Sobreinformación

La Telaraña en El Mundo.

 Un chaval recibe las burlas constantes de sus compañeros y va engendrando, con el paso del tiempo y los revuelos hormonales, un odio insoportable hacia todo lo que le rodea. Es lo que tiene, por desgracia, no lograr encontrarse a uno mismo en la larga y tortuosa aventura que acostumbra a ser la vida, esa mezcla de situaciones favorables y desfavorables, ese viaje desnortado por el filo mismo de los acantilados, con el viento tantas veces a favor como en contra, con la sensación asfixiante que da no tener ni un segundo de tregua y la obligación ineludible de ir adaptándose absolutamente a todo, incluso a lo que no imaginábamos.

 No pensé en nada similar, mientras el pánico parecía haberse adueñado de Múnich y las imágenes nos mostraban a la gente huyendo despavorida y la voz del narrador nos contaba que la policía andaba persiguiendo a presuntos terroristas en muy diversos y alejados lugares. Esto es París, Bataclan, Londres, Madrid. Nueva York. Niza. Esto es la guerra, pensé, pero no.

 Era un único joven alemán, hijo de iraníes, de tan sólo 18 años, con una pistola comprada en algún boulevard en llamas de internet y una insoportable carga personal de frustración y locura a sus espaldas. Era el pánico colectivo personificado en la violencia asesina, e incluso suicida, de uno de nuestros hijos. Era la exagerada y obsesiva respuesta general ante el exceso de información, aparentemente global, aséptica e instantánea, que recibimos continuamente. Éramos nosotros mismos puestos, al fin, en dolorosa evidencia.