Paisaje con peligro

La Telaraña en El Mundo.
Hay campañas que se eternizan y se convierten en una sucesión de paisajes desolados que sólo sueñan -o se sueñan, los pobres- con sucederse a sí mismos y, así, conseguir como si perpetuarse, aunque se sepan -o presientan- del todo estériles y hasta baldíos o tan paradójicos y comunes, en fin, como alguna de esas enfermedades sin nombre que crecen no se sabe dónde y se instalan en el cuerpo y la mente y arrasan con las células y usurpan la vida -y el abanico de todas sus sonrisas- hasta convertirla en nada. O en lo que hay, esa sospecha, ese espectro, la triste servidumbre del continente sin contenido. Qué frío que debe hacer ahí adentro.
O quizá no. Porque, de momento, la OCB anda reuniéndose, aunque no sé si a manteles, lazos o sogas, con todos los partidos políticos, incluido el PP de Bauzá y, aún, de Antoni Pastor, en su intento por dar una cabriola y un revolcón en el abismo a las reformas lingüísticas anunciadas por el ejecutivo balear. Las mismas, en realidad, que nadie acaba de ver por ningún lado, pero bueno. Así están las cosas.
O así se empeñan, algunos, en que estén. Porque el paisaje es tan surreal que asemeja un espejismo, tan irreal que aturde, tan de mentiras que da vergüenza ajena, por no decir otra cosa. Pero no, dejémoslo claro, aquí no hay ningún conflicto lingüístico. Lo único que peligra es la libertad. Y qué peligro que tiene ese peligro.