En primera persona

La Telaraña en El Mundo.

Cambié la alerta amarilla de Mallorca por las ruidosas manifestaciones de Valencia. Desde ahí les escribo, quizá sobre la otra cara de la misma corrupción, los mismos desórdenes mentales que se disparan, según la UIB, por la crisis o sobre cualquier otra cosa. Literatura y amistad, por ejemplo. O lo que es igual -aunque el milagro no siempre suceda- sobre la presentación de mi nuevo poemario convertida en coloquio entre el historiador valenciano Justo Serna, el editor mallorquín Javier Jover y un grupo de gente que aún ama los libros, la reflexión sin chirridos y el método de hurgar entre líneas para mezclar la actualidad más rabiosa y la más intemporal. No sé cuál es la más urgente.
Tampoco sé qué es esa rabia ni si existe ese arcón repleto de polvo y silencio de siglos. Los días se suceden y, pese a todo, nos mejoran. No puedo demostrarlo; por eso, lo afirmo. Los años pasan y los libros se suceden, una idea otra -inesperada- se añade a las anteriores y es así como el pensamiento crece y se vuelve más flexible y tolerante, menos presuntuoso.
Me preguntaría a quién representamos, pero obviaré la respuesta. Alguien puede leer esta columna y pensar que hablo de mí mismo… ¡y además en voz alta! Pero no es así. Está el pudor, omnipresente, y la certeza de que, en realidad, nunca hablo de mí mismo. Ni siquiera cuando, como hoy, lo hago en primera persona.