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Queridos amigos: Os invito a que leáis esta reflexión sobre un gran libro, El caballero de la armadura oxidada

Escrita por Zen…

http://www.la2revelacion.com/?p=246.

 

El castillo de la voluntad y la osadía.

 

“No me puede abandonar ahora”, se dijo el caballero. “ Me prometió que no habría dragones en el Sendero de la Verdad”.

-Se refería a los dragones comunes y corrientes – rugió el monstruo con una voz que hizo temblar los árboles y que por poco hizo caer a Rebeca del hombro del caballero.

La situación parecía seria. Un dragón que podía leer las mentes era definitivamente lo peor que se podía esperar pero, de alguna manera, el caballero logró dejar de temblar. Con la voz más fuerte y potente que pudo, gritó:

– Fuera de mi camino, garrafa de butano gigante¡

La bestia bufó, lanzando fuego en todas direcciones.

-Caramba, ¡ qué atrevido el gatito asustado¡

El caballero que no sabía qué más hacer, intentó ganar tiempo.

-¿Qué haces en el Castillo de la Voluntad y la osadía? – preguntó.

– Hay algún sitio mejor donde yo pueda vivir? Soy el Dragón del Miedo y de la Duda.

El caballero reconoció que el nombre era muy acertado. Miedo y duda era exactamente lo que sentía.

El dragón volvió a vociferar.

-Estoy aquí para acabar con todos los vivos que piensan que pueden derrotar a cualquiera simplemente porque han pasado el Castillo del Conocimiento.

 

 

Sam intervino.

_ ¿Cómo te soportas si no tienes la voluntad y la osadía de poner a prueba el conocimiento que tienes de ti mismo.

-¿Tú también crees que el conocimiento de uno mismo puede matar al Dragón del Miedo y de la Duda? – preguntó el caballero.

– Por supuesto. El conocimiento de uno mismo es la verdad y ya sabes lo que dicen: “ La verdad es más poderosa que la espada”.

– Ya sé que eso es lo que se dice, pero ¿ hay alguien que lo haya probado y haya sobrevivido? – preguntó sutilmente el caballero.

Tan pronto como acabó de pronunciar estas palabras, el caballero recordó que no necesitaba probar nada. Era bueno, generoso y amoroso. Por lo tanto, no debía sentir ni miedo ni dudas. El dragón no era más que una ilusión.

…Con el pensamiento en la mente de que el dragón sólo existía si él creía que existía, el caballero inspiró profundamente y, con lentitud, volvió a atravesar el puente levadizo.

El caballero de la armadura oxidada, Robert Fisher

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