{"id":432,"date":"2013-04-10T07:49:00","date_gmt":"2013-04-10T07:49:00","guid":{"rendered":"http:\/\/clubdepoesia.com\/albertogomezvaquero\/?guid=7f55cc03ba0d2277705a33f44da50137"},"modified":"2013-04-10T07:55:55","modified_gmt":"2013-04-10T07:55:55","slug":"los-vagabundos-ya-no-hacen-novelas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/clubdepoesia.com\/albertogomezvaquero\/2013\/04\/10\/los-vagabundos-ya-no-hacen-novelas\/","title":{"rendered":"Los vagabundos ya no hacen novelas"},"content":{"rendered":"<div style=\"text-align: justify;\">\nLos vagabundos ya no hacen novelas. Lo pienso tras leer &#8220;El caminante&#8221; de Hesse (el libro m\u00e1s consolador que he le\u00eddo en a\u00f1os) y &#8220;Un vagabundo toca con sordina&#8221;, de ese magn\u00edfico literato y perfecto hijo de puta que fue Hamsun. Son libros donde el paisaje duro de los pa\u00edses centroeuropeos y n\u00f3rdicos toma especial importancia porque los autores, narradores en primera persona, vagabundean por ellos con libertad y lucidez.&nbsp;<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">\n<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">\nEn Espa\u00f1a apenas tenemos novelas vagabundas. Desde la picaresca hasta hoy, el g\u00e9nero es un erial. Y eso que las circunstancias climatol\u00f3gicas favorecen m\u00e1s el vagabundeo literario, el andar de ac\u00e1 para all\u00e1. A lo mejor es que, por decirlo con t\u00e9rminos de Hesse, somos agricultores, no cazadores-recolectores y necesitamos tener un hogar, un punto fijo. Ese gregarismo explicar\u00eda tambi\u00e9n otras cosas, como nuestra perdida capacidad de cr\u00edtica individual.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">\n<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">\nQu\u00e9 se yo. Esto son s\u00f3lo ideas al vuelo. Lo importante, lo fascinante, son esos dos libros: &#8220;El caminante&#8221; y &#8220;Un vagabundo toca con sordina&#8221;, dos obras que se leen en un tarde cada una (y no una tarde larga), pero que dejan un poso largo, fecundo, de meses y, seguramente, de a\u00f1os.&nbsp;<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">\n<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">\n&#8220;El caminante&#8221; son relatos muy cortos, acompa\u00f1ados de poemas y acuarelas. Son pensamientos que nacen del Hesse andar\u00edn, pero que tienen que ver con el Hesse metaf\u00edsico, el que compondr\u00e1, poco despu\u00e9s de esas letras, &#8220;Sidharta&#8221;. Bien visto &#8220;El caminante&#8221; es un blog de entonces, donde, en primeras tomas y notas r\u00e1pidas, el autor alem\u00e1n re\u00fane prosa, poes\u00eda e imagen. Todo ello influenciado por su particular cosmovisi\u00f3n, pero en esta ocasi\u00f3n con un tono m\u00e1s oscuro, pues se recogen tambi\u00e9n las percepciones de los d\u00edas malos, esos en los que la fe se ha perdido y todo es gris. &#8220;D\u00edas de tormenta&#8221; y el relato sobre los \u00e1rboles (no recuerdo el t\u00edtulo exacto; era algo as\u00ed como &#8220;lo que he aprendido de los \u00e1rboles&#8221;) son par\u00e1bolas cargadas no de verdad o no s\u00f3lo de verdad, sino sobre todo de esperanza y de consuelo, que es mucho m\u00e1s importante.&nbsp;<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">\n<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">\n&#8220;Un vagabundo toca con sordina&#8221; es una narraci\u00f3n estil\u00edsticamente liviana, muy verbal incluso hoy cuando la geograf\u00eda y el tiempo han puesto una gran distancia entre nosotros y la Noruega de Hamsun. El vagabundo llega a una granja en la que ha trabajado seis a\u00f1os atr\u00e1s y donde tuvo un affaire (nunca claramente detallado) con la due\u00f1a. \u00c9sta anda cada vez m\u00e1s perdida, como el due\u00f1o de la granja, un capit\u00e1n del ej\u00e9rcito al que le ha dado por beber y festejar la vida a diario. El machismo de la \u00e9poca no impide que, acaso por casualidad, el personaje de la mujer del capit\u00e1n sea el m\u00e1s interesante de la obra: la mujer abandonada que necesita salir del aburrimiento, de la prisi\u00f3n de oro que le han preparado su marido y el mundo. Y lo hace, como Karenina, como tantas otras, a trav\u00e9s del sexo, del amor extramarital que (es otro t\u00f3pico) termina, igualmente, aburri\u00e9ndola. Porque el mundo es de los hombres y, vaya donde vaya, ella no puede ser m\u00e1s que un objeto, como mucho, un sujeto pasivo. Puede recibir, pero nunca dar o actuar. Hacerlo es indecoroso, indigno de una dama.&nbsp;<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">\nEsa pasi\u00f3n de fondo unida al ir y venir del narrador de la ciudad al campo y a los ajetreos y preocupaciones de sus camaradas obreros (m\u00e1s hacendosos que sus amos, demostrando una alienaci\u00f3n y una falsa conciencia en las que, sin duda, Hamsun no cre\u00eda) conforman esta obra de unas doscientas p\u00e1ginas que, pese a la tragedia que narra (y a la p\u00e9sima traducci\u00f3n), es amable y tierna. Tanto que uno se pregunta como su autor, Hamsun, pudo hacer despu\u00e9s lo que hizo. Pero &#8220;aguas profundas son los designios del coraz\u00f3n humano&#8221;, dice la Biblia y tal vez eso lo resuma todo.&nbsp;<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">\n<\/div>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/feeds.feedburner.com\/~r\/DeLibertadElBlogDeAlbertoGmezVaquero\/~4\/to-gIOHzYgQ\" height=\"1\" width=\"1\"\/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div>\nLos vagabundos ya no hacen novelas. Lo pienso tras leer &#8220;El caminante&#8221; de Hesse (el libro m&aacute;s consolador que he le&iacute;do en a&ntilde;os) y &#8220;Un vagabundo toca con sordina&#8221;, de ese magn&iacute;fico literato y perfecto hijo de puta que fue Hamsun. Son libros donde el paisaje duro de los pa&iacute;ses centroeuropeos y n&oacute;rdicos toma especial importancia porque los autores, narradores en primera persona, vagabundean por ellos con libertad y lucidez.&nbsp;<\/div>\n<div>\n\n<\/div>\n<div>\nEn Espa&ntilde;a apenas tenemos novelas vagabundas. 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