Ya no podría vivir sin ti

 

Ya no podría vivir sin ti…

¿Cómo perderme si no quiero?

¿Cómo alejarme si no debo?

Podría reducirte a cifras,

todo son matemáticas.

Cambiarte una y mil veces

y mis esfuerzos habrían sido vanos.

No resuelvo esta ecuación.

¿Cómo decir?, o quizá callar.

¿Cómo explicar?, o tal vez mostrar.

Ya eres parte de mí, mi prolongación,

mi dependencia, mi ángel en la adversidad,

mi refuerzo, mi alegría, mi ilusión.

Quizá también mi decepción.

El canal de mis secretos, testigo de mis anhelos.

Guardián de mis bajezas, señor de mis rarezas,

jardín de mis deseos.

Contigo; ágil, torpe, sensata, temeraria,

miedosa, acobardada.

Todo me lo das, sacias mi curiosidad, mi vida,

mi enfermedad, mi recuperación, mi bienestar…

¿Cómo dejarte ir?

Ya no soy sin ti.

 

 

(Inspirado por mi teléfono móvil)

Vida

 

Si bastase una palabra

para describir el presente,

¿qué diría tanta gente?,

¿qué palabra fuera usada?,

¿tal vez un sonido amable?,

¿o quizás un tono agudo?

porque lo que es seguro

debe ser universal.

Tantas letras que se agolpan

para un vocablo formar,

todas quieren tomar parte

pues como ellas mismas saben

lo escrito por largo tiempo

en la retina ha de quedar.

Si tuviese que elegir

mucho yo no dudaría,

tengo clara mi palabra

y esa palabra es: vida.

La partitura

 

Es un círculo vicioso.

Por amor, ¡tan clamoroso!

Un cielo abierto a la nada.

Una vida desdichada.

Mas ¿no sé?, ¿qué puedo hacer?,

¿cómo dejar de querer?,

¿el amor tiene remedio?,

mas ¿no sé?, ¿qué pongo en medio?,

¿un río?, ¿un bosque?, ¿una nación?,

quizá baste una canción…

Tóquese la tecla correcta.

Siempre habrá una mano diestra.

Con paciencia y diligencia,

armonía ha de encontrar.

Si sigue los ocho pasos,

el ritmo le irá llevando

a esta mano dormida

que desea ser querida

y la partitura tocar.

El gran sábado

 

Ha venido el circo al barrio.

No es un sábado cualquiera.

Me han cogido unas entradas,

me han plantado una chaqueta

y montado en bicicleta

a la carpa he ido a parar.

¡Y comienza la función!

Lentejuelas a mansalva,

elefantes y panteras,

conejillos en chisteras,

acrobacias por doquier

y también funambulistas.

¡Una fiesta es esta pista!

Ya no quiero ir al colegio.

Lo que quiero es ser artista.

El soldado raso

 

Sólo fue un soldado raso.

Firme y fiel marcaba el paso.

Luchaba con cierta violencia.

Le tocó pedir clemencia:

—¡No me mate!, ¡se lo ruego!

—¡Qué se cree!, ¿que esto es un juego?

—Nada tengo, se lo juro.

—Ya lo sé, no vale un duro.

—Pues entonces, ¿qué decide?

—¿No sé?, ya que me lo pide…

libertad le voy a dar.

Y marchó por el camino

y la vida valoró

y de su propio destino

en señor se convirtió.

La dueña del invierno

 

Ya no temo al silencio,

símbolo de soledad.

No temo a la amargura,

amiga de mi pesar.

Soy la dueña de los inviernos

que viven en mis recuerdos.

Me propuse retar al amor,

sentir el dolor,

creí ser más fuerte

pero pudo más que yo.

He conocido el llanto,

el quebranto, la traición…

Corren por mis manos

las líneas que dibujan

el camino del destino

que no siempre me guió.

Quizá todo es más sencillo,

¡Qué sé yo! Ya no creo en el amor.