Hecho por travesura

La Telaraña en El Mundo.

 La publicidad no tiene otra misión que vender al público un determinado producto y glosar, con mayor o menor acierto, la forma de vida que se quiere promover, su ritmo bullicioso o, quizá, solemne, la búsqueda de una imagen llamativa que se nos quede, en fin, prendida en la retina del deseo tras un rápido vistazo a un cartel fotográfico, un spot televisivo o un corto de efervescente guión en las redes sociales.

 Así, en YouTube está el video de «Made for Mischief» (hecho por travesura). Y en Jaime III, el fotograma extraído de ese mismo video en el que dos chicos y una chica, jóvenes y muy guapos los tres, juegan a los eternos requiebros de una seducción del todo inocente sin más armas que su dentífrica sonrisa y la ropa vaquera de una conocida marca. Puro diseño de un instante de placer que ya hemos tenido y que, de seguro, volveremos a tener. Cuando la vida deja de ser un juego se convierte en otra cosa; tal vez en un juicio sumarísimo, un perverso dictado moral, una monótona plegaria sin más sentido que la represión o el absurdo.
 Aquí es donde aparecen Fina Santiago y Neus Truyol (MÉS, al aparato) para aplicarle a la realidad la severa lavativa de la corrección política. Su denuncia por sexismo del inocuo cartel publicitario, ante el Institut Balear de la Dona, huele a naftalina y a Inquisición. Apesta al añejo sudor puritano del feminismo. Hiede a brida y a corsé públicos sobre la que siempre ha sido la primera víctima de todos los proselitismos que han sido y siguen siendo: la libertad privada, por supuesto.