Los 161

La Telaraña en El Mundo.
 
 Supongo que estar sin gobierno no es lo mejor para nadie. No lo es para una comunidad de vecinos ni para un sindicato de mamporreros del tres al cuarto, por ejemplo. No lo es para ninguna hipotética unidad de destino en lo universal, ya sea una etnia lingüística más o menos iluminada, un país normalito, una modesta nación o una alambicada nación de naciones; no es lo mejor, en fin, para España, que es un poco de esto y de aquello, una especie de bulto sospechoso o de presencia sobrenatural, según se quiera ver, que lleva más siglos que nadie en el mapa social y cultural de Europa sin que se sepa, al parecer, lo que realmente es.
 Ayuda a esta indefinición conceptual la mala cenestesia que padecemos como comunidad. En efecto, no estamos a gusto con nosotros mismos. Nos duelen las partes y, pese a lo mucho que las cuidamos, nos acaban pareciendo tan ajenas y prescindibles que casi quisiéramos extirpárnoslas. No pinta bien el enfermo, aunque sea imaginario y le guste serlo; no hay nada como una buena hipocondría para durar la eternidad entera sin dejar de quejarse.
 Con todo, no sé yo si es mejor estar sin gobierno que estar con según qué gobierno. A medida que chisporrotea la mecha encendida de la nueva convocatoria de elecciones aumenta la espantosa posibilidad de que Iglesias y Sánchez (dos cadáveres políticos si hay repetición electoral, el tercero es Rajoy) se líen la manta a la cabeza en busca de esos 161 escaños redentores que no se sabe muy bien ni a quien representan ni, sobre todo, para qué sirven.