Relatos

Volver a empezar

La Telaraña en El Mundo.

 
 Después de la vergüenza política y del desastre económico, moral y ético del Brexit no las tenía todas conmigo. Las elecciones son lugares comunes, que ocultan infinidad de ciénagas, el terrible cataclismo que acontece cuando no se distingue con claridad entre la realidad y el deseo. Si somos tozudos, la realidad, más; y es así que nos engulle para dar algún que otro sentido a nuestras vidas y liberarnos de la insoportable levedad de vivir a nuestro aire, que es como vivimos, porque ya no nos queda otra y es tarde para cambiar o dejar que la realidad nos cambie. Nos cambie sin mutilarnos, quiero decir.
 Con todo, parece que la masacrada clase media española se puso en pie y demostró, con su voto, que no está dispuesta a que le quiten lo poco que aún le queda, esas pensiones revoloteando en el aire de todos, ese trabajo precario, esa economía subterránea y casi de estraperlo, este futuro incierto: quizá no haya otro y cualquier cosa sea mejor que aferrarse a la locura y a la estupidez, el vacío tullido del populismo.
 Pero les seré sincero. No sé si nuestra forma de vida es o no sostenible. Tampoco si hay vida fuera del infierno de las directrices de la "troika", su economía de guerra perenne, su imperio de especulación y recortes, su danza bancaria alrededor del becerro de oro. Me queda la sensación, que no la certeza, de que es posible un futuro mejor a base de regeneración y de cambio. Quizá haya que devolver a lo público las ilusiones y las responsabilidades, de todo tipo, propias de lo privado. O así.
 
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