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Francisco Manuel Rodriguez: “La poesía, al menos la que practico, está a medio camino entre la realidad como referente y la autorreferencia literaria”

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La poesía, al menos la que practico, está a medio camino entre la realidad como referente y la autorreferencia literaria.

P.- La noche del cazador es un trabajo conjunto entre Francisco Manuel Rodríguez (autor de los poemas) y Eva María García Mateo (autora de las ilustraciones). ¿Cómo surge la idea de hacer un poemario ilustrado? ¿Cómo es vuestra colaboración, Francisco escribe y después Eva dibuja o sobre los dibujos Francisco se pone a escribir?

R.- Creo que en mi poesía abundan las imágenes literarias, esto puede apreciarse también en mi anterior poemario Ciudad sin nombre. Pensé en proponerle a Eva la ilustración de los poemas para probar como vería esas imágenes textuales una artista gráfica, y estoy bastante contento en cómo ha expresado lo escrito en su lenguaje. Por otro lado, por qué no admitirlo, las obras ilustradas en general atraen a muchos lectores que de alguna forma convierten el libro en un objeto digamos más artístico, más atractivo.

En el proceso de elaboración primero han ido los textos y después las ilustraciones. Es curioso, porque a veces me da la impresión de que se hicieron ambos al unísono. Después de ir confeccionando el libro junto a Eva, con la incorporación de los dibujos, creo que textos e ilustraciones forman un todo, una única obra.

P.-¿Por qué el título de La noche del Cazador?

R.- No tenía pensado ningún título cuando empecé a escribir esta serie de poemas; sí pretendía recrear mitos antiguos y contemporáneos extraídos, principalmente, del cine, la literatura y la cultura popular. Al avanzar la escritura, el texto La noche del cazador, inspirado en el film del mismo nombre, empezó como un largo poema en verso y terminó en un cuento poético que por su extensión y temática era el indicado, creo, para ocupar el centro del poemario. La noche del cazador es una novela pero, sobre todo por su personalidad fílmica, es una película fascinante. Fue dirigida por el actor Charles Laughton, su única incursión como director. Es algo así como un oscurísimo cuento de hadas.

P.-¿Cómo definirías tu poesía? ¿Se podría enmarcar dentro de algún movimiento artístico? ¿Te basas más en las palabras o más en los hechos para escribir?

R.- Quiero pensar que es una poesía en cierto modo narrativa. Eso podría conectarla con la poesía de la experiencia, sin embargo, me atrae bastante el lado fantástico del que, en ocasiones, parece dotada la realidad, la fascinación a veces hastiada por la realidad.

Qué predomina, la palabra o el hecho. Es una pregunta complicada para cualquier poeta.  Suponemos, lo creo, que la poesía es una herramienta para explorar la vida, al menos para explorar nuestra interacción con la vida. Pero luego está la función poética del lenguaje, un detenerse en la escritura misma, en su sonido, en su poder de evocación, en cómo difumina la diferencia entro lo real y lo irreal. La poesía, al menos la que practico, está a medio camino entre la realidad como referente y la autorreferencia literaria. Y es que la poesía es muy orgullosa, a pesar de sus calamidades, reclama ser un fin en sí misma.

P.- A lo largo del libro encontramos referencias a obras literarias, películas y personajes históricos. ¿Cuáles son estas referencias y por qué inspiran tu poesía?

R.- La poesía y la mitología se llevan bien y creo que este libro tiene mucho de eso, de una memoria que a través de experiencias vitales y culturales (lectura, cine, teatro, conocimiento) se convierte en un cajón de mitos, muchos inquietantes. La historia, las películas y las novelas son una fuente poderosa de generación de personajes o argumentos míticos. Lo normal es pensar que es al revés, y es cierto, que las grandes biografías, el cine y la narrativa siguen arquetipos mitológicos abundantes en las religiones o en los cuentos populares. Pero la dirección contraria también funciona, le pasa a Espartaco o a Lolita: historia, literatura, cine y, por último, modelo de revolucionario trágico o de tentación prohibida. Al final del libro hay una relación de referencias, de libros, películas y personajes que han inspirado los textos y las ilustraciones. Animo a los lectores a tirar de internet u otras fuentes para curiosear las referencias que desconozca, puede ser divertido.

P.-¿Cuáles son los poetas contemporáneos que más admiras y por qué?

R.- Aunque se salga del registro de La noche del cazador, me gusta bastante Charles Simic, el poeta yugoslavo-americano, me gusta su lírica concisión. No son contemporáneos, pero como si lo fueran: del 27, Cernuda, Salinas y Alexandre. Y de la generación del 50: los poetas en su versión más madura, Ángel González, Claudio Rodríguez, Valente, me gustan sus otoños. De ahora, no sé, la prosa poética de Vicente Valero y Gamoneda, por decir dos entre otros. Sabines y, claro está, Pessoa, aunque se va alejando en el tiempo. Procuro leer bastante y aprender del talento ajeno, pero tampoco me entusiasmo con facilidad.

P.- ¿Hay algún trabajo después de La noche del cazador?

R.- Tengo un poemario terminado, Lecciones Fallidas, ahora en fase de reposo, aunque no por mucho tiempo. También un libro de relatos breves casi terminado sobre insectos y humanos, una propuesta muy curiosa que espero que vea la luz de las luciérnagas pronto.

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