De viudas y paquidermos

La Telaraña en El Mundo.
A Berlusconi, al parecer, se le disfrazan las niñas de monjas y, además, le bailan, con manifiesta voluptuosidad, no sé si la danza del vientre o si la de los siete velos. Mientras tanto, observo la foto de una de las presuntas niñas, Nicole Minetti, y confirmo que quita el hipo. Todo un alivio, sin duda, porque ya me había contagiado del país entero hipando, a la vez, entre paquidermos reales en estampida y viudas -de Kirchner- rabiosamente compulsivas.
Ya sé que cualquier pretexto puede valernos, aunque de refilón, para ahuyentar la sombra -o la certeza- de la intervención que se avecina. Pero hay un temblor subterráneo en las palabras de todos que no sólo depende de los hechos, sino de algún miedo interior y colectivo, de algún mal presagio que se expande como la lepra, cuando la lepra no tenía cura. Hay muchas cosas, aún, que no tienen cura.
Pero para enumerar ese catálogo infernal me falta espacio y paciencia. Prefiero ver el paisaje y auscultarlo como si nos dibujase -puro impresionismo- jugando un partido difícil en terreno hostil y ajeno. Moviendo fichas inútiles e intempestivas, cuando lo único, quizá, que podría salvarnos es huir de la romería de los descerebrados, sin otra en la mollera que el chiste fácil, cuanto más fácil, más soez y, así, más inocuo. Sexo furtivo, caza mayor o menor, banderas, lenguas. Cosas así de estúpidas. O solemnes.