Lenguas de la realidad

La Telaraña en El Mundo.
Pienso en las barbas del vecino a remojo. O en las mías. La actualidad tiende al gag y a la parodia. Lo que ocurre aquí o allá puede suceder en cualquier otra parte. Así, a Alejandrina Cabrera, candidata al consistorio de San Luis, Arizona, la han obligado a retirarse de las elecciones por su falta de fluidez en inglés. Es sólo una anécdota, pero no nos extrañaría que, en breve, alguien que no hable catalán resulte, también, del todo impresentable en Baleares. ¿Y si no hablase bien castellano? Bueno, sólo con recordar la oratoria de Cañellas, Matas o Antich ya nos vale. No. No hay problema.
No sé qué idiomas, cuáles, debieran ser precisos para subirse al pedestal del poder. Cuántos más mejor, pienso, pero igual yerro. Sería de ver un presidente que discurriera, quizá, en latín o griego -además de en alemán- pero que supiera explicar la realidad en el propio e indescifrable dialecto de lo real. Para ello no valen las lenguas muertas ni vivas. Ni el catalán ni el castellano. El lenguaje de la realidad es una mezcla de tantas voces que descifrar su gramática requiere de un don de lenguas que acaso ya no existe.
Habría, pues, que buscar un universo paralelo en el que vernos como si fuéramos otros. Y juzgarnos en él, aquí, como allá en San Luis, Arizona, donde más del 90% de la población es hispana y habla, de preferencia, en castellano. Ese lugar me resulta muy familiar. ¿No les parece?