Las Flores del Mal

La Telaraña en El Mundo.
Será, tal vez, el fruto bastardo de los recortes, el «spleen» de las terrazas del Borne, el dudoso interés general o alguna que otra peregrina circunstancia, pero me ha sorprendido que la Semana del Libro en Catalán y la Feria del Libro se celebren como dos eventos en uno -juntos, que no revueltos- del 1 al 10 de junio en el Parque de Las Estaciones.
Pero igual es que se me escapa que las partidas presupuestarias y el tiralíneas caprichoso de las subvenciones tienen la virtud, o el defecto, de crear múltiples realidades virtuales donde sólo hay lo que hay y no más, por mucho que lo deseemos. ¿Qué sentido tiene, pues, potenciar las partes al margen del todo que las contiene o, peor aún, concederles una identidad que no tienen? Creo que no la tienen, pero quién sabe.
El hecho es que la parte y el todo acamparán, qué remedio, bajo el rigor del mismo sol y las mismas lonas y, en ese oasis compartido, mantendrán sus respectivos nombres y hasta su íntima razón de ser. Será que una cosa son los libros y otra los libros en catalán. Pero no sé yo. Me da que los libros son como pétalos de papel cosido, donde el universo se expande o contrae según las preferencias, manías o luces de quien sueña con patíbulos mientras fuma su pipa de flores malignas, ese monstruo delicado: el hipócrita lector, nuestro semejante y hermano. Será eso o será el tedio. Según Baudelaire, claro.