Minimalismo de urgencia

La respuesta al debate de los sábados en El Mundo: ¿Está de acuerdo con la reducción de consellerias y altos cargos de Bauzá?
 
No. O no tiene por qué. O ya lo veremos. O quién sabe. Parece obvio que el paisaje administrativo cambia, y además mucho, y que hasta pinta muy bien, muy seductor, lo que vemos o, quizá, intuimos, pero con eso no nos basta. Administrar la realidad es un tema complejo que escapa a toda lógica porque debiera ser -¡tan sólo!- un ejercicio de pura lógica y no una cíclica mudanza o vaivén de espejismos ideológicos, un simple corrimiento de tierras, de enseres o de bártulos. Hay que saber esperar y concederse, todavía, todo el tiempo que haga falta, y algo más, para observar y analizar el panorama con mucha más calma y, a la vez, con el espíritu crítico más despierto. Se trata de observar el mundo como si fuera -o lo hubiera sido alguna vez- una especie de obra de arte y ahora nos diésemos cuenta, al fin, de que algo le falta y de que algo, sin duda, le seguirá faltando siempre. Ese es un hecho constatado. Hablo de la realidad y hablo del arte de vivirla. Hablo de que le falta -y nos falta- mucha restauración y hasta una sobredosis de cuidados intensivos. Nos sabemos inacabados e insatisfechos, y así nos aceptamos, pero ya va siendo hora de que se empiecen a cuidar con mimo los detalles. Sobre todo, los detalles.
No nos vale, en principio, el tópico de aceptar la superioridad moral del minimalismo administrativo respecto a la exuberancia barroca de los gobiernos precedentes. O sí que nos vale y hasta puede que, en otro tiempo, pensáramos, convencidos, que el mejor gobierno es el que no existe. Pero ya no es así. O no del todo. Hay que gestionar una crisis sin precedentes y hacerlo sobre unas ruinas que ya casi nos sepultan y que, además, se nos deshacen entre los dedos de las manos. Este polvo en suspensión somos. En su lodo chapoteamos. Pero aún, y así, nos seguimos queriendo polvo y lodo civilizados. Cómo no.
Habrá que ver si las composiciones definitivas de Govern, Ajuntament y Consell de Mallorca acaban poniéndole un torniquete al despilfarro y a la molicie. A las duplicidades administrativas y a esa lacra que consiste en no hacer nada y, sobre todo, en no dejar hacer nada a nadie. Vamos a ver si Bauzá ha aprendido de las viejas, y no tan viejas, historias de Antich o Matas, y consigue, al fin, que la realidad y los números le cuadren. El mejor camino para recuperar la salud total es empezar, cuanto antes, la convalecencia. Pero ya.