Los ojos del retrovisor

Los dos nos hemos ido acostumbrando,

Joana, a que esta lentitud,

cuando, al bajar del coche, apoyas las muletas,

despierte a los cláxones y su insulto abstracto.

Me hace feliz tu compañía,

la sonrisa de un cuerpo tan lejano

de lo que siempre se llamó belleza,

la penosa belleza, tan distante.

Yo la he cambiado por la seducción

de la ternura iluminando el hueco

que la razón dejó en tu rostro

Cuando me miro en el retrovisor

veo unos ojos que no reconozco,

pues brilla en ellos el amor dejado

por las miradas, y la luz, la sombra

de todo cuanto he visto,

y la paz que me da tu lentitud,

que está dentro de mí.

Tan grande es su riqueza

que no parecen míos los ojos del espejo.

Primer amor

Triste Girona de mis siete años:

en la posguerra los escaparates

tenían un color gris de penuria.

Y, sin embargo, en la cuchillería,

en cada hoja de acero destellaba la luz

como si se tratase de pequeños espejos.

Descansando la frente en el cristal,

miraba una navaja larga y fina,

bella como una estatua de mármol.

Puesto que en casa no querían armas,

fui a comprarla en secreto y, al andar,

la sentía, pesada, en mi bolsillo.

Cuando, a veces, la abría, muy despacio,

surgía, recta y afilada, la hoja

con esa conventual frialdad del arma.

Silenciosa presencia del peligro:

la oculté, los primeros treinta años,

tras los libros de versos y, después,

en un cajón, metida entre tus bragas

y entre tus medias.

Hoy, cerca ya de los cincuenta y cuatro,

vuelvo a mirarla, abierta en la palma de mi mano,

igual de peligrosa que en la infancia.

Fría, sensual. Más cerca de mi cuello.

Discurso del método

De niño ya buscaba las ventanas

para poder huir con la mirada.

Desde entonces, si entro en un lugar,

miro con atención dónde dejo el abrigo

y dónde está la puerta de salida.

Libertad, para mí, quiere decir huida.

Hay muchas puertas en el mundo.

Incluso el sexo, en caso de emergencia,

puede serlo, aunque todas van cerrándose

y, para huir, muy pronto quedarán

tan sólo las ventanas de la infancia.

De par en par abiertas para poder saltar.

Cómo he de construir

Así se titulaba el libro claro,

discreto, donde tantos arquitectos

de mi tiempo aprendimos el oficio.

Su autor era arquitecto, pero también poeta.

En su Soneto de Joana leo

estos versos terribles e inocentes:

Joana, a quien el mar se llevó un día

hacia la abigarrada y gran América…

Un muro ¿cómo se apareja?

Y a una hija ¿cómo se la amortaja?

O ¿cuál es la pendiente que hay que dar a un

[tejado?

La muerte se llevó a mi Joana

—la muerte como un mar de oscuridad—

hacia alguna otra América profunda.

De tanta arquitectura sólo queda

la soledad del muro. Y su fuerza.

Lo miro en este patio donde Joana

sonreía. Ya no he de construir.

Despedirse

He retirado alfombras y cortinas,

todas las mesas en las que hace tiempo

que ni como ni escribo.

He sacado los cuadros y he pintado los muros

para borrar señales de los años.

Guardo unos pocos libros. Sé bien cuáles.

He destruido

cartas de amor que no me amaban ya.

Silenciosos, ahora, los amores

son icebergs errantes del pensar.

La casa, sin rincones para el miedo,

deja mis ojos más desnudos.

Nada, ni la esperanza,

podrá perturbar ya la última muerte.

No hay otra casa para los que amo.

Entrevistas

Margarit y Montesquiu

La actriz y poeta Alicia Montesquiu autora del libro “Mareas Movedizas” entrevista a Joan Margarit premio nacional de poesía del año 2008 por su libro “Casa de Misericordia” publicado por la editorial Visor. Recientemente ha publicado con la Editorial Barril & Barral “Nuevas cartas a un joven poeta”, dichas cartas contienen una visión clara y profunda de la poesía y de la creación poética. Estos son los consejos que Joan Margarit le da a nuestra joven poeta.

 

P.- Nuevas cartas a un joven poeta, es el título de tu último libro. ¿Hacía falta una renovación o siguen siendo válidas las cartas que Rilke escribió al señor Kappus después de hayan pasado más de cien años desde que se escribieron?

 

R.-No, lo que hace falta no es una renovación, porque hay verdades que dice Rilke que siguen siendo vigentes. Yo sigo leyéndolas, sigo aprendiendo en ellas, lo que pasa es que han pasado más de cien años –ciento tres- y entonces hay algunas cosas que hay que replantear. De hecho la historia de la poesía, como de cualquier arte, es siempre el replanteo constante de las mismas cosas. Hay veces que la gente te dice: -Los poetas siempre habláis de lo mismo, del amor, de la muerte, del paso del tiempo…- ,pues claro, evidentemente, son los temas de la poesía. Lo que sucede es que hablando de lo mismo, no se habla nunca de la misma manera. Y a ese interlocutor le diría: – Si Ud. no sabe apreciar los matices, si está en ese territorio, está Ud. entre la gente que cree que todos los chinos son iguales-. Esos temas se los plantea de nuevo cada generación con un punto de vista distinto, por lo tanto crea poemas distintos.

 

P.- Este libro me parece muy necesario para todos los poetas de esta generación que salimos un poco perdidos entre tantas posibilidades. Cada vez hay más poetas, parece en algunos casos que está de moda escribir poesía, pero no leerla.  “Ser buen lector es más difícil que ser un mal poeta” ¿Estamos sufriendo quizás una contradicción permanente ya que parece que hay mas gente que escribe que gente que lee poesía?

 

 

R-Para mi, la manera de relacionarse entre generaciones, es que una generación reflexione en voz alta, no que dé lecciones, y que otra generación tome de esta reflexión lo que crea necesario. Creo que esto hay que hacerlo siempre.

En cuanto a que la poesía tiene pocos lectores, yo no creo que sean pocos ni muchos, son los que ha de tener. Yo no tengo la sensación de tener pocos lectores, tengo los suficientes. Hay una relación entre la dificultad, el esfuerzo, etc.. En el libro creo que queda suficientemente claro que mi posición es que la poesía está al alcance de todo el mundo. Es decir, cualquier persona que lea el periódico puede leer un buen poema, no hay duda. Ahora bien, ¿Puede leer un buen poema con el mismo esfuerzo con el que lee el periódico? No. Yo pienso que el poema viene a ser como una partitura, en la que el lector es el intérprete de esa partitura, con un instrumento propio -su esperanza, su pasado, sus angustias, sus miedos -, no alguien que va a escuchar solamente el concierto. Ese poema, si es bueno, puede interpretarse infinitas veces como una sonata de Mozart, porque nunca oyes la misma sonata. El lector solo lee el mismo poema cuando es malo, y entonces ya no quiere leerlo dos veces. Seria ridículo que tú me dijeras: -Vamos a escuchar una sonata de Beethoven- , y yo te dijese: -Ya la he oído. Un hecho poético solo existe si existen estas tres patas: El lector, el poeta y la partitura (el poema). Yo creo que la poesía siempre ha estado de moda, siempre ha tenido sus lectores. Por eso escribían Quevedo, Machado…porque había lectores. Si no un poeta no escribe, no se concibe escribir para nadie.

También has planteado que hay momento de despiste de las nuevas generaciones de poetas. Este despiste, que liga un poco con esa afirmación de que la poesía no tiene lectores aparentemente, es del lío que nos viene desde las vanguardias –que también son una parte del romanticismo-. En su día, en los años veinte y treinta  incluso, estuvieron justificadas porque sirvieron para encontrar nuevas vías de expresión, pero descubrieron también una cosa tremenda, la publicidad. A partir de entonces la mala poesía se acoge a esta posibilidad de utilizar la vanguardia como publicidad. Entonces empiezan a aparecer libros y autores que han pasado a la historia y que no tienen un solo poema que valga para nada, dentro de esta operación publicitaria y de novedad y rebeldía. Rebeldía que mientras dura la guerra del catorce y la revolución rusa, lo es. Pero más allá, los que se convirtieron en funcionarios de cultura con un sueldo y un retiro, ya no son rebeldes, se convirtieron en chorizos! Esa confusión , ese discernir qué parte de la vanguardia o del romanticismo sirve todavía, y cual es un engaño, es lo que ha traído a la confusión , -me parece a mi- que estamos viviendo.

 

 

P.- Hay algo innato en el poeta, pero sin embargo el poeta necesita reconocer su propia voz y realizar un aprendizaje que lleva toda una vida. ¿En que consiste dicho aprendizaje?

 

R.- Yo diría que dentro del poeta hay un auténtico laberinto de caminos. Hay algunos recorridos que te llevan al poema, y otros que no te llevan a ninguna parte. Los recorridos son los mismos en todas las personas, pero es una gama casi infinita de posibilidades. Ahora bien, el poeta es aquella persona que intuitivamente sabe cuales son los recorridos de su interior que llevan al fracaso,  y cuales a encontrar una luz brillante. Como si se encontrara en una red de galerías de una mina, y supiera escoger las que le llevaran a encontrar una piedra preciosa o lo que esté buscando. Las otras personas no son poetas, no intuyen estas sendas, pero cuando el poeta les da el poema, al leerlo, ellos hacen el mismo recorrido inverso, porque dentro tienen la misma red que tenía el poeta. Entonces deshacen el camino y encuentran el suyo propio gracias al poema. Por eso cuando lees un buen poema dices: Ese soy yo y mis recorridos interiores.

¿Por qué yo puedo hacer un poema? Porque yo sé lo que le pasa a un chino cuando se le muere un hijo. Porque el chino es como yo. Los recorridos interiores dónde están la pena, el dolor, la alegría…son los mismos para todos. Al empezar a escribir un poema lo primero que debes hacer cuando aparece ese sentimiento todavía abstracto en ese recorrido interior, es quitarle todo aquello que es exclusivamente tuyo. Porque lo que es exclusivamente tuyo como poeta, no va a interesar a nadie. Quédate con lo que es común a los demás. Así es como escribirás el poema que otra persona que no te conoce, y sin ella saberlo, está esperando.

 

 

 

P.- Dices en el libro que nada de lo que ofrece espontáneamente la vida o la naturaleza es poesía. ¿Crees que no debe el poeta retratar la belleza que se le ofrece?

 

R.- Mi posición es que estamos rodeados de poemas, no de poesía. Están en el mundo pero has de encontrarlos. No se trata de ponerse delante de una puesta de sol y escribir sobre ella. El poema está a tu alrededor como un espejo roto, y un poeta ha de recomponerlo de trozos, porque estaba oculto. Y dárselo al lector que lo tenía ante sus ojos sin verlo, para que al leerlo sea feliz, aunque llore. Esa es la famosa catarsis.

Yo creo en la inspiración, quizás dura unos segundos, pero te deja trabajo para meses. Y siempre llevo un cuaderno encima, siempre estoy trabajando en algún poema.

 

P.- La poesía es una sombra de nuestra propia verdad un reflejo quizás de la verdad del mundo. ¿Cree en esa teoría de que el  ser humano tiene una parte de sombra y otra de luz?  Si la poesía sirve para conocernos a nosotros mismos, ¿A qué parte de esa bipolaridad pertenece?

 

R.-La fuerza de la vida tiene dos componentes íntimamente unidos, de tal manera que si sacas uno el otro no funciona. El bien y el mal en el ser humano van juntos. No se pueden disociar. Dicho de otra manera, las dos grandes fuerzas de la vida son el sexo y el olvido, y van juntos. El sexo en el sentido amplio, todo lo que lleva a la vida hacia delante. A intentar ser feliz a pesar de todo.

 

P.- ¿Y el miedo?

 

R.- El miedo entra en el olvido. El miedo es lo que te lleva por un lado a impedirle su acción al sexo y por otro a dar paso al olvido. Son dos fuerzas imparables. Por mucho que nos empeñemos en decir que vamos a hacer historia para no olvidar, lo vamos a olvidar todo. El olvido triunfa siempre, no hay nada que hacer. Por eso cuanto más viejo me hago me va pareciendo más importante la geografía que la historia…

 

 

P.- Siempre que se habla de escritores y de literatura, casi todo el mundo piensa en novelistas. ¿Es menos escritor el poeta que el novelista?

 

R.-Yo no sé si la poesía pertenece a la literatura, pero casi no. Está al borde de no serlo, porque tiene tantas características que no son ni de la novela, ni del ensayo…, y  los poetas escribimos tan poco en cantidad…¡Un funcionario del ministerio de cultura al llegar a su jubilación habrá escrito más que un poeta!

Entonces te preguntas, ¿Es lógico que la poesía esté dentro de la literatura? Porque si estuviera dentro de la literatura, los profesores de literatura leerían poesia. Y la mayor parte no la leen.

 

P.-¿Puede existir una poesía que intente entretener o ya estaríamos hablando de prosa? ¿Micropoemas o poemas para un mero entretenimiento y sonrisas ?

 

R.-Poder haber, puede haber de todo. Si yo quiero puedo mojar el dedo en la tinta, ponerlo en un papel y llamarlo poesía. ¡Estamos en una democracia dónde no se penalizan estas cosas…jaja! Por lo tanto poder, puedes. Ahora, yo creo que no es algo que interese para nada. Básicamente entretenerte significa, que entras en aquello que te entretiene, pasas un tiempo y sales exactamente igual que has entrado. En cambio lo que es más que un entretenimiento, sería algo que a la salida te hiciese no ser el mismo que al entrar, si no un poco mejor. Una cosa que me distraiga y me deje igual nunca la buscaría en la poesía. A mi modo de ver un poema está destinado a la persona en soledad, una persona que está “en ropa interior” y libre de mentiras. Buscar el entretenimiento y la risa en la poesía, es buscar que un género cumpla con unos objetivos que no le corresponden. Creo que eso es un poco de falta de sentido común. La mezcla de géneros puede hacerse, pero siempre se ha revelado como algo poco interesante. A mí cuando me dicen de un poeta que es muy musical, mi reacción es que Beethoven seguro que es más musical. Si quiero música me voy a buscar un músico. Y cuando me dicen que un circo es muy poético, sospecho que alguien no quiere subirse al trapecio.

Siempre recuerdo una vez que asistí a una representación de La vida es sueño, con aquel gran actor, Carlos Álvarez-Novoa, haciendo el personaje de Segismundo. Lo sacaban desnudo. ¿Para qué quiero yo ver a un Segismundo, un señor de 60 años  desnudo? Claro, está desnudo porque el director no quiere que me fije en La vida es sueño, quiere que me fije en los “cataplines” del actor. Y La vida es sueño es para que te fijes en otras cosas.

La mayor parte de las veces que ocurre un deslizamiento de un género hacia otro, suele ser un recurso que oculta un empobrecimiento y un miedo a enfrentarse con un género abiertamente.

 

 

P- La vida del ser humano se va tejiendo de “sies” y de “noes”, quizás sobre todo de “noes”. A lo que dices no, lo que no quieres ser o parecer, lo que no quieres hacer…

 

R- Bueno eso es más bien la vida de una mujer…!

 

P- Jajaja Touchée. ¿Me darías tres “noes” para la poesía? En tu opinión tres consejos de lo que no deberíamos hacer los poetas que empezamos.

 

R- Seguramente lo que menos deberías hacer se refiere a la autocrítica, no menosprecies la enorme dificultad de la autocrítica. Desarróllala al máximo, es muy importante. Eso lo  primero. Lo segundo, no creas que eres poeta hasta que hayas constatado la necesidad imperiosa en ti. Si alguna vez, algo ha pasado en tu vida por delante de la poesía, duda de si eres poeta. Y la tercera: No olvides que si te equivocas creyéndote poeta y no lo eres, arruinarás toda tu vida. No hay nadie a mi juicio más desgraciado, que la persona ya de edad que se ha creído poeta toda su vida y sigue creyéndoselo y no lo es.

La poesía no es una faceta de la vida,… es una manera de vivir.

 

Bibliografía

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