No, no sabéis lo que es
desear que una madre muera,
(dolor me da sólo escribirlo),
verla deshacerse cada día:
cada vez más pequeña,
no saber si sufre, si tiene vista,
si sabe que está muriendo,
si escucha el dolor
y la angustia de los demás,
no, no sabéis lo que es
preguntar a las enfermeras:
cuánto tiempo,
sentir
su respiración
como un lamento débil y hondo,
decirle: muérete ya,
y llévate contigo
todo lo que amaste en la vida,
pero muérete ya
pues no hay dolor más grande
que el olvido imposible,
ni luz más dolorosa
que la que no puede apagarse.