Creación

Viajeros del tiempo


La Telaraña en El Mundo.
 
 Puede que pensar, discurrir, quizá escribir y hasta gestionar el ir y venir de las cosas de la vida y la política, se resuman en viajar, una y otra vez, a través del tiempo. Un viaje al pasado, que es donde la memoria busca sus raíces, y otro viaje al futuro, que es donde realmente nace nuestra memoria. ¿Dónde si no? Así la materia toma conciencia de sus límites; así el cuerpo se reconoce; así las cosas que hacemos y las que no, se inscriben en un plan mayor al que llamamos destino. Hay que ver cuánto nos gusta ponerle nombres a las cosas sin nombre.

 

Destino no es lo mismo que predestinación, pero se le parece. Gracias al cinematógrafo abierto hasta el amanecer de Internet visioné la película «Predestination», la última de los hermanos Spierig. El tiempo en manos de los políticos y sus agencias secretas me llevaron hasta la paradoja en la que, a base de rebobinar la existencia, uno puede alcanzar a ser su propio padre, madre y hasta hijo sin dejar de ser uno mismo. Delicioso, pero terrorífico.

 

La realidad, pues, no deja de retorcerse mientras la historia pierde su temblor dialéctico y se vuelve una madeja en la que cada hilo suelto puede cambiar el futuro y hasta dejarnos sin él. Ello explicaría que el sueño de todas las dictaduras y, muy en especial, de los nacionalismos, se haga fuerte en los conceptos territoriales a base de manipular la historia, es decir, el relato con que se nos oculta la esencia de lo que somos: simple materia iluminada entre las brasas del tiempo. Pálpito. Parpadeo. Acaso erupción. Vértigo.

 

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El monólogo de Teneré



El inevitable monólogo interior de cada día:

 


Aquí el rocío en la piel, la,


tras la ducha, el espejo,


he de llamar a Petra,


en Praga no sé cómo andan


de hospitales, pensé, algo intranquilo,


mientras prendía fuego a un viejo atlas


repleto de naciones que ya no existen,


pero, ah, la ternura,


el musgo verde entre las losas


y el viaje de ida y vuelta,


en espiral o en círculos concéntricos,


el viaje elíptico y entrecortado,


qué sé, qué no, yo, qué,


la niebla, el móvil, la cajetilla


de tabaco, la pluma, el blog de Justo


Serna y sus héroes alfabéticos,


este teclado de ceniza,


el poema, la voz, las voces


sin un instante de tregua,


joder, y este alud de ázoe


o cuántas cucarachas, anoche,


el ruido de afuera y el agobio,


la telaraña en,


cuántas columnas de humo


o de literatura,


los extractos bancarios,


el teléfono que chirría,


una voz de metal y


bla, bla, bla, cuelgo,


no necesito ayuda


pero no sé si


acabaré cediendo, ¿por qué


la bruma nunca se disipa? la contusión,


el hombro, el hombre, el cuerpo entero


de piedra pómez o no sé si de la luna,


el hombre de la luna, la risa lunar


o si esta atrofia degenerativa


de las fosas comunes y los panteones,


el cielo subterráneo de los pasajeros


de un aeropuerto en cuarentena,


el esqueleto a ráfagas de los fósiles


o qué románticas las ecografías


y cuánto duele evacuar


el temor persistente


la sospecha


de que algo no anda como debiera,


será la hipocondría, tal vez,


o el cielo que está cubierto


siempre de sol y nubes,


pero no importa,


he de vestirme


y salir a la calle


a la cuesta de la calle


a la cuesta empinada de la calle Olmos,


donde un niño y una niña juegan a quererse,


sin saber qué será de ellos en veinte años


y si gobernarán el mundo


o las cloacas,


pero salgo a la calle, salgo


como si asemejando la sintaxis


de alguna frase retorcida,


sí, estás muy hermosa


esta mañana, esta tarde, esta noche,


buenos días, buenas tardes,


buenas noches, oh, sí,


ahora y siempre,


pese a mi mala cenestesia,


pero hoy no, hoy es 21 de agosto,


un café largo y un periódico,


por favor, gracias, sí,


ya tomé mis pastillas


y los libros, el moleskine, mi ración


de soledad, sí, muchas


gracias, gracias, de nuevo,


el aire del Mediterráneo huele a naipes


y a flores escondidas en un vientre,


las pinzas de madera del Bar Bosch,


el número apocalíptico de Fibonacci,


la rima artificial de los audífonos,


el tambor persistente de hojalata


y sólo tres monedas en las manos,


el mechero sin gas y el castillo a lo lejos,


dejé el Ipad en un arcón


y el alma y el reloj, Facebook, la.


 


Dios debe estar de vacaciones.





(Fragmento de mi poemario El Árbol de Teneré, Calima Ediciones, 2012) Read the rest of this entry »

El fulgor y las palabras

La Telaraña en El Mundo.
 
 
  Pasan los días tan rápidos y resbaladizos que no nos queda otra, a veces, que agarrarnos con fuerza a las palabras por ver si logramos fijarle la brújula a nuestros sentidos (a un par de ellos, al menos) y darle, así, cierta consistencia lógica a todo cuanto hacemos más allá, por supuesto, de la rutinaria inercia del paso del tiempo. Hay, pues, que ponerle alguna que otra brida a la naturaleza y detenerse, siquiera un instante, para reflexionar sobre lo que somos cuando percibimos no ser, exactamente, lo que quisiéramos, sino un croquis parcial, un deseo aplazado, quizá un holograma, tal vez un espejismo.
 
 Algo sabemos sobre nosotros mismos y, aunque sólo sea por azar, sobre los demás. Todos. Pero eso es tan cierto como que ignoramos, también, infinidad de matices propios y ajenos. El paisaje que auscultamos (y del que formamos parte) es un lugar esquivo, siempre sumergido en un claroscuro indeciso que nos seduce igual que nos atormenta. No hay forma de saber de dónde viene la luz. No hay forma de saber a dónde va la oscuridad.
 
 Pero ahí estamos, en efecto. Entre la luz y las sombras. Deslumbrados. Ciegos. O casi videntes cuando, a nuestro pesar, conseguimos olvidar todo cuanto creemos saber o desconocer y nos abandonamos al fulgor elemental de las palabras. Por ellas, hoy he escrito estas líneas. Buscándome. Buscándoles.
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el séptimo día

Casi para despedir el año, muy en especial, el mío propio, os dejo un fragmento de mi poemario Tratado de las cosas sin nombre (Calima, 2009):




Hoy es el séptimo día aunque no nos lo parezca.

 



Lo dijo Píndaro:


Ojalá llegues a ser


el que eres.


 


Esta es la hora difícil de la demora, del baile


en los alrededores, en la escarcha rota


del primer vientre, en su desgarro,


en el deseo clandestino, en su barniz


de ámbar aletargado como un fósil.


Es la hora del recuento en las alforjas


del vacío inventario del vacío. La fiebre


que me venció en París o la melancolía


de las aves cruzando Hyde Park. [Aquí los nombres


son sólo parte del paisaje y de los estados de ánimo,


un lugar transitorio como la soledad perenne] El sexo


más allá del hastío en Valencia. Las miradas de amor


naufragando en los muelles de Barcelona. El refugio


ficticio en Palma y el hábito de hurgar en las grietas


cómplices de Babel: el error subterráneo de las religiones 


y las ciencias. [Intento reescribir un torso,


un hogar penetrado de metáforas


y una piel que fue tuya, pero sólo consigo evocar


su abismo] Esto es la muerte y la vida. Aquí


nada empieza ni acaba, todo se refleja ovillado


en círculos concéntricos, la postura


fetal de un hombre que ha perdido no sabe qué


ni dónde o en los murmullos del ser. Pero si somos algo,


somos el cazador que busca refugio en la noche


y enciende las linternas y cree que las sombras,


como así acabará sucediendo, le clavarán sus colmillos


y le recordarán su nombre de piedra, de sangre, de fuego,


de sílabas flotando en los pasillos del aire.
 
 

 
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Teneré – El Coloquio

El Árbol de Teneré en El Mundo.

Pues eso, una entrevista antes de la Presentación de mañana en La Biblioteca de Babel. Y el enlace al pdf: aquí. Read the rest of this entry »

42 folios

Ya puedo decirlo. Libro acabado. Un poema de unos mil versos y doce sonetos heterodoxos a modo de epílogo. También unas notas para el lector y puede que, también, para mí mismo.Ahora sólo soy la sensación dolorosa de una interminable convale... Read the rest of this entry »

Los Lugares del Sitio en la revista Ojos de Papel

Francisco Fuster ha tenido a bien escribir sobre mi libro Los Lugares del Sitio en la Revista Ojos de Papel. Muchísimas gracias, Paco. Read the rest of this entry »

Los Lugares del Sitio, en Literanta – Lo que dije.

Qué bueno reencontrarse con tanta gente conocida. Muchas gracias a todos. Bien. Ojalá yo tuviera algo realmente nuevo que decir sobre «Los Lugares del Sitio», el libro que hoy nos convoca, que no haya dicho ya en las presentaciones previas a ésta,... Read the rest of this entry »

Entrevista en El Mundo.

La podéis leer en PDF este enlace. Y a continuación:¿Cómo encaja esta obra en el último periodo poético que cerraba Tratado de las cosas sin nombre, ya que está escrita con anterioridad?La verdad es que no sé si encaja, si culmina, si prolonga ... Read the rest of this entry »