Alcohol, drogas y sexo

La Telaraña en El Mundo.

 Alcohol, drogas y sexo. O Magaluf y la Playa de Palma. No se nos ocurre, francamente, una oferta propagandística más rotunda, un anzuelo publicitario con más y mejor gancho, un paquete vacacional que pueda superar este acelerado descenso a los infiernos abisales del sur y dejarnos, por supuesto, su huella marcada. A fuego líquido, sangre o semen. Los bárbaros del norte, que tanto sedujeron al viejo Cavafis, ya no vienen en son de invasión o guerra, aunque nos sigan invadiendo como antes y la lleven, la guerra, incorporada de serie, como una especie de infalible brújula interior sin más vórtices que los tres de marras.
 Alcohol, drogas y sexo. Me resulta reconfortante saber que, tan sólo a unos pocos kilómetros de donde vivo, late el siniestro paraíso artificial de quienes no parecen resignarse a haber sido expulsados del paraíso. Me parece bien que algunos no se resignen. Me parecen bien que sigan bebiendo y fornicando mientras puedan. Me parece estupendo que vuelen, verticales y ciegos, desde los balcones del vértigo al gélido y duro empedrado de la realidad.
 Alcohol, drogas y sexo. Uno nunca se cansa de repetir las tres palabras mágicas con las que se abren todas las puertas y también todos los escondrijos. Visito los videos antiguos que promocionan, haciéndolos pasar por nuevos, los tabloides británicos y observo que, por desgracia, cualquier tiempo pasado fue mejor. En efecto, hace unos cien años pasé un par de noches en Punta Ballena y en la Bierstrasse y la verdad es que aún no me he recuperado.