que todavía no hay, ni habrá por mucho tiempo, respuestas certeras.

8- Finalmente, ¿qué poetas has tenido presentes a la hora de componer este libro?

 

Me gustaría creer que en este poemario conviven todos los poetas que, de una u otra forma, me han ayudado a encontrar mi voz (nunca plenamente conformada) a lo largo de los años. Sin embargo sé que en este libro en específico hay más peso de unos que de otros. Tal vez las influencias más fuertes hayan provenido de la poesía de Octavio Paz y de la de T. S. Eliot. Octavio Paz es para mí el más grande poeta mexicano y trato de leerlo constantemente para alimentarme de sus palabras y de sus ideas. En su poesía se conjugan, de manera feliz, el pensamiento y la lírica: cada metáfora suya estimula de manera simultánea la imaginación y la reflexión. Por otro lado, la poesía de Eliot, en especial la que se expresa en Four Quartets, es para mí el paradigma de la búsqueda de equilibrio y perfección estética. El primer poema del libro, “Vislumbres de un sueño”, sigue a su manera ese modelo. El otro tono reflexivo que nunca me ha abandonado proviene sobre todo del poeta mexicano José Gorostiza, cuyo poema Muerte sin fin sigo releyendo una y otra vez.

Hay también otras influencias inegables. En la sección de “Herencias” están muy presentes las voces herméticas de Góngora (cuya Fábula de Polifemo y Galatea releí en esa época hasta el cansancio) y de José Lezama Lima. El primer poema de esta sección, “Reminiscencia de Narciso”, es una especie de respuesta literaria al poema “Muerte de Narciso” de éste último. Por otro lado, en la imagen del olvido, presente a lo largo del libro, se halla algo de la voz de Donde habite el olvido, de Luis Cernuda.

Finalmente, creo que de alguna forma conviven también en este primer libro (o eso espero, por lo menos) la voces de dos poetas alemanes geniales: Rainer Maria Rilke y Gottfried Benn. Quizás sea éste último, de cuya poesía se desprenden imágenes terribles y grotescas, del que adopté ese tono “pesimista” que señalabas más arriba. Una última mención: un poeta francés contemporáneo de nombre Lionel Ray, al cual leí hace tiempo, por primera vez, en una antología de poesía francesa. La imagen del espejo y del extravío, presentes constantemente en mis poemas, le deben mucho a su poesía.

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Alberto Gómez Vaquero: “Hay que dejarse toda la sangre, todo el sudor en cada poema”

“Manual sobre cosas irreparables” es el primer poemario de Alberto Gómez Vaquero, que el año pasado se dio a conocer con la novela “Entre dioses y peones” (Amaniel, 2010). Se trata de un poemario que, pese a recoger la producción poética de más de un lustro, es bastante uniforme en su temática, desarrollándose en torno al hilo conductor del paso del tiempo y sus consecuencias.
El amor, la muerte, el tiempo, la decepción marcan este primer poemario escrito con un lenguaje preciso y cargado de sensibilidad.
– ¿Cómo surgió este libro?
Pues es un libro muy poco premeditado. Yo llevaba escribiendo poesía muchos años, pero sin intención de publicar. Sin embargo, poco a poco, en parte porque comencé a trabajar más de cerca con Javier, mi editor, que es un fanático de la poesía, y en parte porque yo mismo vi que había cierto material que sí podía ser válido para publicar, decidí dar un paso hacia adelante y sacarlos a la luz. Y he de decir que a día de hoy, aún no me he arrepentido (ríe)
– ¿Para ti cuál es el hilo conductor o el núcleo de todos estos poemas, porque al final del libro hablas del libro más callejero, del libro más sedentario,…?
Yo no me di cuenta de que había un hilo conductor hasta que comencé a hacer las últimas correcciones del manuscrito. Hasta entonces me había limitado a quitar aquellos poemas que me parecía que no estaban a la altura, a corregir muchos otros y a ver los poemas uno por uno, porque al estar escritos a lo largo de cinco o seis años me parecía imposible – de hecho ni me lo planteaba – que tuvieran un nexo común. Y sin embargo, bien porque a lo largo de estos años ha existido ese hilo conductor o bien, y esto es lo más probable, porque en el momento de seleccionar los poemas para el libro yo elegí aquellos que entroncaban con cierta temática que podíamos llamar existencialista y que era la que más me atraía entonces, lo cierto es que ha quedado un libro más homogéneo de lo que en principio cabría esperar. Y ese hilo conductor, ese nexo yo creo que es el paso del tiempo y sus consecuencias, todo lo que de irreparable, de ahí el título, tiene aquello que tiene que ver con lo ya sucedido, con el pasado.
– ¿Cómo es tu labor como escritor de poesía? Porque imagino que la narrativa exige otra disciplina distinta. ¿Con qué frecuencia, durante cuánto tiempo has estado extrayendo estos poemas? ¿Eres perfeccionista o más de escribir primeras impresiones?
Efectivamente, la narrativa es una disciplina completamente distinta. La narrativa tiene mucho de trabajo puro y duro (documentación, creación de una estructura, de unos personajes,…) e incluso si bien es cierto que requiere cierta predisposición, cierta inspiración, no es menos cierto que si te sientas a escribir uno de esos días en los que crees que va a ser incapaz de hacerlo, siempre sacas algo de provecho si eres tenaz, aunque sea un borrador, o una idea de cómo seguir avanzando con la historia. Además, con la narrativa siempre tienes un baremo de eficiencia para medir su calidad. SI la historia es buena y está bien contada, podrá tratarse de una novela más o menos artística, pero al menos será presentable. Sin embargo, con la poesía ese criterio de eficiencia no existe. Uno está sólo con sus armas. Y lo mejor que puede hacerse, creo, (y aquí es cuando te digo que yo soy de los que prefieren revisar mil veces un poema que fiarse de primeras versiones) es dejarse toda la sangre, todo el sudor en cada poema. De manera que si dos, cinco o diez años después, porque hemos leído a otros autores y hemos aprendido cosas nuevas o hemos visto nuevos caminos, aquello que hicimos ya no nos satisface, tendremos, al menos, el consuelo de que cuando lo hicimos, lo hicimos lo mejor que pudimos y dejándonos la piel en ello.
Lo que sí es cierto es que a la hora de sentarse a escribir por primera vez un poema (independientemente de que luego haya, como digo, una segunda parte de revisión que tenga también mucho de trabajo en el sentido más coloquial del término) sí que se requiere cierta predisposición (que podríamos llamar inspiración, estro o como queramos) sin la cual no conviene comenzar.
– Precisamente ahora que hablabas de autores que hacen cambiar tu perspectiva de las cosas ¿Cuáles son tus influencias poéticas? ¿De qué autores te sientes más cercano?
Los dos autores que me hicieron acercarme a la poesía fueron Lorca y Neruda. Del primero destacaría “Poeta en Nueva York” y “Divan del Tamarit”. Y del segundo “Residencia en la Tierra”. Aunque yo no me siento cerca del estilo de Neruda en ese libro, que por otro lado creo que es irrepetible. Después, entre los autores que más me han llegado (y que supongo que por ello más me han influido) están Jaime Gil de Biedma, Antonio Machado, el Rafael Alberti de “Sobre los ángeles” (aunque tampoco me siento muy cercano a ese estilo), Félix Grande y Francisca Aguirre, Vallejo, Luis Cernuda (en especial “Donde habita el olvido”), Ángel González, el Gamoneda de “Blues castellano” y Leopoldo María Panero, entre los principales. Y de otros países, sobre todo, T.S. Eliot y Ginsberg y después otros autores como Auden, Withman, Rimbaud y Valery (aunque del estilo de Valery tampoco puedo decir que me sienta muy cercano, lo que no quita que su “Cementerio marino” sea una maravilla)
– Una de las cosas que más me han llamado la atención de este libro es el tratamiento que haces de los espacios. El paisaje rural aparece como un lugar donde nada cambia, como un hogar, mientras que la ciudad aparece más como una jungla, como un lugar hostil. ¿Ha sido algo deliberado?
En absoluto. Es otra de esas cosas de las que me di cuenta cuando ya el libro estaba casi cerrado. Ocurre que yo soy de un pueblo muy pequeño y aunque lleve casi diez años en Madrid para mí el hogar, las raíces, siempre estarán en mi pueblo. Y aunque estoy muy cómodo en Madrid, cuando uno viene de un lugar pequeño, la ciudad siempre le parece un territorio comanche, uno de esos lugares en los que el peligro puede aparecer tras cualquier esquina. Además, a nivel más social, en un pueblo todos somos un poco familia, mientras que en la ciudad todos vivimos en el anonimato más absoluto y eso, que es muy bueno en ciertas circunstancias, produce también una gran sensación de abandono en otros momentos. Y creo que esa sensación es la que se ha dejado entrever en los poemas.
– Estos poemas, has dicho, son un poco una selección de lo que has podido escribir en muchos años, pero cómo te planteas ahora la escritura de poesía. Este es un libro muy verdadero, con un grado de intimidad bastante profundo, pero a partir de ahora ¿Hacia dónde vas a ir?
Es difícil de decir. Yo no suelo escribir al menos que sienta la necesidad de escribir, bien porque tengo algo que “vomitar” sobre el papel, bien porque hay alguna obsesión rondándome y creo que poniéndola negro sobre blanco voy a ser capaz de darle forma e incluso de sacármela de encima. Pero, por supuesto, no todo lo que escribes vale. De hecho, el noventa por ciento de lo que escribes no vale. O al menos, es así en mi caso.
Te puedo decir que lo que tengo escrito hasta ahora es una poesía más volcada hacia fuera, hacia el mundo y hacia la sociedad, no tan íntima. Por otro lado, tengo pendiente desde hace mucho (pero soy incapaz de dar con el tono adecuado y he tenido que empezar ya muchas veces) escribir un pequeño poemario sobre ciertas ideas acerca de la naturaleza del hombre (un poco en la línea de lo que fue mi primera novela, pero navegando por otras aguas), aunque, como digo, aún no he dado con el tono y las palabras adecuadas. En todo caso, tengo la sensación de que salga lo que salga, será más conceptual aún que este libro.

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Fallece en Madrid el Poeta José Luis Zuñiga (Torrelavega, Cantabria 1949-2011)

El domingo tres de Abril de 2011 (O como a él le hubiese gustado decir un 34 de Marzo), falleció José Luis Zuñiga, poeta, cantautor, editor.

Murió a destiempo un poeta de su tiempo, dos semanas después de la presentación de su último libro “Ya veo la bala en mi cabeza“, murió con él su optimismo vital, una lucha incansable por el arte, la humildad de un poeta que le hacía grande, los acordes en la guitarra, la última luz que vino de Cantabria. Nos ha pillado por sorpresa la noticia y nunca pensamos que íbamos a cerrar este paréntesis con dos fechas: JOSÉ LUIS ZÚÑIGA (Torrelavega, Cantabria 1949-2011).

 

 

Desde la Revista poesía eres tú, queremos rendir homenaje a José, recordando alguno de sus poemas, que fueron publicados en el libro Tiempo a destiempo:

sobre las colas

 

Esta noche he reventado un cisne
porque ayer hice cola en un bareto.

Fumas un cigarrillo, suena el móvil,
te pones otro whisky,
no ha sido un día de ésos
que recuerdes como algo memorable,
pero te vas de marcha
para ver si la suerte, tan voluble,
deja de ser esquiva.

Y luego, ya se sabe:
no sé si me compensa
pasarme tanta noche haciendo cola
para que luego acaben
tirándome a la cara
un ginger ale con ron.
Me gusta susurrar, y sólo grito.
Quiero sentir un brazo amigo
apoyarse en mi hombro,
dejar pasar la noche entre volutas de humo,
entre conversaciones sobre nada
importante, pero nuestro,
arrancando a jirones nuestras vidas inútiles
y sintiendo que queda alguna huella
de otra piel en mi piel.
Pero me paso el día haciendo colas
y gritando a destiempo.

Y así pasa la vida, y así escribo
estos versos que salieron del alma:
esta noche he reventado un cisne
porque ayer hice cola en un bareto.

Qué le vamos a hacer.

quemar las naves

 

He quemado las naves.
Eso es lo bueno.
Lo malo
es que tengo una isla
para mí solo
y no tengo muy claro
qué hacer con ella.
¿Venderla?
No. Alguien la compraría
para bebérsela.
La quiero para mí.
Yo no me vendo
ni me echo para atrás
tan fácilmente.
No se queman las naves
cada día.
Por lo menos, yo no.
No me gusta sufrir
inútilmente.

 

lo vivido

 

Lo que ha sido vivido
nunca más será arcilla
que modelen mis manos.

Lo que ha sido vivido no tiene ya futuro:
pudo ser venturoso, pero pasó su tiempo.

Lo que ha sido vivido no es ya lo que se espera
vivir —como esperaban mis labios a los tuyos—
ni alumbran sus rescoldos las cunetas que ahora
bordean el camino de la nueva aventura.

Lo que ha sido vivido muerto y bien muerto está.

 

JOSÉ LUIS ZÚÑIGA (Torrelavega, Cantabria 1949-2011). Licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto y funcionario en activo, fijó su residencia en Madrid hace ya tiempo. Iniciado en la poesía desde muy temprana edad, ha publicado numerosos poemarios: A medio andar (1971), Presencia final (1990), Lugares (1997), Nombres propios (1997), Calma chicha (1999), La lluvia de los pájaros (2000), Libro de familia (2001) y Peinarse cada día el corazón (2004), Tiempo a destiempo (Editorial Poesía eres tú, Madrid 2009), Ya veo la bala en mi cabeza (Ediciones Primor 2011).

 

Con el heterónimo de Jorge del Primor ha publicado también relatos cortos como Cuando íbamos al monte (1998) y Escrito con pluma (2002), así como el libro de poesía El grito del Taguloguta (2006). Entre una y otra cosa, el autor ha ido construyendo un imaginario poético de cierta entidad que recopiló, en gran parte, en lo que hasta ahora es su último título: Era otro hoy (Ediciones del Primor, Madrid, 2008)

Como cantautor ha retomado recientemente sus apariciones en directo, actuando en salas como Trovadicta o Clamores. Es autor de más de doscientas canciones, que abarcan diversas épocas y estilos

Estamos ante una poesía que se cuestiona a sí misma si es poesía. El problema, y Zúñiga ya cuenta con ello, es que los seres ciclotímicos como él suben y bajan a velocidades de vértigo. Se podría pensar que la culpa la tiene el paso del tiempo, pero en el caso de Zúñiga, no. Su actividad y presencia en numerosos proyectos culturales y sociales poco tiene que ver con el paso del tiempo. Roto el cascarón y oxidada una rueda que ya no entiende de giros, el poeta que aquí escribe es, por encima de todo, una persona sorprendente, que quiere y es querida y que de la nada consigue crear y, sobre todo, creer en las cosas”.

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Ceremonia de entrega de premios del año 2010 G.E.P.A.

CEREMONIA DE ENTREGA DE PREMIOS. MEJOR LIBRO DEL AÑO 2010

Lugar: Castellana 210
19 de Marzo a las 7:30 p.m.

El pasado 19 de Marzo tuvo lugar la Ceremonia de entrega de premios del Grupo Editorial Pérez-Ayala al mejor libro del año 2010. El premio que en pasadas ediciones ganaron Paco Bello, Alicia Montesquiu, Rubén Señor, Alhama Marcos, etc. cuenta ya con una importante tradición dentro del Grupo Editorial Pérez-Ayala.  Se aprovecho el acto de ceremonia para entregar el premio de la Asociación de Editores de Poesía a la mejor obra de habla extranjera a Najim Mohusin por su obra Ladrar a la luna, el autor Sueco de origen iraquí recibió el premio de manos de D. José Elgarresta presidente de la Asociación Madrileña de Escritores y Críticos Literarios que actuó en representación de la Asociación de Editores de Poesía por ausencia de su presidente debido a un accidente.

Los premios del Grupo Editorial Pérez-Ayala recayeron en Ediciones Rilke: Pablo Méndez por su obra Ana Frank no puede ver la luna. En ediciones Amaniel: Alberto Gómez Vaquero por su novela Entre dioses y peones.  En la Editorial Poesía eres tú: Andrés Nuño (El  pastor de Carenas) por su obra La bandera del mundo. El premio global del Grupo Editorial Pérez-Ayala recayó en Ana María Olivares por la Antología Poética Poetas en Jumilla.

Ceremonia de entrega de premios GRUPO EDITORIAL PEREZ-AYALA
– Mejor libro del Año 2010 Asociación de Editores de Poesía. Modalidad habla no hispana Najim Mouhsin – Ladrar a la luna.
– Mejor libro del año 2010 Ediciones Rilke: Pablo Mendez – Ana Frank no puede ver la luna.
– Mejor libro del año 2010 Ediciones Amaniel: Alberto Gomez Vaquero – Entre dioses y peones.
– Mejor libro del año 2010 Editorial Poesía eres tú: Andres Nuño – La Bandera del mundo.
– Mejor libro del año 2010 Grupo Editorial Pérez-Ayala – Ana Maria Olivares – Antología poetas en Jumilla

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Blanca Uriarte: “No puedo esconder mi propia lucha interna para imponer el contenido a la forma”

Blanca Uriarte publica su segundo libro con “Poesía Eres Tú” – después del éxito de “De humo y nada” – bajo un título tan sugerente como “Deja que el silencio hable”. Se trata de un poemario donde la poesía social se funde con la intimista, transcritas ambas en un lenguaje desnudo y directo, fiel reflejo de las influencias de su autora.

– El título del libro, “Deja que el silencio hable” y el primer poema son una oda al silencio. Sin embargo, en seguida cierto ruido comienza a colarse en tus poemas, por ejemplo, en el segundo poema, sin ir más lejos, con unos versos sobre los malos tratos, casi es como si quisieras resaltar por el contraste ese silencio que tanto cuesta lograr

No puedo engañar a nadie. Es evidente que es un libro de contrastes: de poemas etéreos y otros más reales. No puedo esconder mi propia lucha interna para imponer el contenido a la forma.

También es muy posible que, aunque no haya habido ninguna intención explícita, el libro vaya sutilmente encaminado en el desarrollo de sus páginas a resaltar esos contrastes.

– Hemos hablado de un poema sobre las mujeres maltratadas, pero no es el único de contenido social. Otros como “Puede”, “Me declaro culpable”, “La calle habla”, tienen también una temática muy social, con un importante componente de culpa, del poeta que mira, pero lo hace desde la placidez de su hogar. ¿Qué te lleva a escribir esos poemas?

Como ya he dicho, es una forma de ver la vida… Son mis propias contradicciones, mis miedos y mis derrotas ante los aconteceres del mundo… La absoluta impotencia por no ser capaz de lograr un mundo mejor y, a veces, por no ser capaz de intentarlo siquiera (También aquí dando gracias, porque estamos en el lado de la suerte y me daría vergüenza llorar mi propia imbecilidad). A veces uno tiene que saber aceptar sus vergüenzas.

– Poemas como “El reloj de arena”, “La tierra se quiere bajar” o “En la selva muerta”, añaden un elemento de absurdidad de la existencia, de vacuidad. ¿Qué lugar ocupa la poesía en esa existencia absurda que dibujas?

Agradezco cada momento de la vida y soy optimista, demasiado incluso, por naturaleza. Aún así conozco perfectamente mis pies de barro, mis errores y mis preguntas sin respuesta… Mis sentimientos son patrimonio de la humanidad, sólo es cuestión de sensibilidad, de ver más allá de lo que se puede o interesa ver.

 

La poesía es mi terapia personal, un toque de sinceridad conmigo misma y con el mundo… sin que eso quiera decir que la vida sea oscura.

– El último gran tema de tu libro podríamos decir que es el desamor: “Más allá del hielo”, “Duele la vida”, “A esa hora y ese día”,… ¿es el desamor un buen combustible para sentarse a escribir?

Me reitero, son los sentimientos del mundo en la noria absurda del momento. Sólo es cuestión de ser capaz de valorar el especial segundo que ya nunca volverá; y plasmarlo, desde la desnudez del alma, sin disfraz.

 

Reconozco una atracción fatal hacia las contradicciones y las miserias del mundo, que considero además el mejor combustible para la escritura. En general, me cuesta muchísimo más hablar de mis momentos de felicidad; ahí es donde sólo me gusta dejar entrar a los míos.

– Hablando a nivel más formal, has optado por un lenguaje muy desnudo y unos poemas muy centrados en un tema, con pocas digresiones, algunos como “Corazón al aire” o “Tus suspiros”, son casi epigramáticos. ¿A qué se debe esta apuesta? ¿Qué te lleva a este tipo de lenguaje y de poesía?

Tengo muchos poemas cortos, aforismos, reflexiones… Me encantan por la sencillez (diferente a la simplicidad) y la intensidad del mensaje.

 

Como ya di a conocer en mi anterior entrevista, en un primer momento fui presa de un enamoramiento total hacia la poesía de Gloria Fuertes por esa misma intensidad de mensaje que yo anhelo. Sé que es la única vía posible para mi escritura, una necesidad por encima de cualquier otro principio… Es mi único instrumento, mi respiración, la boca de mi sentir, una forma de llorar y reír la vida desde la compañía del mundo.

 

– El poemario se cierra con un poema que trata un tema muy recurrente en las generaciones actuales de poeta: el peso de las responsabilidades laborales, e incluso sociales, y su mal encaje con la poesía: ¿Cómo se lleva la poeta Blanca con la Blanca trabajadora?

Me llevo mal con la trabajadora, porque me roba horas y energía…Pero, es posible que hasta en eso la poesía sea una revelación, porque supone una válvula de escape y un sueño integrado en la cotidianeidad, que me relaja y me transforma (a pesar de que mi vida sea absolutamente prosaica).

 

РPor ̼ltimo: cu̩ntanos qu̩ poetas y qu̩ lecturas te han influido a la hora de escribir este libro

Teniendo en cuenta que me gusta un lenguaje poco barroco y desde luego poco elitista, que se entienda y que sea capaz de comunicar; me gustan sobre todo, todos los autores que se mueven en esa línea…

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