{"id":437,"date":"2013-04-23T09:20:00","date_gmt":"2013-04-23T09:20:00","guid":{"rendered":"http:\/\/clubdepoesia.com\/albertogomezvaquero\/?guid=d47284d0e11cc18459a3a33d1dd05ab3"},"modified":"2013-04-23T10:53:26","modified_gmt":"2013-04-23T10:53:26","slug":"ferias-y-libros-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/clubdepoesia.com\/albertogomezvaquero\/2013\/04\/23\/ferias-y-libros-2\/","title":{"rendered":"Ferias y libros"},"content":{"rendered":"<div style=\"text-align: justify;\">Me aburren las ferias de libros tanto como las bodas. Me aburren tanto el negocio en torno al arte como los actos institucionales y sociales en torno a la felicidad y el amor. Hay cosas que no deber\u00edan exponerse, hay cosas con las que no se deber\u00eda negociar jam\u00e1s.&nbsp;<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Las ferias no son para los escritores, ni tampoco para los lectores. Son para las editoriales y los libreros. No est\u00e1 mal. Hay editores honrados (creo) y muchos libreros luchadores, pero lo importante no est\u00e1 en el d\u00eda que se compra y se vende, si no en el d\u00eda que un libro se lee. El d\u00eda del libro deber\u00eda ser los 365 del a\u00f1o. Deber\u00edamos aprender a untarnos un poco la cara y todo el cuerpo de palabras cada d\u00eda, como qui\u00e9n se ducha o desayuna caf\u00e9 con cereales. Y ahora m\u00e1s que nunca, porque nos quieren acuchillar con la espada de la ignorancia, con el arma de destrucci\u00f3n masiva de la competici\u00f3n y el consumo. Porque hemos dejado de ser unidades consumidoras para ser, ya simplemente, unidades productivas que ni piensan, ni sienten, ni padecen.&nbsp;<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Hay que leer para que no se nos olvide que tenemos un esp\u00edritu, un alma, aunque el alma no exista y sea un invento de los \u00f3rficos y otros gur\u00fas del Mediterr\u00e1neo hace m\u00e1s de 2.000 a\u00f1os. Hay que leer para que la crisis no nos arrebate la inteligencia, el sentimiento de la vida sencilla e hidalga, incluso aquello que don Ram\u00f3n del Valle-Incl\u00e1n, con sorna, llamaba &#8220;la voluptuosidad del ayuno&#8221;. Para que no nos convenzan de que no mandamos ni en nuestro hambre, ni en nuestro dolor, ni en nuestra escasa, cada vez m\u00e1s peque\u00f1a, libertad.&nbsp;<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Hay que leer para ir cavando agujeros, trincheras de pensamiento y de palabras, para estar del lado de all\u00e1 y no del de ellos, de los que matan, roban y desprecian a cuantos son m\u00e1s d\u00e9biles, m\u00e1s pobres o, simplemente, distintos. Hay que leer para recuperar y devolver su val\u00eda a palabras como piedad, compasi\u00f3n, serenidad o consuelo.&nbsp;<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Hay que leer para poder seguir vivos.<\/p>\n<p>P.S: En una entrevista, un autor contempor\u00e1neo, hasta ayer moderno, asegura que ha escrito su nueva novela de modo m\u00e1s tradicional para tener m\u00e1s lectores. No porque necesitase escribirla as\u00ed. No porque tal forma fuera la mejor para la historia que quer\u00eda contar. No porque la forma le brotase en ese estado del hambre de expresar, de contar. No. Lo hizo para tener m\u00e1s lectores. En ese nivel nos movemos.<br \/>Frente a ello, un texto de Machado sobre Valle-Incl\u00e1n y la &#8220;voluptuosidad del ayuno&#8221; que mencionaba arriba. No se trata, claro del hambre, sino de la categor\u00eda moral que representa ese hambre. El texto, como digo, es de don Antonio Machado:<\/p>\n<\/div>\n<p><i>\u201c\u2026El capit\u00e1n fracasado, no por su culpa, que llevaba consigo proyect\u00f3 acaso sobre toda su vida una cierta luz de hero\u00edsmo y abnegaci\u00f3n militar, contribuy\u00f3 en mucho a aquel sentido de consagraci\u00f3n a su arte como tarea ardua y espinosa que le distinguir\u00e1 siempre de sus coet\u00e1neos, por su capacidad de renunciaci\u00f3n ante todas las comodidades del oficio y por su inflexible lealtad a sus deberes de escritor. Como alguien nos refiriese el caso de un poeta que, abandonando las faenas de su vocaci\u00f3n, pon\u00eda su pluma al servicio de intereses bastardos, y se tratase de hallarle disculpa en la necesidad apremiante de ganarse el pan, don Ram\u00f3n exclam\u00f3: \u201cEs un pobre diablo que no conoce la voluptuosidad del ayuno.\u201d&nbsp;<\/i><br \/><i>\u00a1La voluptuosidad del ayuno! Reparad en esta magn\u00edfica frase de don Ram\u00f3n y decidme qu\u00e9 otra iron\u00eda hubiera proferido el capit\u00e1n a quien se intima la rendici\u00f3n por hambre de la fortaleza que, en trance desesperado, defiende.&nbsp;<\/i><br \/><i>&nbsp;&#8220;\u00a1La voluptuosidad del ayuno\u201d Nuestro gran don Ram\u00f3n la conoci\u00f3 muchas veces, aunque nunca se jact\u00f3 de ello. Porque Valle-Incl\u00e1n, consagrado en los comienzos de su carrera  literaria a una labor de formaci\u00f3n y aprendizaje constante y profunda, a la creaci\u00f3n  de una nueva forma de expresi\u00f3n, a la total ruptura con el lugar com\u00fan, a lo que \u00e9l llamaba la uni\u00f3n de \u201clas palabras por primera vez\u201d, tuvo que renunciar para ello a todas las ventajas materiales que se ofrec\u00edan  entonces a las plumas  mercenarias, a las plumas que se alquilan hechas para el servicio de causas tanto m\u00e1s lucrativas cuanto menos recomendables.\u201d   <\/i><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/feeds.feedburner.com\/~r\/DeLibertadElBlogDeAlbertoGmezVaquero\/~4\/jYWF0oWS0k0\" height=\"1\" width=\"1\"\/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div>Me aburren las ferias de libros tanto como las bodas. Me aburren tanto el negocio en torno al arte como los actos institucionales y sociales en torno a la felicidad y el amor. 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Porque hemos dejado de ser unidades consumidoras para ser, ya simplemente, unidades productivas que ni piensan, ni sienten, ni padecen.&nbsp;<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Hay que leer para que no se nos olvide que tenemos un esp&iacute;ritu, un alma, aunque el alma no exista y sea un invento de los &oacute;rficos y otros gur&uacute;s del Mediterr&aacute;neo hace m&aacute;s de 2.000 a&ntilde;os. Hay que leer para que la crisis no nos arrebate la inteligencia, el sentimiento de la vida sencilla e hidalga, incluso aquello que don Ram&oacute;n del Valle-Incl&aacute;n, con sorna, llamaba &#8220;la voluptuosidad del ayuno&#8221;. 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No porque la forma le brotase en ese estado del hambre de expresar, de contar. No. Lo hizo para tener m&aacute;s lectores. En ese nivel nos movemos.<br \/>Frente a ello, un texto de Machado sobre Valle-Incl&aacute;n y la &#8220;voluptuosidad del ayuno&#8221; que mencionaba arriba. No se trata, claro del hambre, sino de la categor&iacute;a moral que representa ese hambre. El texto, como digo, es de don Antonio Machado:<\/p>\n<\/div>\n<p><i>&ldquo;&hellip;El capit&aacute;n fracasado, no por su culpa, que llevaba consigo proyect&oacute; acaso sobre toda su vida una cierta luz de hero&iacute;smo y abnegaci&oacute;n militar, contribuy&oacute; en mucho a aquel sentido de consagraci&oacute;n a su arte como tarea ardua y espinosa que le distinguir&aacute; siempre de sus coet&aacute;neos, por su capacidad de renunciaci&oacute;n ante todas las comodidades del oficio y por su inflexible lealtad a sus deberes de escritor. Como alguien nos refiriese el caso de un poeta que, abandonando las faenas de su vocaci&oacute;n, pon&iacute;a su pluma al servicio de intereses bastardos, y se tratase de hallarle disculpa en la necesidad apremiante de ganarse el pan, don Ram&oacute;n exclam&oacute;: &ldquo;Es un pobre diablo que no conoce la voluptuosidad del ayuno.&rdquo;&nbsp;<\/i><br \/><i>&iexcl;La voluptuosidad del ayuno! Reparad en esta magn&iacute;fica frase de don Ram&oacute;n y decidme qu&eacute; otra iron&iacute;a hubiera proferido el capit&aacute;n a quien se intima la rendici&oacute;n por hambre de la fortaleza que, en trance desesperado, defiende.&nbsp;<\/i><br \/><i>&nbsp;&#8220;&iexcl;La voluptuosidad del ayuno&rdquo; Nuestro gran don Ram&oacute;n la conoci&oacute; muchas veces, aunque nunca se jact&oacute; de ello. 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