Autores en Club de poesía

DE CINE: "PALOMA DE PAPEL", DE FABRIZIO AGUILAR

Imagen de www.deperu.com


-Terminando estas pequeñas vacaciones, no quería acabar el mes de julio sin reseñar esta película peruana del año 2003, con un Sergio Galliani bastante más delgado. Y es una película muy interesante, puesto que trata de un tema que hoy en día parece olvidado, cuando en verdad se trata de un pasado muy presente. En los años 80, países como Colombia y Perú lo pasaron especialmente mal por cuestiones parecidas: Inflación, capitalismo salvaje, narcotráfico, terrorismo comunista. Todo junto y revuelto. No sé yo si fue peor en Perú o en Colombia, pero por ahí fueron. Y recordemos que todavía en Colombia y en Perú colean secuelas muy vivas de aquellas brutalidades, hoy tragicómicamente transformadas en narcoterrorismo.

"Paloma de papel", si bien rodada en Huaraz (¡qué buenos recuerdos de aquel espectacular paisaje!), se centra como si estuviera en la sierra de Huamanga, a dos fuegos entre la corrupción de algunos militares y la brutalidad terrorista de Sendero Luminoso, los mismos que hablaban del "pueblo" cuando verdad ese pueblo fue su principal víctima. Una suerte de malos entendidos lleva a un niño serrano a ser secuestrado por Sendero Luminoso, junto con otros niños, como futura arma terrorista. El niño logra escapar y dentro de un ambiente enrarecido y crispado, ve que no tiene ya sitio en ningún lado. Buena parte del Perú se llevó años y años sin saber qué pasaba realmente, rodeados entre varios fuegos. Y a los años, los herederos de Sendero Luminoso y el MRTA, aquellas bestias que secuestraban niños que entrenaban para cometer sus terribles atentados, vienen reclamando "derechos"... Pero eso sí, también hay quien entró en la cárcel por equivocación. Hubo de todo. Y en la película creo que se expresa bastante bien. Otra cosa es la realidad, donde unos y otros juegan sus bazas y casi nunca mirando en el interés general y en la verdad.

En fin, una película que mantiene una estructura simple pero intensa, con unos fotogramas conseguidos, y con un dolor muy bien expresado en imágenes impactantes. Ha valido la pena verla. Y valdrá la pena ver otras al respecto, para no perder la memoria. Read the rest of this entry »

DE CINE: "PALOMA DE PAPEL", DE FABRIZIO AGUILAR

Imagen de www.deperu.com


-Terminando estas pequeñas vacaciones, no quería acabar el mes de julio sin reseñar esta película peruana del año 2003, con un Sergio Galliani bastante más delgado. Y es una película muy interesante, puesto que trata de un tema que hoy en día parece olvidado, cuando en verdad se trata de un pasado muy presente. En los años 80, países como Colombia y Perú lo pasaron especialmente mal por cuestiones parecidas: Inflación, capitalismo salvaje, narcotráfico, terrorismo comunista. Todo junto y revuelto. No sé yo si fue peor en Perú o en Colombia, pero por ahí fueron. Y recordemos que todavía en Colombia y en Perú colean secuelas muy vivas de aquellas brutalidades, hoy tragicómicamente transformadas en narcoterrorismo.

"Paloma de papel", si bien rodada en Huaraz (¡qué buenos recuerdos de aquel espectacular paisaje!), se centra como si estuviera en la sierra de Huamanga, a dos fuegos entre la corrupción de algunos militares y la brutalidad terrorista de Sendero Luminoso, los mismos que hablaban del "pueblo" cuando verdad ese pueblo fue su principal víctima. Una suerte de malos entendidos lleva a un niño serrano a ser secuestrado por Sendero Luminoso, junto con otros niños, como futura arma terrorista. El niño logra escapar y dentro de un ambiente enrarecido y crispado, ve que no tiene ya sitio en ningún lado. Buena parte del Perú se llevó años y años sin saber qué pasaba realmente, rodeados entre varios fuegos. Y a los años, los herederos de Sendero Luminoso y el MRTA, aquellas bestias que secuestraban niños que entrenaban para cometer sus terribles atentados, vienen reclamando "derechos"... Pero eso sí, también hay quien entró en la cárcel por equivocación. Hubo de todo. Y en la película creo que se expresa bastante bien. Otra cosa es la realidad, donde unos y otros juegan sus bazas y casi nunca mirando en el interés general y en la verdad.

En fin, una película que mantiene una estructura simple pero intensa, con unos fotogramas conseguidos, y con un dolor muy bien expresado en imágenes impactantes. Ha valido la pena verla. Y valdrá la pena ver otras al respecto, para no perder la memoria. Read the rest of this entry »

"DE VASCONIA A ANDALUCÍA" – "MUNDIUM"

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EN EL DÍA DE SANTIAGO

Imagen de yladah.wordpress.com


A estas horas, en mi tierra, ya es 25 de julio, un día muy especial para mí.

En mi memoria familiar, tal día como hoy hace 107 años nació mi muy querida y añorada abuela paterna QEPD; mi abuela Pepa, que tuvo la enorme suerte de nacer el día de Santiago, patrón de las Españas. Un día que, especialmente desde el siglo XVII, nos une a todos los españoles, de norte a sur. En mi pueblo, así como en toda la comarca del Aljarafe, es una de las máximas fiestas. La cruz de Santiago está presente en muchos escudos, tanto cofrades como municipales, a lo largo y ancho de la Piel de Toro e islas adyacentes. Sin embargo, tanto el actual estado ex-pañol como la Xunta de Fragalicia, acordaron que el día de Santiago era el "día de Galicia"; no sabemos, eso sí, si en base a algún hecho celta-diferencial o algo así. Y de hecho, así lo promociona la Ex-paña oficial en el exterior, como el "día de Galicia"... Igual que el PNV promociona el Domingo de Resurrección como su Aberri Eguna... ¡Eso es panteísmo y lo demás son tonterías!

Que no tengo nada en contra de los gallegos es bien sabido, al contrario, soy un gallegófilo irredento, y por eso sé que a los gallegos de bien esto les parece ridículo. Y es que en mi pueblo hay tanta fiesta o más que en Compostela en este señalado día; un día que nos une, no nos separa, por más que los "cabrones políticos" (recordando lo que dijo Paco de Lucía poco antes de morir) nos utilicen para desunirnos. El régimen del 78 enseña a los niños a odiar a España, cada región tiene un mito nacionalista diferencial contra la patria común; pero al final, el espíritu, la tradición y la cultura acabarán prevaleciendo.

Así las cosas, ¡feliz día de Santiago! ¡Santiago y cierra España!

Y valgan estos versos de Lorca, aquel al que reivindican algunos politiqueros que, aparte de que no lo han leído, se pasan por el forro el criterio de su propia familia:



"Santiago

[Poema: Texto completo.]

Federico García Lorca

(Balada ingenua)


Esta noche ha pasado Santiago
su camino de luz en el cielo.
Lo comentan los niños jugando
con el agua de un cauce sereno.

¿Dónde va el peregrino celeste
por el claro infinito sendero?
Va a la aurora que brilla en el fondo
en caballo blanco como el hielo.

¡Niños chicos, cantad en el prado
horadando con risas al viento!

Dice un hombre que ha visto a Santiago
en tropel con doscientos guerreros;
iban todos cubiertos de luces,
con guirnaldas de verdes luceros,
y el caballo que monta Santiago
era un astro de brillos intensos.

Dice el hombre que cuenta la historia
que en la noche dormida se oyeron
tremolar plateado de alas
que en sus ondas llevóse el silencio.

¿Qué sería que el río paróse?
Eran ángeles los caballeros.

¡Niños chicos, cantad en el prado.
horadando con risas al viento!

Es la noche de luna menguante.
¡Escuchad! ¿Qué se siente en el cielo,
que los grillos refuerzan sus cuerdas
y dan voces los perros vegueros?

Madre abuela, ¿cuál es el camino,
madre abuela, que yo no lo veo?

Mira bien y verás una cinta
de polvillo harinoso y espeso,
un borrón que parece de plata
o de nácar. ¿Lo ves?
Ya lo veo.

Madre abuela. ¿Dónde está Santiago?
Por allí marcha con su cortejo,
la cabeza llena de plumajes
y de perlas muy finas el cuerpo,
con la luna rendida a sus plantas,
con el sol escondido en el pecho.

Esta noche en la vega se escuchan
los relatos brumosos del cuento.

¡Niños chicos, cantad en el prado,
horadando con risas al viento!

Una vieja que vive muy pobre
en la parte más alta del pueblo,
que posee una rueca inservible,
una virgen y dos gatos negros,
mientras hace la ruda calceta
con sus secos y temblones dedos,
rodeada de buenas comadres
y de sucios chiquillos traviesos,
en la paz de la noche tranquila,
con las sierras perdidas en negro,
va contando con ritmos tardíos
la visión que ella tuvo en sus tiempos.

Ella vio en una noche lejana
como ésta, sin ruidos ni vientos,
el apóstol Santiago en persona,
peregrino en la tierra del cielo.

Y comadre, ¿cómo iba vestido?
le preguntan dos voces a un tiempo.

Con bordón de esmeraldas y perlas
y una túnica de terciopelo.

Cuando hubo pasado la puerta,
mis palomas sus alas tendieron,
y mi perro, que estaba dormido,
fue tras él sus pisadas lamiendo.
Era dulce el Apóstol divino,
más aún que la luna de enero.
A su paso dejó por la senda
un olor de azucena y de incienso.

Y comadre, ¿no le dijo nada?
la preguntan dos voces a un tiempo.

Al pasar me miró sonriente
y una estrella dejóme aquí dentro.

¿Dónde tienes guardada esa estrella?
la pregunta un chiquillo travieso.

¿Se ha apagado, dijéronle otros,
como cosa de un encantamiento?

No, hijos míos, la estrella relumbra,
que en el alma clavada 1a llevo.

¿Cómo son las estrellas aquí?
Hijo mío, igual que en el cielo.

Siga, siga la vieja comadre.
¿Dónde iba el glorioso viajero?

Se perdió por aquellas montañas
con mis blancas palomas y el perro.
Pero llena dejome la casa
de rosales y de jazmineros,
y las uvas verdes en la parra
maduraron, y mi troje lleno
encontré la siguiente mañana.
Todo obra del Apóstol bueno.

¡Grande suerte que tuvo, comadre!
sermonean dos voces a un tiempo.

Los chiquillos están ya dormidos
y los campos en hondo silencio.

¡Niños chicos, pensad en Santiago
por los turbios caminos del sueño!

¡Noche clara, finales de julio!
¡Ha pasado Santiago en el cielo!

La tristeza que tiene mi alma,
por el blanco camino la dejo,
para ver si la encuentran los niños
y en el agua la vayan hundiendo,
para ver si en la noche estrellada
a muy lejos la llevan los vientos." Read the rest of this entry »

EN EL DÍA DE SANTIAGO

Imagen de yladah.wordpress.com


A estas horas, en mi tierra, ya es 25 de julio, un día muy especial para mí.

En mi memoria familiar, tal día como hoy hace 107 años nació mi muy querida y añorada abuela paterna QEPD; mi abuela Pepa, que tuvo la enorme suerte de nacer el día de Santiago, patrón de las Españas. Un día que, especialmente desde el siglo XVII, nos une a todos los españoles, de norte a sur. En mi pueblo, así como en toda la comarca del Aljarafe, es una de las máximas fiestas. La cruz de Santiago está presente en muchos escudos, tanto cofrades como municipales, a lo largo y ancho de la Piel de Toro e islas adyacentes. Sin embargo, tanto el actual estado ex-pañol como la Xunta de Fragalicia, acordaron que el día de Santiago era el "día de Galicia"; no sabemos, eso sí, si en base a algún hecho celta-diferencial o algo así. Y de hecho, así lo promociona la Ex-paña oficial en el exterior, como el "día de Galicia"... Igual que el PNV promociona el Domingo de Resurrección como su Aberri Eguna... ¡Eso es panteísmo y lo demás son tonterías!

Que no tengo nada en contra de los gallegos es bien sabido, al contrario, soy un gallegófilo irredento, y por eso sé que a los gallegos de bien esto les parece ridículo. Y es que en mi pueblo hay tanta fiesta o más que en Compostela en este señalado día; un día que nos une, no nos separa, por más que los "cabrones políticos" (recordando lo que dijo Paco de Lucía poco antes de morir) nos utilicen para desunirnos. El régimen del 78 enseña a los niños a odiar a España, cada región tiene un mito nacionalista diferencial contra la patria común; pero al final, el espíritu, la tradición y la cultura acabarán prevaleciendo.

Así las cosas, ¡feliz día de Santiago! ¡Santiago y cierra España!

Y valgan estos versos de Lorca, aquel al que reivindican algunos politiqueros que, aparte de que no lo han leído, se pasan por el forro el criterio de su propia familia:



"Santiago

[Poema: Texto completo.]

Federico García Lorca

(Balada ingenua)


Esta noche ha pasado Santiago
su camino de luz en el cielo.
Lo comentan los niños jugando
con el agua de un cauce sereno.

¿Dónde va el peregrino celeste
por el claro infinito sendero?
Va a la aurora que brilla en el fondo
en caballo blanco como el hielo.

¡Niños chicos, cantad en el prado
horadando con risas al viento!

Dice un hombre que ha visto a Santiago
en tropel con doscientos guerreros;
iban todos cubiertos de luces,
con guirnaldas de verdes luceros,
y el caballo que monta Santiago
era un astro de brillos intensos.

Dice el hombre que cuenta la historia
que en la noche dormida se oyeron
tremolar plateado de alas
que en sus ondas llevóse el silencio.

¿Qué sería que el río paróse?
Eran ángeles los caballeros.

¡Niños chicos, cantad en el prado.
horadando con risas al viento!

Es la noche de luna menguante.
¡Escuchad! ¿Qué se siente en el cielo,
que los grillos refuerzan sus cuerdas
y dan voces los perros vegueros?

Madre abuela, ¿cuál es el camino,
madre abuela, que yo no lo veo?

Mira bien y verás una cinta
de polvillo harinoso y espeso,
un borrón que parece de plata
o de nácar. ¿Lo ves?
Ya lo veo.

Madre abuela. ¿Dónde está Santiago?
Por allí marcha con su cortejo,
la cabeza llena de plumajes
y de perlas muy finas el cuerpo,
con la luna rendida a sus plantas,
con el sol escondido en el pecho.

Esta noche en la vega se escuchan
los relatos brumosos del cuento.

¡Niños chicos, cantad en el prado,
horadando con risas al viento!

Una vieja que vive muy pobre
en la parte más alta del pueblo,
que posee una rueca inservible,
una virgen y dos gatos negros,
mientras hace la ruda calceta
con sus secos y temblones dedos,
rodeada de buenas comadres
y de sucios chiquillos traviesos,
en la paz de la noche tranquila,
con las sierras perdidas en negro,
va contando con ritmos tardíos
la visión que ella tuvo en sus tiempos.

Ella vio en una noche lejana
como ésta, sin ruidos ni vientos,
el apóstol Santiago en persona,
peregrino en la tierra del cielo.

Y comadre, ¿cómo iba vestido?
le preguntan dos voces a un tiempo.

Con bordón de esmeraldas y perlas
y una túnica de terciopelo.

Cuando hubo pasado la puerta,
mis palomas sus alas tendieron,
y mi perro, que estaba dormido,
fue tras él sus pisadas lamiendo.
Era dulce el Apóstol divino,
más aún que la luna de enero.
A su paso dejó por la senda
un olor de azucena y de incienso.

Y comadre, ¿no le dijo nada?
la preguntan dos voces a un tiempo.

Al pasar me miró sonriente
y una estrella dejóme aquí dentro.

¿Dónde tienes guardada esa estrella?
la pregunta un chiquillo travieso.

¿Se ha apagado, dijéronle otros,
como cosa de un encantamiento?

No, hijos míos, la estrella relumbra,
que en el alma clavada 1a llevo.

¿Cómo son las estrellas aquí?
Hijo mío, igual que en el cielo.

Siga, siga la vieja comadre.
¿Dónde iba el glorioso viajero?

Se perdió por aquellas montañas
con mis blancas palomas y el perro.
Pero llena dejome la casa
de rosales y de jazmineros,
y las uvas verdes en la parra
maduraron, y mi troje lleno
encontré la siguiente mañana.
Todo obra del Apóstol bueno.

¡Grande suerte que tuvo, comadre!
sermonean dos voces a un tiempo.

Los chiquillos están ya dormidos
y los campos en hondo silencio.

¡Niños chicos, pensad en Santiago
por los turbios caminos del sueño!

¡Noche clara, finales de julio!
¡Ha pasado Santiago en el cielo!

La tristeza que tiene mi alma,
por el blanco camino la dejo,
para ver si la encuentran los niños
y en el agua la vayan hundiendo,
para ver si en la noche estrellada
a muy lejos la llevan los vientos." Read the rest of this entry »

RIP ADELA PICHARDO


-Te nos vas Adela, siendo testigo de un siglo. ¡Y qué siglo!

Mis padres me venían avisando de hacía tiempo que estabas pachuchilla. No obstante, yo no les creía mucho, pues conociendo tu fuerte entereza, me imaginaba que esquivarías a la parca mucho tiempo más. Pero tú sabes mejor que yo que por más que el hombre proponga, al final Dios es el que dispone, y a Su voluntad te sometiste siempre.

Como vecina de la Plaza, de aquella esquina que se escora entre la plenitud de la calle Larga y que se asoma a la Corraleja y la Era, siempre te presentabas voluntaria para limpiar el sagrario y para cualquier actividad que significara el bien de nuestra parroquia de San Martín de Tours. Porque siempre te preocupase por la vida espiritual del pueblo, y con tu elegante coherencia de gran señora, piadosa, educada, caritativa y honrada, nos diste un bello y constante ejemplo a todos los que disfrutamos de tu presencia durante tantos años.

Fíjate que a lo tonto a lo tonto, ya llevo cuatro años en Perú, que se dice muy pronto. Y como dije años ha, me di cuenta del gran paso que había supuesto en mi vida al poco de que se nos fuera tu hija Pepi (*), con la que hablé poco antes de marcharme en el que fuera mi corral, ahora urbanización cuya calle lleva el nombre de una santa paisana.  Y es que no en vano, florida vocación de santidad siempre tuviste y transmitiste. Y la vida no tiene casualidades, sino hechos providenciales que muchas veces no sabemos o no queremos ver.

Adela: ¡Qué sola se nos está quedando la Plaza! Ahora que fui después de un par de años lo noté, porque hay que estar ausente para notar de verdad las cosas. Cuando yo era chico, desde la casa de José Escobar hasta la esquina era una rebumba de gente, que a su vez, se concentraba en verano huyendo del calor con otros vecinos de la calle Larga y alrededores. Ahora, un silencio que se agita con el viento del invierno, se viste de naranja en las tardes primaverales, enmudece con las lluvias otoñales y se sofoca con el rigurosísimo verano,  pregona que las ausencias van siendo demasiadas. Probablemente, en toda España se siente lo mismo. La gente sigue haciendo lo mismo y pensando lo mismo y muchos jóvenes nos vamos. Sólo Dios sabe lo que nos aguarda. Pero lo cierto es que por más lejos que esté uno, uno es lo que es y nunca puede ni debe negarse, porque eso es morir en vida, alejándose así la eternidad. La Plaza siempre será el centro de mi bollullero universo, y para eso no hace falta estar en Lima: Es estar en Sevilla y sólo pienso en cuándo voy a llegar a mi casa, o cuándo voy a ver a algún paisano para sentirme cerca.

Pero bueno, como te decía, Adela, has sido testigo de un siglo; una mujer de otra época. Cada tiempo tiene sus cosas, tanto buenas, como malas. Pero a este tiempo que nos ha tocado... Me gustaría no ser tan pesimista, ¡pero no me dejan! No es que cualquier tiempo pasado fuera mejor; pero no fue peor. Ahí está la clave. Y creo que tú, aun con otras palabras, podrías entenderlo mejor que nadie; porque a ciencia cierta demostraste la pasta de la que estuvo hecha aquella gente que tanto admiré, aquella gente que se me va y con la que siento como si fuera perdiendo la fuerza del íntimo y abigarrado cordón umbilical que me ayuda a luchar día a día. Porque al final, lo que quedan son las raíces. Y si los árboles se van pudriendo pero no hay raíces porque no se siembra, ¿qué nos va a quedar?

En fin, quede esa respuesta para la gente más nueva, que tu generación ya trabajó bastante. Ahora, en el calor de tu numerosa prole de hijos y nietos, recibe a través de ellos el calor de un pueblo que jamás te olvidará, como jamás te olvidaré yo. Ahora te reencontrarás con los tuyos. La muerte no es el final.

Descansa en paz, gran dama de noventa y cinco primaveras, querida vecina del alma. Mi más sentido pésame para los tuyos.





Requiem aeternam dona ei Domine.
Et lux perpetua luceat ei.
Requiescat in pace.
Amen.





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RIP ADELA PICHARDO


-Te nos vas Adela, siendo testigo de un siglo. ¡Y qué siglo!

Mis padres me venían avisando de hacía tiempo que estabas pachuchilla. No obstante, yo no les creía mucho, pues conociendo tu fuerte entereza, me imaginaba que esquivarías a la parca mucho tiempo más. Pero tú sabes mejor que yo que por más que el hombre proponga, al final Dios es el que dispone, y a Su voluntad te sometiste siempre.

Como vecina de la Plaza, de aquella esquina que se escora entre la plenitud de la calle Larga y que se asoma a la Corraleja y la Era, siempre te presentabas voluntaria para limpiar el sagrario y para cualquier actividad que significara el bien de nuestra parroquia de San Martín de Tours. Porque siempre te preocupase por la vida espiritual del pueblo, y con tu elegante coherencia de gran señora, piadosa, educada, caritativa y honrada, nos diste un bello y constante ejemplo a todos los que disfrutamos de tu presencia durante tantos años.

Fíjate que a lo tonto a lo tonto, ya llevo cuatro años en Perú, que se dice muy pronto. Y como dije años ha, me di cuenta del gran paso que había supuesto en mi vida al poco de que se nos fuera tu hija Pepi (*), con la que hablé poco antes de marcharme en el que fuera mi corral, ahora urbanización cuya calle lleva el nombre de una santa paisana.  Y es que no en vano, florida vocación de santidad siempre tuviste y transmitiste. Y la vida no tiene casualidades, sino hechos providenciales que muchas veces no sabemos o no queremos ver.

Adela: ¡Qué sola se nos está quedando la Plaza! Ahora que fui después de un par de años lo noté, porque hay que estar ausente para notar de verdad las cosas. Cuando yo era chico, desde la casa de José Escobar hasta la esquina era una rebumba de gente, que a su vez, se concentraba en verano huyendo del calor con otros vecinos de la calle Larga y alrededores. Ahora, un silencio que se agita con el viento del invierno, se viste de naranja en las tardes primaverales, enmudece con las lluvias otoñales y se sofoca con el rigurosísimo verano,  pregona que las ausencias van siendo demasiadas. Probablemente, en toda España se siente lo mismo. La gente sigue haciendo lo mismo y pensando lo mismo y muchos jóvenes nos vamos. Sólo Dios sabe lo que nos aguarda. Pero lo cierto es que por más lejos que esté uno, uno es lo que es y nunca puede ni debe negarse, porque eso es morir en vida, alejándose así la eternidad. La Plaza siempre será el centro de mi bollullero universo, y para eso no hace falta estar en Lima: Es estar en Sevilla y sólo pienso en cuándo voy a llegar a mi casa, o cuándo voy a ver a algún paisano para sentirme cerca.

Pero bueno, como te decía, Adela, has sido testigo de un siglo; una mujer de otra época. Cada tiempo tiene sus cosas, tanto buenas, como malas. Pero a este tiempo que nos ha tocado... Me gustaría no ser tan pesimista, ¡pero no me dejan! No es que cualquier tiempo pasado fuera mejor; pero no fue peor. Ahí está la clave. Y creo que tú, aun con otras palabras, podrías entenderlo mejor que nadie; porque a ciencia cierta demostraste la pasta de la que estuvo hecha aquella gente que tanto admiré, aquella gente que se me va y con la que siento como si fuera perdiendo la fuerza del íntimo y abigarrado cordón umbilical que me ayuda a luchar día a día. Porque al final, lo que quedan son las raíces. Y si los árboles se van pudriendo pero no hay raíces porque no se siembra, ¿qué nos va a quedar?

En fin, quede esa respuesta para la gente más nueva, que tu generación ya trabajó bastante. Ahora, en el calor de tu numerosa prole de hijos y nietos, recibe a través de ellos el calor de un pueblo que jamás te olvidará, como jamás te olvidaré yo. Ahora te reencontrarás con los tuyos. La muerte no es el final.

Descansa en paz, gran dama de noventa y cinco primaveras, querida vecina del alma. Mi más sentido pésame para los tuyos.





Requiem aeternam dona ei Domine.
Et lux perpetua luceat ei.
Requiescat in pace.
Amen.





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RIP ADELA PICHARDO


-Te nos vas Adela, siendo testigo de un siglo. ¡Y qué siglo!

Mis padres me venían avisando de hacía tiempo que estabas pachuchilla. No obstante, yo no les creía mucho, pues conociendo tu fuerte entereza, me imaginaba que esquivarías a la parca mucho tiempo más. Pero tú sabes mejor que yo que por más que el hombre proponga, al final Dios es el que dispone, y a Su voluntad te sometiste siempre.

Como vecina de la Plaza, de aquella esquina que se escora entre la plenitud de la calle Larga y que se asoma a la Corraleja y la Era, siempre te presentabas voluntaria para limpiar el sagrario y para cualquier actividad que significara el bien de nuestra parroquia de San Martín de Tours. Porque siempre te preocupase por la vida espiritual del pueblo, y con tu elegante coherencia de gran señora, piadosa, educada, caritativa y honrada, nos diste un bello y constante ejemplo a todos los que disfrutamos de tu presencia durante tantos años.

Fíjate que a lo tonto a lo tonto, ya llevo cuatro años en Perú, que se dice muy pronto. Y como dije años ha, me di cuenta del gran paso que había supuesto en mi vida al poco de que se nos fuera tu hija Pepi (*), con la que hablé poco antes de marcharme en el que fuera mi corral, ahora urbanización cuya calle lleva el nombre de una santa paisana.  Y es que no en vano, florida vocación de santidad siempre tuviste y transmitiste. Y la vida no tiene casualidades, sino hechos providenciales que muchas veces no sabemos o no queremos ver.

Adela: ¡Qué sola se nos está quedando la Plaza! Ahora que fui después de un par de años lo noté, porque hay que estar ausente para notar de verdad las cosas. Cuando yo era chico, desde la casa de José Escobar hasta la esquina era una rebumba de gente, que a su vez, se concentraba en verano huyendo del calor con otros vecinos de la calle Larga y alrededores. Ahora, un silencio que se agita con el viento del invierno, se viste de naranja en las tardes primaverales, enmudece con las lluvias otoñales y se sofoca con el rigurosísimo verano,  pregona que las ausencias van siendo demasiadas. Probablemente, en toda España se siente lo mismo. La gente sigue haciendo lo mismo y pensando lo mismo y muchos jóvenes nos vamos. Sólo Dios sabe lo que nos aguarda. Pero lo cierto es que por más lejos que esté uno, uno es lo que es y nunca puede ni debe negarse, porque eso es morir en vida, alejándose así la eternidad. La Plaza siempre será el centro de mi bollullero universo, y para eso no hace falta estar en Lima: Es estar en Sevilla y sólo pienso en cuándo voy a llegar a mi casa, o cuándo voy a ver a algún paisano para sentirme cerca.

Pero bueno, como te decía, Adela, has sido testigo de un siglo; una mujer de otra época. Cada tiempo tiene sus cosas, tanto buenas, como malas. Pero a este tiempo que nos ha tocado... Me gustaría no ser tan pesimista, ¡pero no me dejan! No es que cualquier tiempo pasado fuera mejor; pero no fue peor. Ahí está la clave. Y creo que tú, aun con otras palabras, podrías entenderlo mejor que nadie; porque a ciencia cierta demostraste la pasta de la que estuvo hecha aquella gente que tanto admiré, aquella gente que se me va y con la que siento como si fuera perdiendo la fuerza del íntimo y abigarrado cordón umbilical que me ayuda a luchar día a día. Porque al final, lo que quedan son las raíces. Y si los árboles se van pudriendo pero no hay raíces porque no se siembra, ¿qué nos va a quedar?

En fin, quede esa respuesta para la gente más nueva, que tu generación ya trabajó bastante. Ahora, en el calor de tu numerosa prole de hijos y nietos, recibe a través de ellos el calor de un pueblo que jamás te olvidará, como jamás te olvidaré yo. Ahora te reencontrarás con los tuyos. La muerte no es el final.

Descansa en paz, gran dama de noventa y cinco primaveras, querida vecina del alma. Mi más sentido pésame para los tuyos.





Requiem aeternam dona ei Domine.
Et lux perpetua luceat ei.
Requiescat in pace.
Amen.





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