El «balconing» administrativo

La respuesta al debate de los sábados en El Mundo: ¿Cree que la situación de las arcas es peor de lo que dice el Govern de Antich?
No. Extraer conclusiones de un paisaje con vocación surrealista, donde nada es lo que parece -o sí, pero sólo en el peor de los casos- y los actores principales cuelgan de gruesos hilos como sogas y siempre hablan, cuando hablan, por boca ajena, como si recortados por las tijeras de podar de un apuntador invisible y, además, el decorado es de cartón piedra, cuando no de piedra pómez, y las pocas luces que aún se adivinan se filtran desde las cloacas como si fueran el sarpullido inevitable de una nube tóxica de interpretaciones de lugar y parte, no resulta fácil ni, tampoco, agradable. En realidad, es un ejercicio de funambulismo dialéctico más allá de los balances y del color rojo, sanguíneo, de los saldos finales, una especie de «balconing» luctuoso, donde la verdad siempre acaba estrellándose contra el suelo baldío del empedrado. Cuánto nos gustaría reanimarla.
Pero no sé si podremos. Toda la farsa de las instituciones puede resumirse en un sucio juego de cartas entre tahúres. El Govern de Antich y el Consell de Armengol le deben dinero al Ayuntamiento de Aina Calvo, por ejemplo. Unos cincuenta millones de nada. O de euros. Hay que ver lo mucho que viaja nuestro dinero. Viaja por nosotros y, encima, nos deja en tierra, varados para siempre en los andenes malolientes y nebulosos, gélidos, de la ruina. Pero eso es sólo una forma de ver las cosas porque, de seguro, la deudas no se acaban ahí y los caudales van de los faldones de una alfombra a los de otra y hoy es un tren y mañana una fachada marítima o un simulacro de metro u hospital, una eterna riada paralingüística o cualquier otra estupidez del género indescifrable.
Así las cosas, no cabe pensar que a Bauzá le sorprenda encontrarse las arcas desvalijadas. Y lo que diga Antich sobre ellas -con Carles Manera de principal juez, rehén y testigo de cargo- es pura anécdota, versión o perversión. Simple especulación gratuita de quien ya perdió de vista la realidad y prefirió dejar que la bola de nieve del despilfarro continuara engordando. La política grasienta de la bulimia militante frente a la anemia conceptual. O qué sé yo. A Bauzá sólo le queda realizarle la autopsia al cadáver de la realidad y evitar que esa bola de nieve que rueda -grande, enorme, ya inmensa- ladera abajo, acabe explotando donde siempre. Es decir, en nuestros bolsillos. Y bien difícil que lo tiene. Que lo tenemos.