Autores en Club de poesía

"PARA ENTENDER LA REPÚBLICA ÁRABE DE SIRIA" – REVISTA "LA RAZÓN HISTÓRICA"


Antonio Moreno Ruiz [76-81].
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LA CIUDAD Y LA MÁQUINA

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“La ciudad es la tumba de la religión, y la era de la máquina es la condena de la humanidad.”

Vincent McNabb Read the rest of this entry »

MIS LECTURAS: "LA SEVILLA CARLISTA DE 1833-1840. LEVANTAMIENTO Y REPRESIÓN", DE CAÍN SOMÉ LASERNA.

Imagen de www.actashistoria.com


-Como les conté en LEYENDO ENTRE EL 2014 Y EL 2015, vengo de la Piel de Toro con las pilas cargadas literarias, y por deformación profesional, al final siempre voy a algo de Historia. Uno de los encargos que le hice a mi madre fue este libro que ha publicado la Editorial Actas/Colección Luis Hernando de Larramendi; curiosamente, una tesis dirigida por J. Leonardo Ruiz Sánchez, que fue profesor mío en 1° de carrera. En contra de lo que nos cuenta la historia oficial, el carlismo nunca ha sido un "folclore vasco-navarro", sino un movimiento transversal y social extendido por toda España (cuya primera "organización" se dio en Talavera de la Reina); y las Andalucías no fueron menos. Si bien el libro se centra en el ámbito hispalense, acaba aportando datos tanto de occidente como de oriente, pues se habla también de la presencia jiennense y granadina ya desde los voluntarios realistas. Lo que sí pasó en Andalucía fue que el liberalismo se organizó bien y pronto, y artículo un brutal sistema de represión donde era muy posible la ejecución por el hecho de gritar vivas a Carlos V. Con todo y con eso, ya hubo una Andalucía precarlista, cosa que yo sabía por Rafael Gambra, el autor, entre otros, de La Primera Guerra Civil de España. Porque si bien los focos realistas durante el Trienio Liberal se localizaron en Navarra y Cataluña, no dejaron de afluir voluntarios de toda la Península, habiendo presencia sevillana también. Luego, tuvieron continuidad los Batallones de Voluntarios Realistas, que ya en los años de Fernando VII fueron mermados por cicateros que copaban cotas de poder y que, al estilo golpista que convirtieron las Cortes de Cádiz en un circo (dicho hasta por personajes tan poco sospechosos de tradicionalismo como Blanco White), aprovecharon las circunstancias y la misma actitud del felón e incomprensible Fernando VII para luego tomar el poder y reprimir a todo aquel que les tosiera, contra la legalidad y la tradición.

Sea como fuere, el carlismo fue una realidad sociopolítica presente en Andalucía durante todo el siglo XIX, y si bien es conocida la época de Fal Conde, ya en los años 30 del siglo XX, en absoluto era novedoso, como muchas veces se tiende a creer.

Como curiosidad, valga reseñar que Morón de la Frontera (pueblo natal de un bisabuelo mío), Marchena y La Puebla de Cazalla fueron constantes focos carlistas durante la I Guerra. Algunos dirán que hay que ver cómo ha cambiado el cuento...

Y bueno, muy interesante este tipo de trabajos, pues a ambos lados del océano, ciertas revisiones concienzudas nos dan esperanza, puesto que, aunque sólo sea en el ámbito del estudio, la verdad va reluciendo y quién sabe si podrá alumbrar un futuro mejor...

En fin, que me ha encantado y lo recomiendo vivamente.




La Sevilla carlista de 1833-1840


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MIS LECTURAS: "LA SEVILLA CARLISTA DE 1833-1840. LEVANTAMIENTO Y REPRESIÓN", DE CAÍN SOMÉ LASERNA.

Imagen de www.actashistoria.com


-Como les conté en LEYENDO ENTRE EL 2014 Y EL 2015, vengo de la Piel de Toro con las pilas cargadas literarias, y por deformación profesional, al final siempre voy a algo de Historia. Uno de los encargos que le hice a mi madre fue este libro que ha publicado la Editorial Actas/Colección Luis Hernando de Larramendi; curiosamente, una tesis dirigida por J. Leonardo Ruiz Sánchez, que fue profesor mío en 1° de carrera. En contra de lo que nos cuenta la historia oficial, el carlismo nunca ha sido un "folclore vasco-navarro", sino un movimiento transversal y social extendido por toda España (cuya primera "organización" se dio en Talavera de la Reina); y las Andalucías no fueron menos. Si bien el libro se centra en el ámbito hispalense, acaba aportando datos tanto de occidente como de oriente, pues se habla también de la presencia jiennense y granadina ya desde los voluntarios realistas. Lo que sí pasó en Andalucía fue que el liberalismo se organizó bien y pronto, y artículo un brutal sistema de represión donde era muy posible la ejecución por el hecho de gritar vivas a Carlos V. Con todo y con eso, ya hubo una Andalucía precarlista, cosa que yo sabía por Rafael Gambra, el autor, entre otros, de La Primera Guerra Civil de España. Porque si bien los focos realistas durante el Trienio Liberal se localizaron en Navarra y Cataluña, no dejaron de afluir voluntarios de toda la Península, habiendo presencia sevillana también. Luego, tuvieron continuidad los Batallones de Voluntarios Realistas, que ya en los años de Fernando VII fueron mermados por cicateros que copaban cotas de poder y que, al estilo golpista que convirtieron las Cortes de Cádiz en un circo (dicho hasta por personajes tan poco sospechosos de tradicionalismo como Blanco White), aprovecharon las circunstancias y la misma actitud del felón e incomprensible Fernando VII para luego tomar el poder y reprimir a todo aquel que les tosiera, contra la legalidad y la tradición.

Sea como fuere, el carlismo fue una realidad sociopolítica presente en Andalucía durante todo el siglo XIX, y si bien es conocida la época de Fal Conde, ya en los años 30 del siglo XX, en absoluto era novedoso, como muchas veces se tiende a creer.

Como curiosidad, valga reseñar que Morón de la Frontera (pueblo natal de un bisabuelo mío), Marchena y La Puebla de Cazalla fueron constantes focos carlistas durante la I Guerra. Algunos dirán que hay que ver cómo ha cambiado el cuento...

Y bueno, muy interesante este tipo de trabajos, pues a ambos lados del océano, ciertas revisiones concienzudas nos dan esperanza, puesto que, aunque sólo sea en el ámbito del estudio, la verdad va reluciendo y quién sabe si podrá alumbrar un futuro mejor...

En fin, que me ha encantado y lo recomiendo vivamente.




La Sevilla carlista de 1833-1840


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ESPAÑA REVISITADA


-Parece que no, pero dos años es mucho tiempo. No en vano, yo me he llevado 30 años sin salir de casa como quien dice, y como otros tantos miles de españoles que padecemos esta oscura época, sin trabajo ni expectativas, no tuve más remedio que coger los bártulos; y me fui bastante lejos, y de un pueblo chico, pasé a una ciudad de diez millones de habitantes. No hace mucho contaba ciertas impresiones acerca de mi estadía en este país: DOS AÑOS EN EL PERÚ. Y bueno, esa cifra de dos años vuelve, pero de una manera distinta.

Como decía al principio, dos años es mucho tiempo. Apenas llevando un año en el Perú tuve la oportunidad de revisitar mi tierra, pero sólo una semana. Empero, cuando arribé allá, fue diferente, pues pasado un año, parecía como si en verdad no me hubiera ido nunca de allí. Cuando vi la cochera, el patio, mi cuarto... Era como si nunca me hubiera marchado; todo estaba prácticamente igual. Eso con un año. Pero con dos años, ya no es lo mismo. Además, han sido dos años muy intensos, muy cargados de cosas, tanto buenas como malas; como todo en la vida. Pero bueno, lo que quiero decir es que no han sido dos años desapercibidos. Y claro, con mi carácter embadurnado de ansiedad, las cosas se van magnificando, pues no en vano uno cuando está lejos de su patria también tiende a magnificarla, especialmente a través de la selección de los recuerdos, los cuales, en muchos casos, se desordenan y van y vienen con una claridad que luego parece apagarse cuando desembarca uno en la tierra que le vio nacer y crecer. Es muy raro y es muy difícil de explicar y de entender, pero es así.

Cuando llegué al aeropuerto, al primero que apenas entreví luego de recoger la maleta fue a mi cuñado, mas, ipso facto, mi madre fue a abrazarme, prorrumpiendo en lógico llanto. A veces imagino como humorada que cualquiera que pasara por allí pensaría que se había muerto alguien. Yo estaba tan agotado por un vuelo de doce horas y pico; luego de pasar la noche en Madrid en casa de un buen amigo (al que mucho debo), y luego de cuarenta minutos para Sevilla, que no tenía mucho cuerpo para emociones, pues siempre que viajo de América a Europa es cuando mi cuerpo se resiente más, no pasando exactamente lo mismo al revés. No sé a qué se deberá concretamente, pero ya he escuchado algunos casos similares. Y bueno, cuando acabó el no muy dilatado trayecto que separa el aeropuerto de San Pablo de mi pueblo, y llegué a casa, y me senté en uno de los cuartos de abajo, divisando el patio; ahí ya me di cuenta de la larga distancia que había notado, y me eché a llorar como un niño. Sí, porque ya no me parecía que yo nunca me hubiera ido de allí... Ya noté, definitivamente, un tiempo y un cambio grande. Y en la idealización inevitable de la emigración, el notar estas cosas te echa la sensibilidad por los suelos. Pero bueno, supongo que es normal.

Con todo, después de estar un par de días medio averiado, comenzó una frenética agenda que me ha tenido más apretado que el miembro viril de un torero. Aunque casi no se me han quedado cosas pendientes, la verdad es que no he parado, y ha sido un gusto pasear por las calles del pueblo y ver la afluencia de amigos y familiares, de paisanos al fin y al cabo, y de sus deferencias para conmigo. No tengo palabras. Nunca puedo decir que en mi tierra me siento solo. Después de tanto tiempo, el poder disfrutar ahora de casi tres semanas y de un lado para otro ha sido toda una catarsis.

Empero, siempre que alguien vuelve a la patria, como somos tantos los emigrados, pues se piden referencias. Yo también las he pedido a los amigos cuando han ido. Haciendo un breve resumen, puedo sacar las siguientes conclusiones.

-Sevilla me ha parecido una auténtica maravilla. Hacía tres años que no la veía, pues la primera vez que regresé, no me dio lugar a nada. Y la he visto más bonita que nunca. Con razón se habla tan bien de ella. Cuando uno está allí, por más que guste, no alcanza a comprender los significados halagüeños de muchos de sus rincones. Encontrarse con Sevilla en Navidad es comprender de golpe y porrazo por qué fue la capital cultural y económica de las Españas durante casi tres siglos como puerto y puerta de las Indias. La majestuosidad de la catedral, los detalles de sus callejuelas, el encanto de sus plazas, la habilidad de sus azulejos, el olor de las castañas asadas, el viento de sus naranjos, la profusión comercial, la historia respirando por poros mudéjares, góticos, renacentistas o barrocos... Un paseo es sencillamente un deleite. ¡Qué ciudad más bonita! Todo lo que se diga es poco. No he tenido el tiempo que quisiera para embriagarme en condiciones en sus profundidades, pero qué regusto más bueno me ha dejado.

Y si Sevilla me ha parecido maravillosa, mejor ni hablar de cómo he visto el paisaje del Aljarafe, y más cuando ya casi se cruza con Doñana. El volver al sentir el campo como realidad próxima y no de excursión; el pasear y el sentir el viento, los naranjos, los olivos, los pinos de cerca... Eso no tiene precio. Parece que se le pone a uno mejor cutis y todo. Y es que, amén de países muy diferentes, estamos ante dos mundos, y yo no dejo de sufrir el cambio de pueblo a ciudad, con todo lo que ello conlleva.

Apenas me ha dado tiempo a degustar Madrid, aunque ya me advirtió del frío ibérico que tanto anhelaba; y esa es otra, al cambio de horario y de dieta (en España comemos con muchas más grasas por mor de más embutidos y lácteos, y aparte, cocinamos con aceite de oliva) se añade el cambio de estación.

Con todo, si bien uno ya encuentra muchísimos productos españoles en Lima, y de manera fácil, cosas como el puchero o la pringá de una madre no se degustan todos los días...

-A decir verdad, hablando en la generalidad del país, no he visto grandes cambios. Todo sigue más o menos igual. Bastante desesperanza, las mismas conversaciones, pocas expectativas... Pero eso sí, todo como más lánguido o más triste. O más aburrido. Probablemente recuerdo mejor las Navidades cuando niño que cuando grande, pero había más gente por la calle. En Sevilla eso más o menos lo veo igual, pero en el pueblo, ni de coña. Todo está como más mustio, como más desabrido. La gente cada vez es más desconfiada, y con razón. La emigración es un tema de conversación muy habitual, pues rara es la familia que no tiene algún vástago por ahí. La televisión sigue de mal en peor; de verdad, qué cosa más insufrible... Entre las tertulias politiqueras, los cotilleos y el Madrid y el Barcelona, el asco campea.

Ahora bien: Lo que sí me he dado cuenta más y mejor es que las cifras que hay sobre el paro en España son engañosas: Vamos, que las cifras/estadísticas oficiales no se corresponden con la realidad social. Ojo: No digo que en España no haya gente que lo esté pasando mal, y desde luego, no digo que sobre el trabajo. Que yo me las vi venir ya en el 2010, y en el 2011 me tuve que ir por patas. Así que conozco el fenómeno por mí mismo, y también por muchos compatriotas a los que he conocido en la otra punta del mundo. Pero si de verdad hubiera un 26% de paro, aquello sería Uganda, y de verdad habría una guerra brutal; y no hay eso. Y no lo hay porque la economía sumergida es un pozo que parece carecer de fondo; no lo hay porque hay un repunte del contrabando y de los bajos fondos (véase la prostitución); y no lo hay porque hay muchísima gente que no hace nada y vive o bien de paguitas que ha conseguido por métodos poco claros o bien por paguitas de familiares. Sí, porque España es un país de tradición muy familiera, clánica en algunas zonas (como Galicia), y eso, aun a pesar del progresismo impuesto artificialmente, sale a relucir en los momentos de dificultad. Y es que con el progresismo ni se vive ni se come. Y de hecho, si tenemos turismo, es por las obras de nuestros antepasados, porque las obras actuales no dan para nada. Y el turismo y la hostelería son nuestras únicas fuentes de ingreso, habida cuenta del destrozo especulador de la construcción. Y por eso todavía se ve movimiento en las calles, y gente entrando y saliendo de los negocios.

Así las cosas, veo tres opciones:

1) Seguir en este plan, hasta que la vaca no dé más leche y todas las subvenciones y demás mamoneos se acaben, pegando el lógico reventón.

2) "Confiar" en algo que no va a pasar, y es volver al "statu quo" del aznarismo. Y digo que no va a pasar porque estamos con una economía que va de culo, cuesta abajo y sin frenos, y a las puertas de una confrontación mundial. Esa ficción de la construcción/especulación/turismo no fue más que un pasatiempo. En cualquier caso, el 2) acabará como el 1).

3) Oponernos realmente y buscar una alternativa válida, cimentada en la tradición y la justicia social, identificando no sólo a este régimen como enemigo, que por supuesto, sino a toda la Europa occidental que nos empapa y contagia, y que en verdad, está todavía peor que nosotros.

Yo abogo por la tercera opción, naturalmente; conscientes de las enormes dificultades que este mundo globalizado atañe, y consciente también de que la práctica suele tener cosillas feas que el romanticismo de ciertas teorías dizque infalibles. Sin embargo, no veo que el personal esté muy por la labor, y los que en teoría deberían liderar esa alternativa son los peores. No quisiera ser tan pesimista, pero es que tiene mandanga el asunto...

Empero, yo creo que, como dijo Vázquez de Mella, todavía no se ha extinguido la raza; y a pesar de nuestras horas tan bajas, bien dirigidos, podríamos dar que hablar para bien y forjar un renacimiento. Todavía veo "algo", aunque no lo sepa definir muy bien. Pero eso, falta dirección, disciplina y sentido común; y sobran orgullos, soberbias, infantilismos, histerismos, irrealismos, egoísmos... Que se dice pronto.

No es sólo un "cambio político"; es un cambio más profundo el que necesitamos, y ello implica muchos traumas. Traumas que no veo que estemos dispuestos a afrontar, por desgracia.


-Con respecto a que la cosa va a mejor, yo la verdad es que no lo veo. Puede ser que haya datos macroeconómicos y tal, pero reitero que esos datos son siempre engañosos. Si algo le ha dado vidilla a nuestra maltrecha economía ha sido el oxígeno que nos han dado para con Hispanoamérica, pero eso se traduce a través de grandes empresas, siendo que el trabajador español está cada vez más puteado y que la emigración, como digo, no sólo esté en la conversación de cada familia, sino que se vea como un porvenir más agradable.

Si se tuviera vista, se intentaría cambiar la geopolítica española, primero hacia Hispanoamérica, y luego hacia el Este. Sería lo justo y lo necesario, aun con las dificultades que pueda acarrear, frente a una Unión Europea cada vez más inoperante y autodestructiva; la misma que ha estado no sé cuántos años llamando a los moros y ahora nos pretende asustar con éstos... ¿Pero quién los entiende?

-España es un país que parece muy atractivo cuando uno va de vacaciones. Lo cierto es que como me dicen algunos amigos peruanos que vivieron crisis brutales en su país como la de los años 80, en España todavía no se ha tocado fondo. Yo fui a un estadio de fútbol (invitado; naturalmente, no pienso gastarme un duro en eso; aunque reconozco que casi me conmovió reencontrarme con el ambientillo futbolero del Sánchez-Pizjuán que no dejo de añorar) y no estaba vacío, ni vacías están las cafeterías o los bares, por mucho que la gente consuma menos. Y esto, a personas que vienen de países en vía de desarrollo (utilizando terminologías oficiales), les llama mucho la atención y no llegan a entender que así haya crisis que valga.

La corrupción política hastía, pero el común de la gente no es mucho mejor que la pseudo-élite que nos lleva al abismo. Esa es la triste realidad. Seguimos creyendo que el ladrón es un listo y que el hombre honrado es un "pringao", y así no vamos a ninguna parte. Para nada será la queja en la estufa o en el bar si actitudes tan básicas no cambian. Y en ese cambio de actitudes entra el retorno a la humildad, al sacrificio, a la valentía, a la lucha... Tal y como era buena parte de la raza ibérica antes de mayo del 68.

Y es que con esto de la corrupción doméstica, mucha gente sigue haciendo chapuzas en negro, pero justo es reconocer que con unos impuestos cada vez más abusivos, no hay muchas alternativas, y al final, el círculo vicioso se convierte en cotidiano, creando un mundo paralelo.

-Definitivamente, me convenzo de que la gente del "Tercer Mundo" tiene más los pies en la tierra que en el "Primer Mundo"; que probablemente "viva mejor", pero no deja de vivir en una ficción que ya casi no se cree nadie. Incluso en lo que son las "ideologías", estar en este continente me ha ayudado a comprender muchas cosas, tanto de la política como de la cotidianidad, que en la Europa occidental son imposibles de colegir por mor de tanta virtualidad. Y en la cuestión espiritual, más de lo mismo. Por más jodida e incongruente que esté la cosa (en la mayoría de los casos, gracias a malísimos curas), está claro que el ateísmo o el indiferentismo en buena parte del mundo no va. Y es que en el fondo, no dejan de ser pueblos más pujantes, empezando por la demografía; aunque el urbanismo al final lo acaba pudriendo todo.

-Con respecto al "fenómeno Podemos" de Pablo Iglesias y compañía, veo que los que dicen oponerse no expresan más que simplicidades y bulos, y que la prensa de derecha es la que más publicidad le sigue dando. Por desgracia, veo que Podemos va a avanzar más por los que dicen ser sus enemigos que por sus partidarios. Y es que cada vez hay menos cabeza, menos capacidad de reacción; y sin embargo, todo el mundo se cree un sabio; patología que emplean muchos cuando están en el extranjero, haciéndonos quedar mal. Con todo, los de Podemos no son tontos, y en Lima se reunieron en una de las cafeterías más pijas de la ciudad. Si es que entre unos y otros...

-Al lado de Iberia, Lan es una compañía de puta madre. Los asientos parecen algo más amplios y cada cual tiene su pantalla y varias opciones para ver series, películas o documentales. En cambio en Iberia los asientos parecen cada vez más chicos, y no hay pantallitas individuales. La comida es cada vez peor, y las azafatas parecen cada vez más antipáticas. No sé si será reflejo del amargor que vive parte de la sociedad española, que ciertamente cobra menos para trabajar más; pero ahora que lo pienso, tal vez tenga mucho que ver.

-Y bueno, una de cal y otra de arena continuamente. Me he recorrido mi pueblo de cabo a rabo, he bicheado Sevilla, he estado de nuevo en el Algarve, pernoctando en Punta Umbría... En fin, del suroeste peninsular no he salido. Y lo que digo de España, también lo digo de Portugal, de ese Portugal que nunca me ha hecho sentir extraño; de ese Portugal que conozco mejor que algunas regiones del otro lado. Y con todo, lo que más me ha pesado es ir sin mi mujer, pues con todo lo que supone la felicidad del reencuentro, siempre ha estado este vacío que se ha subsanado al llegar de nuevo a Lima; siendo que me parece que estoy en unas vacaciones de verano o algo así. Ya digo, esto de pasar de verano a invierno y tiro porque me toca no se lleva con mucho orden...

¿En el futuro? Pues me gustaría ir a España cada año, o al menos intentarlo. Eso por mi parte. Por mi país, la verdad es que o cogemos el toro por los cuernos o iremos cayendo como un enfermo terminal, y cayendo a la par que esa Europa que por lo visto nos iba a traer el paraíso en la tierra. Pero es muy difícil desengañarse de una falsa ilusión a la que nos arrastró una generación tan manipulada como miope; y más difícil será un futuro de gente preparada fuera y de ni-nis, pagas, drogas y tranquilizantes dentro; en un país donde, empero, todavía por lo menos asoma algo la espiritualidad, aun con brutales incoherencias... (pero todavía hay algo, al contrario que en el centro y el norte del continente, donde ya no queda nada de nada); en un país donde la fuerza política y militar ya no existe; y en un país que, por más que me haga enfadar, siempre será el mío, siempre me explicará de donde vengo; siempre me cerciorará de que no siempre fue así la cosa y siempre me hará sentir en el abrazo de la familia y de las hospitalarias amistades el calor del hogar y el nervio de la sangre.



En fin, son muchas sensaciones en poco tiempo. Todavía he de digerir muchas paradojas, muchos agridulces, muchas euforias y muchas tristezas. Aunque no es la primera, podría decir que esta ha sido mi gran revisita. Probablemente, las otras no serán iguales; pero acaso ésta siempre será un referente.

Ya estoy echando de menos a los míos, pero ya estoy al lado de mi señora. Y adelante, a hacer lo que se deba, siendo lo que Dios quiera. Read the rest of this entry »

ESPAÑA REVISITADA


-Parece que no, pero dos años es mucho tiempo. No en vano, yo me he llevado 30 años sin salir de casa como quien dice, y como otros tantos miles de españoles que padecemos esta oscura época, sin trabajo ni expectativas, no tuve más remedio que coger los bártulos; y me fui bastante lejos, y de un pueblo chico, pasé a una ciudad de diez millones de habitantes. No hace mucho contaba ciertas impresiones acerca de mi estadía en este país: DOS AÑOS EN EL PERÚ. Y bueno, esa cifra de dos años vuelve, pero de una manera distinta.

Como decía al principio, dos años es mucho tiempo. Apenas llevando un año en el Perú tuve la oportunidad de revisitar mi tierra, pero sólo una semana. Empero, cuando arribé allá, fue diferente, pues pasado un año, parecía como si en verdad no me hubiera ido nunca de allí. Cuando vi la cochera, el patio, mi cuarto... Era como si nunca me hubiera marchado; todo estaba prácticamente igual. Eso con un año. Pero con dos años, ya no es lo mismo. Además, han sido dos años muy intensos, muy cargados de cosas, tanto buenas como malas; como todo en la vida. Pero bueno, lo que quiero decir es que no han sido dos años desapercibidos. Y claro, con mi carácter embadurnado de ansiedad, las cosas se van magnificando, pues no en vano uno cuando está lejos de su patria también tiende a magnificarla, especialmente a través de la selección de los recuerdos, los cuales, en muchos casos, se desordenan y van y vienen con una claridad que luego parece apagarse cuando desembarca uno en la tierra que le vio nacer y crecer. Es muy raro y es muy difícil de explicar y de entender, pero es así.

Cuando llegué al aeropuerto, al primero que apenas entreví luego de recoger la maleta fue a mi cuñado, mas, ipso facto, mi madre fue a abrazarme, prorrumpiendo en lógico llanto. A veces imagino como humorada que cualquiera que pasara por allí pensaría que se había muerto alguien. Yo estaba tan agotado por un vuelo de doce horas y pico; luego de pasar la noche en Madrid en casa de un buen amigo (al que mucho debo), y luego de cuarenta minutos para Sevilla, que no tenía mucho cuerpo para emociones, pues siempre que viajo de América a Europa es cuando mi cuerpo se resiente más, no pasando exactamente lo mismo al revés. No sé a qué se deberá concretamente, pero ya he escuchado algunos casos similares. Y bueno, cuando acabó el no muy dilatado trayecto que separa el aeropuerto de San Pablo de mi pueblo, y llegué a casa, y me senté en uno de los cuartos de abajo, divisando el patio; ahí ya me di cuenta de la larga distancia que había notado, y me eché a llorar como un niño. Sí, porque ya no me parecía que yo nunca me hubiera ido de allí... Ya noté, definitivamente, un tiempo y un cambio grande. Y en la idealización inevitable de la emigración, el notar estas cosas te echa la sensibilidad por los suelos. Pero bueno, supongo que es normal.

Con todo, después de estar un par de días medio averiado, comenzó una frenética agenda que me ha tenido más apretado que el miembro viril de un torero. Aunque casi no se me han quedado cosas pendientes, la verdad es que no he parado, y ha sido un gusto pasear por las calles del pueblo y ver la afluencia de amigos y familiares, de paisanos al fin y al cabo, y de sus deferencias para conmigo. No tengo palabras. Nunca puedo decir que en mi tierra me siento solo. Después de tanto tiempo, el poder disfrutar ahora de casi tres semanas y de un lado para otro ha sido toda una catarsis.

Empero, siempre que alguien vuelve a la patria, como somos tantos los emigrados, pues se piden referencias. Yo también las he pedido a los amigos cuando han ido. Haciendo un breve resumen, puedo sacar las siguientes conclusiones.

-Sevilla me ha parecido una auténtica maravilla. Hacía tres años que no la veía, pues la primera vez que regresé, no me dio lugar a nada. Y la he visto más bonita que nunca. Con razón se habla tan bien de ella. Cuando uno está allí, por más que guste, no alcanza a comprender los significados halagüeños de muchos de sus rincones. Encontrarse con Sevilla en Navidad es comprender de golpe y porrazo por qué fue la capital cultural y económica de las Españas durante casi tres siglos como puerto y puerta de las Indias. La majestuosidad de la catedral, los detalles de sus callejuelas, el encanto de sus plazas, la habilidad de sus azulejos, el olor de las castañas asadas, el viento de sus naranjos, la profusión comercial, la historia respirando por poros mudéjares, góticos, renacentistas o barrocos... Un paseo es sencillamente un deleite. ¡Qué ciudad más bonita! Todo lo que se diga es poco. No he tenido el tiempo que quisiera para embriagarme en condiciones en sus profundidades, pero qué regusto más bueno me ha dejado.

Y si Sevilla me ha parecido maravillosa, mejor ni hablar de cómo he visto el paisaje del Aljarafe, y más cuando ya casi se cruza con Doñana. El volver al sentir el campo como realidad próxima y no de excursión; el pasear y el sentir el viento, los naranjos, los olivos, los pinos de cerca... Eso no tiene precio. Parece que se le pone a uno mejor cutis y todo. Y es que, amén de países muy diferentes, estamos ante dos mundos, y yo no dejo de sufrir el cambio de pueblo a ciudad, con todo lo que ello conlleva.

Apenas me ha dado tiempo a degustar Madrid, aunque ya me advirtió del frío ibérico que tanto anhelaba; y esa es otra, al cambio de horario y de dieta (en España comemos con muchas más grasas por mor de más embutidos y lácteos, y aparte, cocinamos con aceite de oliva) se añade el cambio de estación.

Con todo, si bien uno ya encuentra muchísimos productos españoles en Lima, y de manera fácil, cosas como el puchero o la pringá de una madre no se degustan todos los días...

-A decir verdad, hablando en la generalidad del país, no he visto grandes cambios. Todo sigue más o menos igual. Bastante desesperanza, las mismas conversaciones, pocas expectativas... Pero eso sí, todo como más lánguido o más triste. O más aburrido. Probablemente recuerdo mejor las Navidades cuando niño que cuando grande, pero había más gente por la calle. En Sevilla eso más o menos lo veo igual, pero en el pueblo, ni de coña. Todo está como más mustio, como más desabrido. La gente cada vez es más desconfiada, y con razón. La emigración es un tema de conversación muy habitual, pues rara es la familia que no tiene algún vástago por ahí. La televisión sigue de mal en peor; de verdad, qué cosa más insufrible... Entre las tertulias politiqueras, los cotilleos y el Madrid y el Barcelona, el asco campea.

Ahora bien: Lo que sí me he dado cuenta más y mejor es que las cifras que hay sobre el paro en España son engañosas: Vamos, que las cifras/estadísticas oficiales no se corresponden con la realidad social. Ojo: No digo que en España no haya gente que lo esté pasando mal, y desde luego, no digo que sobre el trabajo. Que yo me las vi venir ya en el 2010, y en el 2011 me tuve que ir por patas. Así que conozco el fenómeno por mí mismo, y también por muchos compatriotas a los que he conocido en la otra punta del mundo. Pero si de verdad hubiera un 26% de paro, aquello sería Uganda, y de verdad habría una guerra brutal; y no hay eso. Y no lo hay porque la economía sumergida es un pozo que parece carecer de fondo; no lo hay porque hay un repunte del contrabando y de los bajos fondos (véase la prostitución); y no lo hay porque hay muchísima gente que no hace nada y vive o bien de paguitas que ha conseguido por métodos poco claros o bien por paguitas de familiares. Sí, porque España es un país de tradición muy familiera, clánica en algunas zonas (como Galicia), y eso, aun a pesar del progresismo impuesto artificialmente, sale a relucir en los momentos de dificultad. Y es que con el progresismo ni se vive ni se come. Y de hecho, si tenemos turismo, es por las obras de nuestros antepasados, porque las obras actuales no dan para nada. Y el turismo y la hostelería son nuestras únicas fuentes de ingreso, habida cuenta del destrozo especulador de la construcción. Y por eso todavía se ve movimiento en las calles, y gente entrando y saliendo de los negocios.

Así las cosas, veo tres opciones:

1) Seguir en este plan, hasta que la vaca no dé más leche y todas las subvenciones y demás mamoneos se acaben, pegando el lógico reventón.

2) "Confiar" en algo que no va a pasar, y es volver al "statu quo" del aznarismo. Y digo que no va a pasar porque estamos con una economía que va de culo, cuesta abajo y sin frenos, y a las puertas de una confrontación mundial. Esa ficción de la construcción/especulación/turismo no fue más que un pasatiempo. En cualquier caso, el 2) acabará como el 1).

3) Oponernos realmente y buscar una alternativa válida, cimentada en la tradición y la justicia social, identificando no sólo a este régimen como enemigo, que por supuesto, sino a toda la Europa occidental que nos empapa y contagia, y que en verdad, está todavía peor que nosotros.

Yo abogo por la tercera opción, naturalmente; conscientes de las enormes dificultades que este mundo globalizado atañe, y consciente también de que la práctica suele tener cosillas feas que el romanticismo de ciertas teorías dizque infalibles. Sin embargo, no veo que el personal esté muy por la labor, y los que en teoría deberían liderar esa alternativa son los peores. No quisiera ser tan pesimista, pero es que tiene mandanga el asunto...

Empero, yo creo que, como dijo Vázquez de Mella, todavía no se ha extinguido la raza; y a pesar de nuestras horas tan bajas, bien dirigidos, podríamos dar que hablar para bien y forjar un renacimiento. Todavía veo "algo", aunque no lo sepa definir muy bien. Pero eso, falta dirección, disciplina y sentido común; y sobran orgullos, soberbias, infantilismos, histerismos, irrealismos, egoísmos... Que se dice pronto.

No es sólo un "cambio político"; es un cambio más profundo el que necesitamos, y ello implica muchos traumas. Traumas que no veo que estemos dispuestos a afrontar, por desgracia.


-Con respecto a que la cosa va a mejor, yo la verdad es que no lo veo. Puede ser que haya datos macroeconómicos y tal, pero reitero que esos datos son siempre engañosos. Si algo le ha dado vidilla a nuestra maltrecha economía ha sido el oxígeno que nos han dado para con Hispanoamérica, pero eso se traduce a través de grandes empresas, siendo que el trabajador español está cada vez más puteado y que la emigración, como digo, no sólo esté en la conversación de cada familia, sino que se vea como un porvenir más agradable.

Si se tuviera vista, se intentaría cambiar la geopolítica española, primero hacia Hispanoamérica, y luego hacia el Este. Sería lo justo y lo necesario, aun con las dificultades que pueda acarrear, frente a una Unión Europea cada vez más inoperante y autodestructiva; la misma que ha estado no sé cuántos años llamando a los moros y ahora nos pretende asustar con éstos... ¿Pero quién los entiende?

-España es un país que parece muy atractivo cuando uno va de vacaciones. Lo cierto es que como me dicen algunos amigos peruanos que vivieron crisis brutales en su país como la de los años 80, en España todavía no se ha tocado fondo. Yo fui a un estadio de fútbol (invitado; naturalmente, no pienso gastarme un duro en eso; aunque reconozco que casi me conmovió reencontrarme con el ambientillo futbolero del Sánchez-Pizjuán que no dejo de añorar) y no estaba vacío, ni vacías están las cafeterías o los bares, por mucho que la gente consuma menos. Y esto, a personas que vienen de países en vía de desarrollo (utilizando terminologías oficiales), les llama mucho la atención y no llegan a entender que así haya crisis que valga.

La corrupción política hastía, pero el común de la gente no es mucho mejor que la pseudo-élite que nos lleva al abismo. Esa es la triste realidad. Seguimos creyendo que el ladrón es un listo y que el hombre honrado es un "pringao", y así no vamos a ninguna parte. Para nada será la queja en la estufa o en el bar si actitudes tan básicas no cambian. Y en ese cambio de actitudes entra el retorno a la humildad, al sacrificio, a la valentía, a la lucha... Tal y como era buena parte de la raza ibérica antes de mayo del 68.

Y es que con esto de la corrupción doméstica, mucha gente sigue haciendo chapuzas en negro, pero justo es reconocer que con unos impuestos cada vez más abusivos, no hay muchas alternativas, y al final, el círculo vicioso se convierte en cotidiano, creando un mundo paralelo.

-Definitivamente, me convenzo de que la gente del "Tercer Mundo" tiene más los pies en la tierra que en el "Primer Mundo"; que probablemente "viva mejor", pero no deja de vivir en una ficción que ya casi no se cree nadie. Incluso en lo que son las "ideologías", estar en este continente me ha ayudado a comprender muchas cosas, tanto de la política como de la cotidianidad, que en la Europa occidental son imposibles de colegir por mor de tanta virtualidad. Y en la cuestión espiritual, más de lo mismo. Por más jodida e incongruente que esté la cosa (en la mayoría de los casos, gracias a malísimos curas), está claro que el ateísmo o el indiferentismo en buena parte del mundo no va. Y es que en el fondo, no dejan de ser pueblos más pujantes, empezando por la demografía; aunque el urbanismo al final lo acaba pudriendo todo.

-Con respecto al "fenómeno Podemos" de Pablo Iglesias y compañía, veo que los que dicen oponerse no expresan más que simplicidades y bulos, y que la prensa de derecha es la que más publicidad le sigue dando. Por desgracia, veo que Podemos va a avanzar más por los que dicen ser sus enemigos que por sus partidarios. Y es que cada vez hay menos cabeza, menos capacidad de reacción; y sin embargo, todo el mundo se cree un sabio; patología que emplean muchos cuando están en el extranjero, haciéndonos quedar mal. Con todo, los de Podemos no son tontos, y en Lima se reunieron en una de las cafeterías más pijas de la ciudad. Si es que entre unos y otros...

-Al lado de Iberia, Lan es una compañía de puta madre. Los asientos parecen algo más amplios y cada cual tiene su pantalla y varias opciones para ver series, películas o documentales. En cambio en Iberia los asientos parecen cada vez más chicos, y no hay pantallitas individuales. La comida es cada vez peor, y las azafatas parecen cada vez más antipáticas. No sé si será reflejo del amargor que vive parte de la sociedad española, que ciertamente cobra menos para trabajar más; pero ahora que lo pienso, tal vez tenga mucho que ver.

-Y bueno, una de cal y otra de arena continuamente. Me he recorrido mi pueblo de cabo a rabo, he bicheado Sevilla, he estado de nuevo en el Algarve, pernoctando en Punta Umbría... En fin, del suroeste peninsular no he salido. Y lo que digo de España, también lo digo de Portugal, de ese Portugal que nunca me ha hecho sentir extraño; de ese Portugal que conozco mejor que algunas regiones del otro lado. Y con todo, lo que más me ha pesado es ir sin mi mujer, pues con todo lo que supone la felicidad del reencuentro, siempre ha estado este vacío que se ha subsanado al llegar de nuevo a Lima; siendo que me parece que estoy en unas vacaciones de verano o algo así. Ya digo, esto de pasar de verano a invierno y tiro porque me toca no se lleva con mucho orden...

¿En el futuro? Pues me gustaría ir a España cada año, o al menos intentarlo. Eso por mi parte. Por mi país, la verdad es que o cogemos el toro por los cuernos o iremos cayendo como un enfermo terminal, y cayendo a la par que esa Europa que por lo visto nos iba a traer el paraíso en la tierra. Pero es muy difícil desengañarse de una falsa ilusión a la que nos arrastró una generación tan manipulada como miope; y más difícil será un futuro de gente preparada fuera y de ni-nis, pagas, drogas y tranquilizantes dentro; en un país donde, empero, todavía por lo menos asoma algo la espiritualidad, aun con brutales incoherencias... (pero todavía hay algo, al contrario que en el centro y el norte del continente, donde ya no queda nada de nada); en un país donde la fuerza política y militar ya no existe; y en un país que, por más que me haga enfadar, siempre será el mío, siempre me explicará de donde vengo; siempre me cerciorará de que no siempre fue así la cosa y siempre me hará sentir en el abrazo de la familia y de las hospitalarias amistades el calor del hogar y el nervio de la sangre.



En fin, son muchas sensaciones en poco tiempo. Todavía he de digerir muchas paradojas, muchos agridulces, muchas euforias y muchas tristezas. Aunque no es la primera, podría decir que esta ha sido mi gran revisita. Probablemente, las otras no serán iguales; pero acaso ésta siempre será un referente.

Ya estoy echando de menos a los míos, pero ya estoy al lado de mi señora. Y adelante, a hacer lo que se deba, siendo lo que Dios quiera. Read the rest of this entry »

"POLÍTICA PARA LA NACIONALIDAD ESPAÑOLA" – "RAIGAMBRE"


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"AGOSTO 1914", DE ALEXANDER SOLZHENITSYN

Imagen de alcana.es



De nuevo con el genio ruso, con el gran profeta del siglo XX, con uno de los intelectuales que más me ha influido, sino el que más. Y es que de casualidad, como pasa tantas otras veces en la vida, paseando por la feria del libro en el malecón de Miraflores, mi señora se dio cuenta de la existencia de esta obra en algún estante y por supuesto me apresté a comprarla, y muy pronto a leerla.

La novela, como muchas novelas de Solzhenitsyn en particular y rusas en general, es voluminosa: Más de seiscientas páginas. Concretamente en esta, se ve la influencia de Tolstoi, pero por el estilo, no por la filosofía ni nada que se le parezca.

En el contexto de la Primera Guerra Mundial, y más concretamente la batalla de Tannenberg, Solzhenitsyn forja una serie de historias paralelas de Rusia a Alemania que acaban convergiendo en lo mismo: El principio del fin de la Rusia zarista. En la novela aparecen estudiantes, cosacos, aldeanos, militares, tolstoyanos, socialdemócratas, anarquistas... Siendo que poco a poco uno se da cuenta del caldo de cultivo que encontró la Revolución en un ambiente confuso, donde las órdenes llegaban malamente, donde un ejército no sabía lo que hacía el otro, y donde ni el Gran Duque ni el zar sabían ya en quién confiar exactamente, puesto que las culpas siempre iban para los muertos; y donde otros, pocos pero fanatizados y bien financiados, iban sacando tajada.

Es curioso porque adopta técnicas modernas para su época, tales como pasar del formato novelístico al formato cinematográfico en un salto, aprovechando para señalar estilos como los recortes de prensa. Pero en modo alguno hace despistar al lector, porque al contrario que (por ejemplo) Mario Vargas Llosa, es bien constante.

Tal vez habrá quien, conociendo al autor, eche de menos más examen sociopolítico. Pero esta novela no es al caso. Es una mezcla de libro y película que a veces me hacía recordar a "Doctor Zhivago". Hasta el más neófito puede hacerse una idea fidedigna de cómo estaba el ambiente civil y militar en aquella época, donde aún estaba tan reciente la derrota en la guerra contra el Japón. Por eso, hay táctica militar, pero también hay sentimientos, exageraciones, discusiones, descripciones... Y toda la narración vertida a través de unos diálogos que juegan con las escenas y los tiempos. La acción y el drama, eso sí, a veces se hacen lentos, rebuscados; y para lectores impacientes como yo, pierde un poco de latencia en ese instante. Sin embargo al final se comprende mejor la gran armazón que Solzhenitsyn usó para hacer toda una serie de libros donde él fue al principio, a la esencia, a las causas y las consecuencias; algo siempre presente en la tradición literaria y moralista rusa.

Una lectura concienzuda, que ha llevado su tiempo, y no obstante, que ha despertado todavía más mi curiosidad por Solzhenitsyn en particular y los escritores rusos en general. Cada "x" tiempo tengo que leer a Solzhenitsyn, porque leer a Solzhenitsyn es comprender, y es trazar un paralelismo entre las Españas y las Rusias que ya estoy empezando a desarrollar en serio. Pronto se verá...

Con todo, termino mi año literario con Solzhenitsyn y lo comienzo con Valle-Inclán. Ya les contaré...










mis referencias literarias: alexander solzhenitsyn - antonio moreno





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"AGOSTO 1914", DE ALEXANDER SOLZHENITSYN

Imagen de alcana.es



De nuevo con el genio ruso, con el gran profeta del siglo XX, con uno de los intelectuales que más me ha influido, sino el que más. Y es que de casualidad, como pasa tantas otras veces en la vida, paseando por la feria del libro en el malecón de Miraflores, mi señora se dio cuenta de la existencia de esta obra en algún estante y por supuesto me apresté a comprarla, y muy pronto a leerla.

La novela, como muchas novelas de Solzhenitsyn en particular y rusas en general, es voluminosa: Más de seiscientas páginas. Concretamente en esta, se ve la influencia de Tolstoi, pero por el estilo, no por la filosofía ni nada que se le parezca.

En el contexto de la Primera Guerra Mundial, y más concretamente la batalla de Tannenberg, Solzhenitsyn forja una serie de historias paralelas de Rusia a Alemania que acaban convergiendo en lo mismo: El principio del fin de la Rusia zarista. En la novela aparecen estudiantes, cosacos, aldeanos, militares, tolstoyanos, socialdemócratas, anarquistas... Siendo que poco a poco uno se da cuenta del caldo de cultivo que encontró la Revolución en un ambiente confuso, donde las órdenes llegaban malamente, donde un ejército no sabía lo que hacía el otro, y donde ni el Gran Duque ni el zar sabían ya en quién confiar exactamente, puesto que las culpas siempre iban para los muertos; y donde otros, pocos pero fanatizados y bien financiados, iban sacando tajada.

Es curioso porque adopta técnicas modernas para su época, tales como pasar del formato novelístico al formato cinematográfico en un salto, aprovechando para señalar estilos como los recortes de prensa. Pero en modo alguno hace despistar al lector, porque al contrario que (por ejemplo) Mario Vargas Llosa, es bien constante.

Tal vez habrá quien, conociendo al autor, eche de menos más examen sociopolítico. Pero esta novela no es al caso. Es una mezcla de libro y película que a veces me hacía recordar a "Doctor Zhivago". Hasta el más neófito puede hacerse una idea fidedigna de cómo estaba el ambiente civil y militar en aquella época, donde aún estaba tan reciente la derrota en la guerra contra el Japón. Por eso, hay táctica militar, pero también hay sentimientos, exageraciones, discusiones, descripciones... Y toda la narración vertida a través de unos diálogos que juegan con las escenas y los tiempos. La acción y el drama, eso sí, a veces se hacen lentos, rebuscados; y para lectores impacientes como yo, pierde un poco de latencia en ese instante. Sin embargo al final se comprende mejor la gran armazón que Solzhenitsyn usó para hacer toda una serie de libros donde él fue al principio, a la esencia, a las causas y las consecuencias; algo siempre presente en la tradición literaria y moralista rusa.

Una lectura concienzuda, que ha llevado su tiempo, y no obstante, que ha despertado todavía más mi curiosidad por Solzhenitsyn en particular y los escritores rusos en general. Cada "x" tiempo tengo que leer a Solzhenitsyn, porque leer a Solzhenitsyn es comprender, y es trazar un paralelismo entre las Españas y las Rusias que ya estoy empezando a desarrollar en serio. Pronto se verá...

Con todo, termino mi año literario con Solzhenitsyn y lo comienzo con Valle-Inclán. Ya les contaré...










mis referencias literarias: alexander solzhenitsyn - antonio moreno





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PORTAL DE BELÉN

Imagen de www.worldaccordingtomaggie.com


"El Libertador del mundo levanta su trono en un pe­sebre para darnos ejemplo de humildad, y nace pobre, y sin abrigo, como si quisiese demostrar a los hombres y a las sociedades redimidas y regeneradas por Él, que la civilización que brota de su doctrina como magnífico rau­dal ha de tener, como caracteres indelebles, no la inde­pendencia racionalista, sino la sumisión y obediencia, y ha de colocar la virtud sobre la riqueza, y los progresos morales sobre los materiales, uniendo con el brazo de la caridad a los débiles con los poderosos.

Los Reyes Magos, guiados por celeste luz, van a pos­trarse ante la cuna del Dios Hombre como ejemplo del deber que tienen todas las potestades de rendirse ante la suya, y como muestra de la obligación que pesa sobre los reyes de hincar la rodilla y ofrecer la corona al que da y quita los reinos, y juzga las justicias de los hombres.

En el portal de Belén comienza aquella frontera que termina en el Calvario y que separa perpetuamente dos mundos."

Juan Vazquez de Mella Read the rest of this entry »